Chemsex: la práctica que combina sexo y drogas y preocupa cada vez más a los psiquiatras

Infosalus
Publicado: sábado, 25 julio 2026 7:59

   MADRID, 25 Jul. (EDIZIONES) -

   Sexo, drogas y largas sesiones que pueden prolongarse durante horas o incluso días. Aunque el chemsex no es un fenómeno nuevo, sí es una práctica cada vez más visible y objeto de creciente interés para los profesionales sanitarios por sus posibles consecuencias sobre la salud física y mental.

   Asociado principalmente al consumo sexualizado de determinadas sustancias, el chemsex engloba realidades muy diversas y no siempre implica un problema de salud. Sin embargo, los especialistas advierten de que, en determinados contextos, puede favorecer la aparición de adicciones, de episodios de psicosis, de síntomas depresivos, de sobredosis, o de situaciones de especial vulnerabilidad.

   Precisamente, el doctor Óscar Becerra Estremadoyro, psiquiatra del Hospital Universitario Vall d'Hebron de Barcelona, explica qué hay detrás de este fenómeno, cuáles son los principales riesgos asociados, y cuándo es importante pedir ayuda en este reportaje con Europa Press Salud Infosalus. Ofreció una charla sobre este tema tan actual a finales del mes de junio, en el X Curso Psicofarmacología y Neurociencia de la SEPSM, que se celebró en Vitoria y es por ello por lo que charlamos con él.

   En primer lugar, este experto quiere dejar claro que la definición de ‘chemsex’ no es cerrada, y depende del contexto sanitario, del país, y de quién lo use, “pero se podría decir que es un tipo particular de uso sexualizado de algunas sustancias por parte de hombres gays, bisexuales, hombres que tienen sexo con hombres (HSH), y de personas trans y no binarias que participan en la cultura de sexo casual gay”.

   Así, lo define como “un tipo de uso recreativo de drogas que tiene el objetivo de aumentar la intensidad de los encuentros, prolongarlos, o de facilitar la desinhibición o la conexión entre sus participantes, aunque los motivos o factores predisponentes que pueden llevar a alguien a practicar chemsex pueden ser otros, vinculados no sólo al sexo, sino a factores sociales y contextuales”.

NO ES ALGO NUEVO

   No es un fenómeno nuevo, tal y como aclara este psiquiatra, subrayando que hay datos epidemiológicos que se remontan a los años 90. No obstante, sí remarca que Internet y la vida digital tienen un rol importante en la difusión de estas prácticas, y también a la hora de facilitar el acceso a sustancias psicoactivas, como puede darse con las aplicaciones de contactos. “Además, también emergen o se popularizan nuevas sustancias, que pueden conllevar mayores riesgos por desconocimiento sobre sus efectos psicoactivos o adversos. En Europa, la prevalencia estimada de hombres que tienen sexo con hombres y que han practicado chemsex es del 16%, según una revisión del 2024, y esto es mayor en ciudades grandes europeas”, agrega.

   Dentro del grupo de usuarios que realizan estas prácticas dice este doctor que podemos encontrar perfiles muy distintos, por frecuencia, sustancias, prácticas asociadas, etc: “Hay usuarios que realizan estas prácticas de forma ocasional y moderada, que tendrán una menor probabilidad de requerir atención sanitaria, frente a usuarios con policonsumo que realizan prácticas de mayor riesgo, como el consumo endovenoso conocido como slamming o slam”.

POSIBLES CONSECUENCIAS A NIVEL PSIQUIÁTRICO

   Desde el punto de vista psiquiátrico, le preguntamos si el chemsex constituye actualmente un problema de salud pública, señalando que, en sí mismo, no es una entidad clínica, aparte de que el uso de sustancias no es intrínsecamente problemático. Eso sí, especifica el doctor Becerra que el riesgo se da por una confluencia entre factores relacionados con la sustancia, con el individuo, y con el contexto.

   “Como posibles consecuencias negativas a nivel psiquiátrico podemos encontrar estados de psicosis – una alteración de la percepción de realidad –, sobre todo con el uso de psicoestimulantes como la metanfetamina o algunas catinonas y si se dan sesiones prolongadas y repetidas”, agrega.

   Además, indica este psiquiatra del Vall d’Hebron que el desarrollo de un trastorno por uso de sustancias es otra complicación posible, que además en este contexto particular se puede asociar a una dependencia del consumo para poder mantener relaciones. Asimismo, precisa que estas sustancias tienen efectos a nivel emocional: durante los periodos de abstinencia pueden aparecer síntomas como apatía, malestar, irritabilidad, y puede exacerbar o inducir trastornos depresivos.

   “Otro riesgo asociado al chemsex es que puede favorecer la pérdida de límites y la exposición a situaciones de riesgo y de vulnerabilidad física, pudiendo aumentar el riesgo de vivir violencia sexual y de experiencias traumáticas”, mantiene este experto.

   Además recuerda en este punto que, aparte del riesgo individual de cada sustancia, son importantes el contexto de uso, la vía, los factores relacionados con la persona, la dosis empleada, así como la frecuencia del consumo. “Por tanto, algunas sustancias tienen mayor riesgo, y el policonsumo o el slam son factores adicionales que comportan un mayor riesgo de conductas suicidas, por ejemplo”, apostilla.

CÓMO SE LLEGA AL CHEMSEX

   En este contexto, señala que ni todas las personas que practican chemsex tienen problemas previos que les hayan conducido a ello, ni todas desarrollan complicaciones de salud mental: “Para muchas es una práctica o una forma de buscar conexión e intimidad. En la segunda edición del European Chemsex Forum (Berlín, 2018) se señaló que el contexto histórico y social – por ejemplo, la epidemia del VIH, el estigma y el acoso vividos por el colectivo, la dificultad de acceso a espacios no sexualizados de conexión – han influido en la forma en la que muchas personas viven su sexualidad, y estos condicionantes sociales no deben ignorarse”.

   Dicho esto, este psiquiatra destaca que sí hay factores que aumentan el riesgo de que el uso se vuelva problemático: la presencia de trastornos afectivos o de ansiedad previos, una historia de trauma, el aislamiento o una red de apoyo escasa, patrones de apego inseguro, o dificultades de regulación emocional pueden facilitar un patrón de uso compulsivo o instrumental. “Es importante señalar que, en gran medida, muchos de estos factores predisponen a un uso problemático de sustancias en cualquier contexto, no es algo exclusivo de este colectivo”, remarca.

CÓMO ABORDAR LOS PROBLEMAS DERIVADOS DESDE LA PSIQUIATRÍA

   Desde la psiquiatría, el doctor Becerra sostiene que el abordaje debe partir de una “actitud no enjuiciadora” y de una alianza terapéutica que respete el ritmo y las necesidades de cada persona: “El primer paso es comprender qué función cumple el consumo —conexión, desinhibición, pertenencia—, y valorar si está teniendo un impacto negativo en las distintas esferas de la vida de la persona, ya que no todo consumo en contexto de chemsex requiere el mismo nivel de intervención”.

   A partir de ahí, este experto indica que se ofrece información para facilitar una decisión autónoma e informada, con estrategias de reducción de daños, con apoyo psicológico —a menudo desde un enfoque motivacional— y, si es necesario, con el tratamiento farmacológico para el trastorno por uso de sustancias o la comorbilidad asociada.

   “Es también clave la derivación a recursos comunitarios o de colectivos especializados en chemsex, que con frecuencia ofrecen una cercanía y confianza que el ámbito sanitario general no siempre logra”, indica el doctor Óscar Becerra Estremadoyro.

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