Publicado 02/10/2020 07:22CET

COVID-19: Los anticuerpos del plasma donado disminuyen en los primeros meses después de aparecer los síntomas

Andalucía inicia un ensayo clínico para evaluar el tratamiento con plasma dde pacientes que han superado el Covid-19
Andalucía inicia un ensayo clínico para evaluar el tratamiento con plasma dde pacientes que han superado el Covid-19 - JUNTA DE ANDALUCÍA - Archivo

   MADRID, 2 Oct. (EUROPA PRESS) -

   Aunque todavía hay incertidumbre sobre los beneficios clínicos y el papel del plasma convaleciente para tratar la COVID-19, las nuevas investigaciones sugieren que cuanto antes se recoja el plasma después de que el donante se recupere de la COVID-19, mejor, ya que los anticuerpos empiezan a desaparecer después de tres meses de la aparición de los síntomas.

   Los resultados, que según los autores también pueden tener implicaciones para el diseño de la vacuna y para los estudios de prevalencia en las comunidades que intentan medir cuántas personas se han recuperado del virus, se publican en la revista 'Blood'.

   Cuando alguien está infectado con un virus, su cuerpo produce anticuerpos para combatir la infección. Después de la recuperación, los anticuerpos pueden permanecer en el plasma sanguíneo de una persona durante meses o incluso años. En el tratamiento con plasma de convalecencia, las personas que están enfermas recientemente, en este caso con el coronavirus, reciben plasma de una persona recuperada con la esperanza de que refuerce su propia capacidad para combatir el virus y limitar su gravedad.

   "Si bien se están realizando muchos ensayos clínicos para comprender mejor si el plasma de convaleciente es clínicamente beneficioso para el tratamiento de COVID-19, una pregunta clave es en qué momento es más efectivo recoger plasma de donante en función de la presencia de anticuerpos que ayudan a combatir el virus --señala Renée Bazin, del centro de sangre Héma-Québec (Canadá) y autora del estudio--. Según nuestros hallazgos, los anticuerpos contra el nuevo coronavirus no son eternos".

   Este pequeño estudio, que se basó en 282 donantes de plasma de COVID-19 en Quebec (Canadá), siguió a 15 adultos (11 hombres y 4 mujeres) que fueron diagnosticados y posteriormente recuperados de COVID-19. Si bien los síntomas variaron de leves a graves, ninguno de estos donantes fue hospitalizado por su infección por COVID-19. Cada participante donó su plasma entre cuatro y nueve veces, la primera donación ocurrió entre 33 y 77 días después del inicio de los síntomas y la última donación entre 66 y 114 días.

   La doctora Bazin resalta que este estudio es uno de los primeros análisis longitudinales que muestra que las personas que eran seropositivas, es decir, que habían producido anticuerpos contra el virus que causa COVID-19, se vuelven seronegativas, lo que significa que no hubo anticuerpos detectables después de una cierto punto.

   La disminución de anticuerpos a lo largo del tiempo parece no estar relacionada con la cantidad de veces que alguien donó plasma sanguíneo y, en cambio, se debe al tiempo transcurrido desde la infección y a una disminución natural de la respuesta inmunitaria. Los 15 donantes mostraron disminuciones en los anticuerpos al mismo tiempo, alrededor de 88 días, y la mitad de los anticuerpos detectables disminuyeron dentro de los 21 días posteriores.

   "Los anticuerpos desaparecen rápidamente, por lo que las personas que se están recuperando del COVID-19 y que desean donar plasma sanguíneo no deben esperar demasiado una vez que sean elegibles para donar", señala Bazin.

   Para este análisis, el equipo de investigación se centró en los anticuerpos contra un objetivo del virus llamado dominio de unión al receptor (RBD). RBD es una proteína en la superficie del virus que actúa como una llave. Se une al receptor ACE-2 en la superficie de la célula y, a su vez, abre una puerta a través de la cual el virus entra e infecta la célula. Pero el sistema inmunológico puede desarrollar anticuerpos RBD que inhiben la capacidad de la proteína para encajar y abrir la puerta a través del receptor ACE-2, evitando así que el virus entre en las células.

   "Según nuestros hallazgos, lo ideal es que los médicos utilicen plasma que se recolecta temprano después de la aparición de los síntomas del donante y verifiquen la presencia de anticuerpos antes de administrar plasma del donante a un paciente", añade la doctora.

   Señala que casi el 7% de los 282 donantes originales no tenían anticuerpos detectables en su primera donación y esta proporción se duplicó al considerar a los donantes que esperaron más de 11 a 12 semanas después de la aparición de los síntomas antes de donar.

   Por supuesto, comprender la caída de anticuerpos después de una infección natural con COVID-19 tiene aplicaciones prácticas no solo para ayudar a informar las políticas sobre cuándo el plasma convaleciente es más efectivo (es decir, antes de que la respuesta inmune comience a disminuir), sino que también puede tener implicaciones para estudios de seroprevalencia que miden cuántas personas en una comunidad tienen anticuerpos contra el virus.

   "Según nuestros hallazgos, si los anticuerpos disminuyen entre tres y cuatro meses después de un pico de infección, podríamos subestimar la prevalencia de la infección en comunidades o poblaciones", explica Bazin.

   Los investigadores planean seguir a los donantes de sangre de plasma a lo largo del tiempo y, aunque no seleccionaron un plasma específico (por ejemplo, aquellos con solo títulos de anticuerpos altos) para este análisis, los estudios futuros intentarán determinar si cierto plasma es más beneficioso.

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