Archivo - Mamá y bebé, colecho, dormir, familia - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / GEORGERUDY - Archivo
MADRID, 10 Feb. (EDIZIONES) -
El llamado instinto maternal no es sólo una construcción cultural: la Ciencia ha demostrado que durante el embarazo y la crianza se producen cambios profundos en el cerebro y en las hormonas que predisponen al cuidado del bebé.
Sin embargo, este proceso no es automático, ni tampoco similar en todas las mujeres, ni en todos los hombres, y puede verse modulado por experiencias previas, por cómo haya sido el parto, por la salud mental, o por el contexto vital de la persona. Especialistas explican cómo se forma el vínculo con un hijo, por qué a veces no aparece el 'amor inmediato', y de qué manera la maternidad y la paternidad transforman el cerebro humano.
En una entrevista con Europa Press Salud, la psiquiatra especialista en salud mental reproductiva y perinatal, y en terapia de familia y de pareja, Bianca Granados nos explica que, a nivel biológico, nuestro cerebro cambia durante el embarazo, de manera que predispone durante el embarazo y el postparto a que la mujer tenga un especial deseo de cuidar: "Es un mecanismo que asegura la supervivencia del bebé, el que a la mamá le apetezca cuidar. Algo que sucede sí o sí en todas las mujeres, y es el instinto maternal, que atrae en los cuidados a las mamás por esos cambios cerebrales".
Recuerda en 'Matrescencia' (Vergara), que acaba de publicar y motivo por el que nos concede esta entrevista que, si el parto es fisiológico, y el cóctel hormonal de la mujer funciona como está previsto, el cuerpo favorece ese estado de amor, de entrega, y de conexión para recibir al bebé con ternura, "incluso con euforia, pues así está diseñado".
QUÉ FACTORES INFLUYEN EN EL DESARROLLO DEL INSTINTO MATERNAL
Sí advierte durante nuestra conversación la doctora Granados de que afectan al desarrollo del instinto maternal también los factores externos, tipo las vivencias de cada mujer antes del embarazo, o durante el parto, por ejemplo. "Hay ocasiones en las que esta parte biológica puede ser tapada porque hayamos vivido experiencias muy dolorosas, y que impidan que yo tenga esta necesidad de vinculación, o me pueda sentir incómoda con la maternidad, que por ejemplo me encuentre en shock al ser madre", subraya.
La doctora Granados mantiene que este tipo de situaciones son muy frecuentes sobre todo cuando ha habido pérdidas previas. "Los embarazos que van después suelen ser complicados, donde muchas mujeres evitan conectar con el hecho de que están embarazadas por si hubiera otra pérdida, de manera que llegan al parto sin vincularse con el bebé que llevan dentro y cuando te lo ponen encima esa vinculación cuesta, el tener que adaptarse", remarca esta psiquiatra perinatal.
Es más, sostiene que incluso si el parto ha ido bien puede ocurrir que nos den a nuestro bebé y no sintamos nada especial, ni emoción, ni amor, ni conexión, por ejemplo, sino sólo una especie de extrañeza o desconcierto, "que también son normales".
¿QUÉ DEBEMOS SENTIR?
Entonces, ¿qué se supone que hay que sentir? Recalca que da igual como lleguemos a ese momento y lo que sintamos, "cada una venimos de dónde venimos", y una mujer no va a ser mejor o peor madre por no sentir ese primer flechazo, ni tampoco va a predecir ese momento lo que se va a querer a un hijo o cómo va a ser la función como madres, tal y como afirma esta psiquiatra. "Ese vínculo se va forjando conforme vayamos estando con el bebé", asegura esta doctora.
Insiste, además, en que habrá mujeres que se encuentren pletóricas, llenas de amor, mientras que otras estarán desbordadas de ternura, u otras que se encuentren en shock, raras, neutrales, o incluso sorprendidas.
Con ello, a la hora de forjar ese instinto maternal mantiene que influyen las experiencias previas que haya tenido la madre, tanto la propia crianza cuando era pequeña, lo que le haya pasado en el proceso de búsqueda de embarazo, o algún proceso traumático más allá de la búsqueda del embarazo y del embarazo en sí; pero también remarca que en las mujeres que han sufrido abusos la llegada de la maternidad suele ser compleja.
EL CEREBRO DE LA MUJER Y DEL HOMBRE CAMBIA CON LOS HIJOS
Pero es que, además, la Ciencia ha demostrado que el cerebro de la mujer cambia con el embarazo y con la maternidad. Cuenta la doctora Paloma Gil, médico especialista en Endocrinología y Nutrición, y doctora en Medicina, que las hormonas tienen un efecto neuroprotector durante la gestación, protegiendo las células cerebrales, y promoviendo la plasticidad neuronal, lo que mejora la capacidad del cerebro para adaptarse al cuidado y a la protección del bebé.
"Cambia el cerebro de la mujer en el embrazo enfocado en cuidar ese ser que crece y se forma dentro. Antes del parto cambian las hormonas para que sólo quieras estar con ese bebé, y ya recién nacido se te olvida todo menos tu bebé", insiste esta especialista.
Explica en 'El poder invisible de tus hormonas' (Aguilar) que durante el embarazo un área muy pequeña de tu cerebro, el área preóptica medial, se llena de receptores para estrógenos, prolactina, y oxitocina. "Pero la progesterona no deja que las hormonas se unan a sus receptores. Sólo al final del embarazo, cuando los niveles de progesterona caen, las hormonas se unen a sus receptores y se activa esta pequeña zona. ¿Sabes qué ocurre? Que el circuito cerebral del rechazo se inactiva, y se activa el circuito cerebral del refuerzo. En otras palabras, las hormonas despiertan el instinto maternal. Todos conocemos el caso de alguna mujer que refiere no haberlo tenido hasta quedarse embarazada", señala.
De hecho, trae a colación aquí una investigación española, liderada por Susana Carmona, que demuestra que las mujeres embarazadas experimentan una reducción en el volumen de la sustancia gris del cerebro, en las áreas claves relacionadas con la cognición social y la empatía. "Esta reducción parece estar relacionada con la especialización, y optimización cerebral para la maternidad, mejorando las habilidades de las madres para cuidar a sus bebés", agrega.
Es más, indica que estos cambios en la sustancia gris por lo menos se han observado hasta dos años después de dar a luz, de manera que esto sugiere en su opinión que el cerebro maternal mantiene estas modificaciones para facilitar el cuidado prolongado del bebé.
"Y si te preguntas si el cerebro también cambia en los padres, la respuesta es sí. Los cambios son menos marcados que en las madres y no se deben tanto a factores hormonales como a factores ambientales relacionados con la crianza. Es decir que, a priori, parece que cuanto más tiempo pasen estos padres cuidando de sus hijos, más cambiará su cerebro y sus hormonas para facilitar la conducta parental", subraya la doctora Gil. Si bien considera que, aunque se han producido avances en este campo, y se ha avanzado mucho en cómo el embarazo transforma el cerebro, "aún se necesitan más investigaciones para entender completamente el alcance y la naturaleza de estos cambios".