El contacto con un compuesto presente en artículos de consumo diario puede dejar una huella en las células epidérmicas

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Publicado 03/12/2018 13:22:56CET

MADRID, 3 Dic. (EUROPA PRESS) -

El contacto con el ácido perfluorooctanoico, un compuesto que se utiliza en muchos artículos de consumo diario, puede dejar una huella en las células epidérmicas, cuyas implicaciones a largo plazo para la salud humana deben ser estudiadas en profundidad, según ha puesto de manifiesto un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y que ha sido publicado en 'Food and Chemical Toxicology'.

De hecho, distintos trabajos epidemiológicos vienen alertando sobre la posible correlación entre la exposición diaria e involuntaria a bajos niveles de contaminantes emergentes (CEs) y la creciente tasa de aparición de algunas patologías, como enfermedades neurodegenerativas, alteraciones del sistema respiratorio e inmune, desórdenes metabólicos y endocrinos e incluso ciertos tipos de cáncer.

Se consideran contaminantes emergentes a un grupo de compuestos químicamente heterogéneo, entre los que destacan fármacos y productos de higiene personal, pirorretardantes bromados, ésteres de ftalatos, drogas de abuso, compuestos perfluorados y nanomateriales. Este hecho ha motivado que algunos CEs hayan sido incluidos en los listados de sustancias prioritarias, consideradas especialmente peligrosas para la salud humana o el medio ambiente.

Dentro de este grupo, se encuentra el ácido perfluorooctanoico o PFOA, también conocido como C8, un compuesto perfluorado con un importante protagonismo en diversos sectores industriales desde finales de los años 40. Debido a sus características fisico-químicas, que incluyen la resistencia a la fricción y al calor, así como la capacidad para repeler el agua y el aceite, el PFOA ha sido utilizado en numerosos artículos de consumo como prendas textiles y de cuero, alfombras y tapicerías, utensilios de cocina y envases de alimentos, cosméticos, productos de limpieza y espumas contra incendios.

NO HACE FALTA TENER UNA EXPOSICIÓN CONSTANTE

Ante este escenario, en el nuevo trabajo, en el que se ha utilizado un modelo 'in vitro' de queratinocitos humanos, las células predominantes en la epidermis, que es la capa más superficial de la piel, se han evaluado los efectos citotóxicos causados por la exposición dérmica al PFOA, observándose por primera vez que la exposición puntual a una dosis moderada de PFOA parece ser suficiente para inducir roturas de doble cadena de ADN, un peligroso tipo de lesión para las células humanas.

"Encontramos que, incluso después de un periodo de recuperación de ocho días en ausencia del compuesto, dichas lesiones siguen presentes. También observamos que los queratinocitos desarrollan un fenotipo secretor asociado a senescencia, conocido como SASP. Esto implica que no parece necesaria una exposición continua al PFOA para que las células sufran daños de carácter persistente", han destacado los autores.

A pesar de que desde 2015 el empleo y distribución de este compuesto se encuentra estrictamente regulado y restringido tanto en la Unión Europea como en Estados Unidos, se siguen detectando a día de hoy pequeños niveles de PFOA en la sangre de la mayoría de la población humana de los países industrializados. Esto se debe principalmente a que el compuesto, una vez introducido en el organismo, no se metaboliza y tarda en eliminarse por la orina una media de 3,5 años.

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