El colesterol no duele... ¿Entonces cómo sabemos que lo tenemos alto?

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Archivo - Colesterol - RASI BHADRAMANI/ ISTOCK - Archivo
Infosalus
Publicado: miércoles, 23 septiembre 2026 8:37

   MADRID, 23 Sep. (EDIZIONES) -

   El colesterol elevado tiene una particularidad que lo convierte en un factor de riesgo cardiovascular especialmente traicionero: no suele producir síntomas. Una persona puede sentirse perfectamente bien mientras el colesterol LDL (el más conocido como 'colesterol malo') se acumula durante años, y contribuye al desarrollo de arteriosclerosis, hasta que el primer aviso puede ser un infarto o un ictus.

   "En España, tenemos estudios que desde hace más de 15 años nos dicen que aproximadamente la mitad de los adultos tiene el colesterol elevado, y casi la mitad de ellos lo desconoce. Además, en España, sólo uno de cada cuatro pacientes de riesgo cardiovascular alto y muy alto tiene el colesterol LDL en el objetivo que establecen las guías. Corregirlo exige revisar el tratamiento en cada consulta e intensificarlo cuando el objetivo no se ha alcanzado, en lugar de dar por bueno un control incompleto", avisa durante una entrevista con Europa Press Salud Infosalus Javier García Fernández, miembro del Grupo de Trabajo de Lípidos y Riesgo Cardiovascular de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

QUÉ DATOS NOS INTERESAN DEL COLESTEROL

   Este experto precisa, en primer lugar, que la única forma de conocer realmente cómo están nuestros niveles de colesterol es mediante un análisis de sangre. En concreto, especifica que el colesterol total que podemos ver en la analítica es la suma de todo el que circula por la sangre, y el que interesa en este caso es el conocido como 'colesterol malo' o LDL: "Es un factor causal de arterioesclerosis, es decir, un fenómeno por el que se deposita grasa en las paredes de las arterias de todo nuestro organismo".

"Los estudios genéticos, los epidemiológicos y los ensayos clínicos apuntan en la misma dirección: el colesterol LDL causa arteriosclerosis, y reducirlo disminuye infartos e ictus de forma proporcional a cuánto se reduce y durante cuánto tiempo se mantiene descendido", añade.

   De hecho, insiste este endocrinólogo que ahí está la clave de por qué es tan importante considerarlo a pesar de no producir síntomas. "El daño no lo determina la cifra de un día concreto, sino la exposición acumulada. Es decir, la concentración de LDL multiplicada por los años que llevamos conviviendo con ella. Es un proceso silencioso y sumativo, muy parecido al del tabaco", advierte.

   Entonces, subraya que el problema surge cuando finalmente aparece un síntoma, por ejemplo un dolor torácico al hacer un esfuerzo físico, un infarto, o un ictus-, pero ya la enfermedad -la arteriosclerosis- lleva décadas instalada. "Y en una proporción nada pequeña de pacientes el primer síntoma es directamente el evento cardiovascular. Por eso insiste en la importancia de los análisis de sangre, la única forma de conocer nuestra situación.

CADA CUÁNTO HACERSE UN ANÁLISIS DE SANGRE

   Dice el doctor García Fernández que en población general, y sin factores de riesgo cardiovascular, las guías europeas de prevención cardiovascular recomiendan medir el perfil lipídico a partir de los 40 años en los hombres y de los 50, o tras la menopausia, en las mujeres. "Personalmente defiendo que todo adulto debería tener realizado al menos un perfil lipídico completo en algún momento de su vida", resalta.

   Hay que adelantar la edad de inicio y acortar los intervalos en quienes presenta ciertas enfermedades, tal y como precisa: diabetes, hipertensión arterial, obesidad, enfermedad renal, tabaquismo, así como en enfermedades inflamatorias crónicas. Igualmente, sostiene que si tenemos antecedentes familiares de infarto o de ictus precoz -antes de los 55 años en los hombres y de los 65 en las mujeres- o de colesterol muy elevado.

   "Además, específicamente en las mujeres, la menopausia precoz y determinadas complicaciones del embarazo, como la preeclampsia -elevación de la tensión arterial en la gestación- y la diabetes gestacional, también justifican revisarlo. Lo mismo ocurre en los hijos de personas con hipercolesterolemia familiar, donde el estudio debe realizarse ya en la infancia", asevera este especialista.

HÁBITOS DE VIDA Y POSIBLE INICIO DE TRATAMIENTOS

   ¿Sólo hay que mejorar la alimentación y el ejercicio?,¿cuándo es necesario iniciar un tratamiento farmacológico?, preguntamos al miembro del Grupo de Trabajo de Lípidos y Riesgo Cardiovascular de la SEEN, señalando que la decisión no sólo depende de la cifra de colesterol, sino también del riesgo cardiovascular de la persona: "Una misma cifra puede resultar perfectamente asumible en alguien joven y sin otros factores de riesgo, e inaceptable en un paciente con diabetes, o que ya haya presentado un infarto o un ictus. Por eso, lo primero no es mirar el número, sino calcular el riesgo cardiovascular con las herramientas que disponemos".

   La alimentación y el ejercicio, según prosigue, constituyen la base del tratamiento en todos los casos, incluidos los pacientes que ya reciben medicación para reducir el colesterol, si bien avisa este experto que conviene ser honestos sobre su alcance: "Una dieta equilibrada y mantenida en el tiempo reduce el colesterol LDL hasta aproximadamente un 15%. Cuando la reducción necesaria para alcanzar el objetivo supera ese margen, la intervención dietética por sí sola no va a ser suficiente, y prolongarla de forma indefinida sólo retrasa el inicio del tratamiento".

NO SE DEBE INTERRUMPIR EL TRATAMIENTO POR VOLUNTAD PROPIA

   Entre los errores que siguen siendo muy frecuentes entre las personas con colesterol elevado, este doctor destaca que el más frecuente, y el de mayor trascendencia clínica es la interrupción del tratamiento cuando la analítica muestra cifras correctas. "El razonamiento habitual del paciente es que, una vez alcanzado el control, el fármaco ya no resulta necesario. El colesterol vuelve a elevarse en pocas semanas, porque el tratamiento no cura la hipercolesterolemia, la controla. Es un tratamiento crónico, del mismo modo que lo es el de la hipertensión arterial o el de la diabetes", avisa.

   También habla del abandono por temor a los efectos secundarios de algunos fármacos que reducen el colesterol, en particular de las estatinas. "Se ha generado mucha alarma en y conviene recordar que, en ensayos clínicos diseñados específicamente para estudiar esta cuestión, hasta el 90% de los síntomas que los pacientes atribuían a la estatina aparecían igualmente cuando recibían un comprimido de placebo. Esto no significa que las molestias no sean reales -lo son-, sino que en muchos casos no las causa el fármaco", avisa.

   En cualquier caso, insiste este experto de la SEEN en que existen otros hipolipemiantes que pueden valorarse llegado el momento, tanto orales como incluso inyectables en determinadas situaciones clínicas. "Lo que no debe hacerse es suspender el tratamiento por cuenta propia y sin consultarlo con su médico", valora el doctor García.

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