Actualizado 05/07/2012 17:46:56 +00:00 CET

Científicos españoles identifican la concentración óptima de propóleos para su uso como radioprotector

Abeja Extrayendo Polen En Una Flor De Estepa
JAVIER LOSARCOS

MADRID, 5 Jul. (EUROPA PRESS) -

Un equipo de investigadores de la Universidad Politécnica de Valencia, el Hospital Universitario La Fe, la Universidad de Valencia y la Universidad Autónoma de Barcelona han detectado el rango óptimo de concentración de propóleos en el que esta sustancia natural extraída de la resina de las abejas tendría protección máxima frente a las radiaciones ionizantes y no sería tóxica para las células sanguíneas.

En concreto, y según los resultados de los estudios 'in vitro' de citoxicidad que publica la revista 'Food and Chemical Toxicolgy', esa franja óptima de concentraciones se sitúa entre 120 y 500 microgramos por mililitro.

"En este rango tenemos una protección máxima frente al daño radioinducido y la sustancia no muestra un efecto citotóxico ni genotóxico en linfocitos humanos no irradiados", ha asegurado Alegría Montoro, responsable del Laboratorio de Dosimetría Biológica del Hospital Universitario y Politécnico La Fe y profesora del Máster en Protección Radiológica en Instalaciones Radiactivas y Nucleares de la UPV.

Las conclusiones de este trabajo, que han sido parcialmente financiado por el Consejo de Seguridad Nuclear, constituyen un punto de partida para futuras aplicaciones clínicas del propóleos.

En su trabajo, el equipo de investigadores ha utilizado cuatro biomarcadores genéticos entre los cuales se incluyen el índice mitótico y el de proliferación celular, con el objetivo de determinar si el propóleos tiene efecto citotóxico sobre la célula.

"A partir de estos biomarcadores es posible conocer cómo afecta una sustancia a la división de las células: una sustancia que fuera citotóxica y modificara la etapa de la división celular lo haría acelerando, ralentizando o incluso deteniendo dicho proceso, y los tres efectos son negativos", ha explicado Alegría Montoro.

Los otros dos biomarcadores utilizados son el estudio de la posible inducción de alteraciones cromosómicas en cultivos no irradiados a distintas concentraciones y el intercambio de cromátidas hermanas (SCE), un biomarcador genético de exposición a agentes químicos.

"Se trata de un primer paso, un punto de partida para futuros ensayos clínicos. El objetivo final sería el desarrollo de cápsulas orales con la dosis de propóleos adecuada, pero para llegar a eso todavía hace falta muchas más horas de investigación", ha reconocido Montoro.

En el año 2008, investigadores del Instituto de Seguridad Industrial, Radiofísica y Medioambiental (ISIRyM) de la Universidad Politécnica de Valencia y el Hospital La Fe demostraron que el propóleos puede reducir hasta un 50 por ciento el daño en los cromosomas provocado por las radiaciones ionizantes, protegiendo así al ADN de sus efectos.

Ahora, este nuevo estudio es fundamental para conocer el rango de concentraciones en que esta sustancia puede tener un efecto tóxico en células no irradiadas.