Publicado 28/08/2020 7:59:35 +02:00CET

Una combinación particular de microorganismos en el intestino puede empeorar los síntomas de esclerosis múltiple

La plataforma calcula volúmenes y realiza tractografías cerebrales, para diagnosticar enfermedades como el Alzheimer, la demencia, la epilepsia o la esclerosis múltiple.
La plataforma calcula volúmenes y realiza tractografías cerebrales, para diagnosticar enfermedades como el Alzheimer, la demencia, la epilepsia o la esclerosis múltiple. - HOSPITAL DE BEATA MARÍA ANA - Archivo

MADRID, 28 Ago. (EUROPA PRESS) -

Investigadores del Centro RIKEN de Ciencias Médicas Integrativas (IMS), en Japón, han descubierto que una combinación particular de microorganismos en el intestino puede empeorar los síntomas en un modelo de ratón de esclerosis múltiple. El estudio, publicado en la revista 'Nature', muestra que dos bacterias intestinales específicas mejoran la actividad de las células inmunes que atacan el cerebro y la médula espinal del propio cuerpo.

La esclerosis múltiple es una enfermedad autoinmune en la que el sistema inmunológico ataca la mielina que recubre las células nerviosas del cerebro y la médula espinal. La desmielinización afecta la rapidez con que las neuronas se comunican entre sí y con los músculos, lo que provoca una variedad de síntomas que incluyen entumecimiento, músculos débiles, temblores e incapacidad para caminar.

Se ha informado que los microorganismos intestinales afectan los síntomas de la esclerosis múltiple, pero sigue siendo un misterio cómo las bacterias en los intestinos pueden afectar la mielina del cerebro y la médula espinal.

Los investigadores, dirigidos por Hiroshi Ohno en RIKEN IMS, se propusieron encontrar esta conexión utilizando un modelo de ratón de la enfermedad. Estos ratones experimentan una desmielinización similar de la médula espinal que resulta de los ataques autoinmunes de las células T que producen la citocina IL-17A. Sin embargo, darles a estos ratones el antibiótico ampicilina redujo la desmielinización.

El tratamiento también previno la activación de un tipo particular de célula T. Como explica Ohno, descubireron que el tratamiento con ampicilina, y solo ampicilina, "redujo selectivamente la actividad de las células T que atacan una proteína importante llamada glicoproteína oligodendrocitaria de mielina (MOG), que ayuda a que la mielina se adhiera a las neuronas".

Esto se confirmó tomando células inmunitarias del intestino delgado y otras regiones y midiendo su producción de citocinas en presencia de MOG. La producción solo se redujo con ampicilina y solo cuando las células T provenían del intestino delgado.

En este punto, el equipo sabía que los microorganismos en el intestino delgado activan las células T específicas de MOG, que luego pueden atacar la mielina. El siguiente paso fue averiguar qué bacterias eran las responsables.

Debido a que solo la ampicilina redujo los síntomas en los ratones modelo, buscaron microbiota que se eliminó casi por completo solo en los ratones tratados con ampicilina. Encontraron solo una de esas bacterias, una nueva cepa llamada OTU002. Para probar la hipótesis de que OTU002 era el culpable, examinaron ratones que carecían de todas las bacterias excepto OTU002.

Descubrieron que los síntomas en estos ratones eran más graves que los de los ratones libres de gérmenes. Así, el equipo comprobó que su bacteria intestinal recién descubierta era responsable del empeoramiento de los síntomas.

"Pero hubo un problema --reconoce el primer autor Eiji Miyauchi--. Los síntomas en los ratones que solo utilizaron OTU002 no fueron tan malos como los de los ratones modelo normales. Esto significa que el efecto original debe involucrar a más de un microorganismo".

El equipo planteó la hipótesis de que una bacteria diferente reaccionaba de forma cruzada con las células T específicas de MOG, imitando la ubicación en MOG que las células T reconocen.

La secuenciación del genoma escopeta reveló que una proteína expresada por Lactobacillus reuteri se parece a una región de MOG y, cuando se probó, activó débilmente las células T específicas de MOG.

Los síntomas en ratones co-colonizados con 'L. reuteri' y OTU002 fueron más graves que los de los ratones que solo utilizaron OTU002 y fueron tan graves como los de los ratones modelo originales, lo que indica que cuando estas dos bacterias trabajan juntas, los resultados son devastadores.

"Otros estudios se han centrado en microbios fecales, o un solo microbio, en pacientes con esclerosis múltiple o en ratones modelo --recuerda Miyauchi--. Nuestros datos enfatizan la necesidad de considerar los efectos sinérgicos de los microbios intestinales en las enfermedades autoinmunes y dan esperanza a las personas que buscan tratamientos efectivos para la esclerosis múltiple".

"Pero, debido a que los microbios intestinales y las ubicaciones de unión de las células T en la mielina difieren entre el ratón y el ser humano --prosigue--, ahora se necesitan más estudios con microbios humanos y células T autorreactivas".

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