Publicado 11/08/2021 07:20CET

La carga de la pandemia puede contribuir a brotes de protestas violentas

Archivo - Carga policial durante la concentración en apoyo a Pablo Hasél en València
Archivo - Carga policial durante la concentración en apoyo a Pablo Hasél en València - JORGE GIL/ EUROPA PRESS - Archivo

   MADRID, 11 Ago. (EUROPA PRESS) -

   La pandemia de COVID-19 es la crisis sanitaria mundial más grave del siglo XXI y, aunque los informes de los medios de comunicación y las directivas políticas tienden a centrarse en los aspectos sanitarios y económicos de la pandemia, una nueva investigación, publicada en la revista 'Psychological Science', sugiere que la pandemia también está desestabilizando la relación fundamental entre los ciudadanos y los estados.

   "La pandemia ha perturbado nuestro modo de vida normal, generando frustraciones, una exclusión social sin precedentes y una serie de otras preocupaciones -advierte Henrikas Bartusevicius, investigador del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo (Suecia) y coautor del estudio--. Nuestras investigaciones demuestran que el coste psicológico de vivir una pandemia también avivó las actitudes antigubernamentales y antisistema que condujeron a la violencia política en varios países".

   Bartusevicius y sus colegas preguntaron a 6.000 adultos de Estados Unidos, Dinamarca, Italia y Hungría si la pandemia de COVID-19 había afectado negativamente a su salud, sus finanzas, sus relaciones y sus derechos, y de qué manera. Se pidió a los entrevistados que informaran de si se sentían insatisfechos con sus sociedades y gobiernos y de si estaban motivados para participar o ya habían participado en protestas o violencia política.

   Los resultados de esta encuesta revelaron asociaciones sorprendentes entre la carga psicológica del COVID-19 y los sentimientos y comportamientos altamente perturbadores, incluido el uso de la violencia por una causa política. En cambio, la investigación no reveló ninguna correlación consistente entre la carga de COVID-19 y la motivación para participar en formas pacíficas de activismo.

   "También nos sorprendió descubrir que la carga de COVID-19 no necesita desencadenantes adicionales para motivar la violencia política -admite Bartusevicius--. Parece que es suficiente por sí sola".

   La carga de COVID-19 es el peaje psicológico global de vivir una pandemia. Es la suma total de las tensiones individuales que una persona experimenta durante una pandemia y las respuestas que los gobiernos adoptan contra ella, como las medidas de bloqueo, los mandatos de mascarilla y las directivas de distanciamiento físico.

   Los investigadores descubrieron que, específicamente en Estados Unidos, los que experimentaban una mayor carga de COVID-19 eran también más propensos a informar de su participación en la violencia durante las protestas y contraprotestas de Black Lives Matter. La pandemia y los confinamientos asociados pueden haber contribuido a las frustraciones que se desataron en estos eventos apuntan los investigadores.

   "Es la primera vez en la era moderna que las democracias occidentales altamente individualizadas se enfrentan a una gran pandemia --recuerda el coautor Michael Bang Peterson, investigador de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca--. Antes de la pandemia, se sabía poco sobre cómo responderían las sociedades a una crisis de este tipo o cómo la afrontarían. Nuestra investigación presenta una de las primeras pruebas sobre el potencial perturbador de las pandemias y los cierres asociados", destaca.

   Los investigadores encontraron diferencias entre los países, ya que los daneses declararon la menor carga de COVID-19 y los húngaros la mayor. Sin embargo, no hubo diferencias notables en los efectos de la carga de COVID-19 en los cuatro países. Por ejemplo, aunque el danés medio se sintió menos agobiado por la pandemia que los encuestados de otros países, los daneses que se sintieron más agobiados mostraron actitudes antisistema y motivaciones para la violencia política similares a las registradas en otros lugares.

   Los investigadores propusieron varias explicaciones posibles de por qué las pandemias pueden provocar disturbios civiles. La pandemia y los cierres han afectado de forma desigual a determinados grupos sociales, produciendo probablemente percepciones de injusticia y rabia que, a su vez, pueden dirigirse contra los gobiernos. Además, la carga del COVID-19 puede contribuir a la exclusión social y a la marginación al desaparecer la vida social normal, lo que podría alimentar actitudes antisistema y motivaciones para la violencia política.

   Los investigadores concluyeron que, tras las pandemias, los programas de recuperación deben hacer algo más que abordar los problemas de salud pública y la economía; también deben esforzarse por reparar la relación entre los ciudadanos y el sistema político.