Imagen de microscopía que muestra las células T gamma-delta (verde) patrullando el intestino (rosa) - BETHANIA GARCIA-CASSANI (UCM)
MADRID 8 Oct. (EUROPA PRESS) -
Un nuevo estudio internacional, publicado en la revista 'Nature', ha demostrado que las células inmunitarias T gamma-delta necesitan mantener activo su receptor, una especie de antena, para funcionar correctamente, detectar daños en los tejidos y frenar el crecimiento de tumores.
El trabajo ha sido coliderado por el Francis Crick Institute (Inglaterra) y la Universidad Complutense de Madrid, con participación del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CBM-CSIC-UAM).
Según explica el CSIC, el sistema inmunitario cuenta con diferentes tipos de células encargadas de detectar y eliminar aquello que puede resultar perjudicial para el organismo. Algunas patrullan continuamente los tejidos para identificar células infectadas, dañadas o que han empezado a comportarse de manera anómala.
Entre ellas, se encuentran las células inmunitarias T gamma-delta: un tipo particular de linfocito, una de las principales familias de células de defensa del organismo, que se encuentra especialmente en lugares como la piel y el intestino.
Estas células tienen en su superficie una especie de antena que les permite recibir información de lo que ocurre a su alrededor. Cuando detectan determinadas señales de peligro, pueden activarse rápidamente y contribuir a eliminar las células dañadas o alteradas.
Hasta ahora se sabía que este receptor desempeña un papel importante durante el desarrollo de estas células. Sin embargo, su capacidad para reaccionar con gran rapidez, más propia de las defensas inmediatas del organismo, había llevado a pensar que, una vez maduras, podían actuar sin el receptor. Por tanto, no estaba claro si la antena seguía siendo imprescindible.
"Nuestro trabajo demuestra que el receptor no solo sirve para poner en marcha estas células durante su desarrollo, sino que necesitan mantenerlo activo una vez instaladas en los tejidos para seguir recibiendo sus señales. Es decir, esta especie de antena permite a estos linfocitos mantenerse vigilantes y cumplir correctamente su función", ha explicado el investigador del CBM-CSIC-UAM, Miguel Muñoz.
Para comprobarlo, los investigadores utilizaron ratones con una especie de interruptor genético que permite eliminar el receptor en el momento elegido, una vez que las células ya estaban completamente desarrolladas e instaladas en los tejidos. El resultado fue claro: cuando estos linfocitos perdían su receptor, empezaban rápidamente a cambiar su comportamiento. Aunque seguían presentes en los tejidos, perdían algunas de sus cualidades para permanecer allí, activarse y responder frente a células dañadas.
TAMBIÉN OCURRE EN CÉLULAS HUMANAS
Los investigadores quisieron comprobar si este comportamiento también se observaba en personas. Para ello, estudiaron en el laboratorio células inmunitarias T gamma-delta humanas cultivadas 'in vitro', a las que eliminaron el receptor.
El equipo observó cambios similares a los identificados en ratones, especialmente en procesos relacionados con la respuesta defensiva y con el funcionamiento interno de las células. "Estos resultados indican que la necesidad de mantener activo este receptor no se limita a un único tipo de células inmunitarias T gamma-delta o a un determinado tejido", destaca Muñoz.
En conjunto, los experimentos muestran que estas células necesitan estar continuamente informadas de lo que ocurre a su alrededor para mantener su capacidad de respuesta.
Además, el estudio buscó comprobar si la pérdida del receptor también afectaba a la capacidad de estas células para luchar contra el cáncer. Para ello, los investigadores utilizaron tres modelos diferentes de cáncer de piel y de colon: "En los ratones cuyas células habían perdido el receptor, los tumores aparecieron con más frecuencia o crecieron más que en aquellos que lo mantenían. En las células humanas estudiadas en el laboratorio, la pérdida del receptor provocó que fueran menos eficaces para frenar el crecimiento de las células tumorales", señala el investigador del CBM-CSIC-UAM.
Estos resultados muestran que, para responder frente a un tumor, estas células no solo necesitan haber recibido las instrucciones adecuadas durante su desarrollo. También necesitan mantener activo su receptor cuando llega el momento de actuar.
UNA RESPUESTA RÁPIDA QUE NECESITA MANTENERSE ACTIVA
Estas células inmunitarias destacan por su capacidad de reaccionar rápidamente ante tejidos dañados o células anormales. La investigación revela que, aunque estas células están preparadas para responder con rapidez, requieren recibir señales continuas de su entorno a través de su receptor para mantenerse activas y vigilar los tejidos.
Este hallazgo refuerza el desarrollo de futuras estrategias contra el cáncer, dada la habilidad de estas células para reconocer y eliminar elementos alterados. El CSIC subraya que, aunque se trata de investigación básica y estos resultados no constituyen por sí mismos un nuevo tratamiento contra el cáncer, comprender qué necesitan estas células para conservar su actividad ofrece una información clave para aprender a potenciar o controlar su respuesta defensiva.
"Históricamente, las células T gamma-delta se han considerado células del sistema adaptativo o tardío con funciones propias de la inmunidad innata o rápida. Nuestro trabajo muestra que ambas características están conectadas a través de su receptor, que es necesario para mantener su capacidad de responder rápidamente. Se trata de un concepto que puede cambiar la forma en que entendemos estas células y, en cierto modo, revisar lo que contamos en los libros de texto", concluye el investigador del CBM.