La cardiotoxicidad de una terapia contra el cáncer puede aparecer de forma aguda o tras 10 o 20 años, según un experto

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Archivo - La cardiotoxicidad de una terapia contra el cáncer puede aparecer de forma aguda o tras 10 o 20 años, según un experto - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / MONKEYBUSINESSIMAGES
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Publicado: jueves, 24 septiembre 2026 18:00

   MADRID, 24 Sep. (EUROPA PRESS) -

   El coordinador del Grupo de Trabajo de Cardiología de la Sociedad Española de Medicina Nuclear e Imagen Molecular (SEMNIM), el doctor Francisco Sebastián Palacid, ha declarado que la cardiotoxicidad de un tratamiento contra el cáncer "puede aparecer de forma aguda, en el primer año postratamiento, o de forma tardía, 10 o 20 años después".

   Ese efecto de las terapias es visible "sobre todo en quienes fueron tratados de niños", ha manifestado, motivo por el que ha añadido que "el seguimiento de estos pacientes no puede limitarse a la fase de tratamiento activo, sino que debe prolongarse mucho más allá de la finalización del tratamiento en los casos de mayor riesgo".

   En este sentido, Sebatián Palacid ha sostenido que una de las herramientas de referencia al respecto "es la ventriculografía isotópica, conocida como 'MUGA', que se realiza antes de iniciar la quimioterapia para obtener una imagen basal del miocardio y se repite de forma periódica durante el tratamiento en los pacientes que reciben fármacos con mayor riesgo cardiotóxico".

   Es "una técnica complementaria dentro de un seguimiento que hoy debe ser multimodal, junto con la ecocardiografía, los biomarcadores y, cuando es necesario, la resonancia cardiaca", ha continuado, para añadir que "su principal ventaja frente a otras pruebas es la reproducibilidad". "Si la función del corazón baja entre un estudio y otro, sabemos que es un cambio real, no un error de medición", ha afirmado.

FACTORES DE RIESGO

   Por ello, y con motivo de la celebración, el 29 de septiembre, del Día Mundial del Corazón, ha apuntado que es necesario centrar la atención en los pacientes con factores de riesgo añadidos, como edad avanzada, diabetes o cardiopatía previa, así como en quienes acumulan dosis altas de terapias cardiotóxicas. "En los casos de dosis elevadas o pacientes jóvenes, el seguimiento debe prolongarse incluso años después de terminado el tratamiento, ya que la cardiotoxicidad puede aparecer de forma tardía", ha insistido.

   También, ha expuesto que "las mujeres con cáncer de mama tratadas con antraciclinas combinadas con trastuzumab presentan un riesgo cardiaco especialmente elevado, al igual que los pacientes con linfoma tratados con esquemas que incluyen antraciclinas y, en muchos casos, radioterapia torácica". "Además, el grupo más sensible son los niños y adolescentes tratados de leucemias o sarcomas, ya que reciben dosis relativamente altas en un músculo cardíaco todavía en desarrollo, y ese daño puede no manifestarse hasta la edad adulta", ha agregado.

   "A estos pacientes se les debería seguir durante décadas, no solo durante el tratamiento", ha incidido, tras lo que ha asegurado que "este tipo de seguimiento permite evitar pruebas invasivas innecesarias en algunos pacientes y, en otros, anticiparse a un daño real que de otra forma podría pasar desapercibido durante años".

   Por último, y tras denunciar que "existe una notable disparidad entre comunidades autónomas, e incluso entre hospitales de una misma comunidad, en el acceso a las técnicas de Medicina nuclear aplicadas en Cardiología", ha destacado que la especialidad "va mucho más allá del diagnóstico oncológico". Las técnicas "se usan también para evaluar la viabilidad del músculo cardiaco o estudiar la circulación sanguínea del corazón en pacientes con cardiopatía isquémica, sin ninguna relación con el cáncer", ha finalizado.

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