El cambio climático causó el 68% de las muertes relacionadas con el calor entre 2016 y 2023

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Publicado: miércoles, 28 octubre 2026 8:18

   MADRID, 28 Oct. (EUROPA PRESS) -

   El décimo informe anual de Lancet Countdown, liderado por el University College London (UCL) de Reino Unido y elaborado en colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), revela que muchos de los riesgos y perjuicios para la salud derivados del cambio climático se agravaron en la década posterior a la entrada en vigor del Acuerdo de París (2016-2025) en comparación con la década anterior (2006-2015).

   De esta forma, el Informe 2026 de la iniciativa 'The Lancet Countdown sobre Salud y Cambio Climático' representa el trabajo de 146 investigadores multidisciplinarios de más de 100 instituciones en más de 30 países. Publicado antes de la 31.ª Conferencia de las Partes de la ONU (COP31), realiza un seguimiento de 54 indicadores de los impactos del cambio climático en la salud y los efectos de la acción climática en la salud, incluidos cuatro nuevos indicadores introducidos este año que abarcan la disponibilidad de agua en la tierra las evaluaciones de la huella de gases de efecto invernadero del sector sanitario, la financiación de la investigación sanitaria relacionada con el clima y la participación legislativa en materia de salud y cambio climático. Como novedad este año, el informe incluye un indicador actualizado de participación de los medios de comunicación y ahora también atribuye las muertes estimadas relacionadas con el calor al cambio climático provocado por el ser humano.

   La inversión en energías limpias, el liderazgo del sistema sanitario, una legislación más favorable a la salud y la creciente evidencia científica contribuyeron a lograr mejoras reales en la salud, pero no fueron suficientes para contrarrestar el rápido aumento de los daños causados por el cambio climático derivado de los combustibles fósiles. Los autores del informe abogan por que el cambio climático sea reconocido y abordado formalmente como una emergencia sanitaria mundial, y que la salud condicione tanto las políticas climáticas como las prioridades de financiación para prevenir el cambio climático.

   "Una década después del Acuerdo de París, nuestras conclusiones son inequívocas: los daños a la salud derivados del cambio climático están aumentando más rápido que la respuesta mundial, e incluso acelerándose en muchos casos", desarrolla la profesora Marina Romanello, directora ejecutiva de Lancet Countdown, con sede en el University College de Londres.

"Se han logrado avances significativos en energías limpias, preparación de los sistemas de salud y regulación para la protección de la salud, que ya están aportando beneficios para la salud de las comunidades locales. Sin embargo, el progreso ha sido demasiado lento, insuficiente y no llega a quienes más lo necesitan. Por ello, exigimos que el cambio climático se reconozca formalmente como una emergencia sanitaria mundial, con la salud como eje central de todas las decisiones climáticas".

CALOR EXTREMO AGRAVA EL IMPACTO DEL CAMBIO CLIMÁTICO EN LA SALUD

   Entre 2016 y 2023, se estimó que el calor se asoció con un promedio de 540.800 muertes anuales, de las cuales el 68% (369.900) fueron causadas por el cambio climático, frente al 55% (219.100) anuales registrados entre 2006 y 2015. Solo en 2023, el año más caluroso de ese período, se registró un récord de 710.000 muertes estimadas, superando las causadas por la malaria o el VIH, y el 71,5% de ellas fueron consecuencia del cambio climático. En total, se estima que el cambio climático provocó casi 3 millones de muertes relacionadas con el calor entre 2016 y 2023.

   El calor también redujo la capacidad de las personas para trabajar productivamente en 2025, lo que le costó a la economía mundial un estimado de 1,07 billones de dólares (957.061 millones de euros) en ingresos potenciales (0,91% de la producción económica mundial), el tercer año consecutivo en que las pérdidas superaron el billón de dólares (894.450 millones de euros). El sudeste asiático y África fueron los más afectados, con pérdidas equivalentes al 3,9% y 3,2% del PIB, respectivamente, en comparación con el 0,2% en Europa y el 1,5% en América.

   Los sectores agrícola y de la construcción, ambos con trabajos en gran parte al aire libre y físicamente exigentes, absorbieron la mayor parte de las pérdidas (38% y 29% respectivamente), porque el calor impacta directamente la productividad laboral de las personas y pone en riesgo la salud de los trabajadores. El impacto es particularmente pronunciado en África, donde la agricultura representa el 71% de las pérdidas de ingresos potenciales relacionadas con el calor.

   Más de la mitad de la superficie terrestre mundial (51,8%) se vio afectada por una sequía extrema durante al menos un mes en 2025, el segundo peor año registrado después de 2023. Desde 2016, el área afectada por la sequía ha crecido más de un 700% más rápido que en el período 2006-2015. Además, un nuevo análisis satelital identifica extremos crecientes en el almacenamiento de agua.

Desde 2003, el 43% de la superficie terrestre mundial ha experimentado una disminución a largo plazo en el almacenamiento de agua (se está volviendo más seca), mientras que otro 37% ha experimentado un aumento a largo plazo (se está volviendo más húmeda), creando en conjunto extremos hidrológicos que afectan a más del 80% de la superficie terrestre mundial y amenazan los cultivos, el suministro de alimentos y el saneamiento. Las lluvias muy extremas también se están volviendo más comunes, alcanzando casi el 17,2% de la superficie terrestre mundial cada año entre 2016 y 2025, frente al 14,8% de la década anterior, e incrementando el riesgo de inundaciones, deslizamientos de tierra y enfermedades transmitidas por el agua.

   La profesora Marina Romanello agrega: "El ritmo de aumento de muchas amenazas para la salud relacionadas con el clima se está acelerando, mientras que las muertes por calor vinculadas al cambio climático han alcanzado un máximo histórico, y el impacto económico está afectando con mayor dureza a los sectores y comunidades vulnerables. Los riesgos se vuelven aún más profundos si se considera cómo interactúan y se acumulan los diferentes peligros. Al mismo tiempo, la sequía se está extendiendo y el mundo está experimentando extremos hídricos: algunas zonas se secan, mientras que otras se inundan. No se trata de un empeoramiento gradual; es un cambio radical que debe reconocerse como la emergencia sanitaria mundial que es".

   Desde el Acuerdo de París de 2016, la energía más limpia, unos sistemas de salud más resilientes, una legislación más protectora de la salud y una creciente evidencia científica han aportado beneficios reales para la salud de las comunidades locales, pero estos avances siguen siendo demasiado lentos, insuficientes e inconsistentes para compensar los crecientes riesgos.

LAS ENERGÍAS LIMPIAS EVITAN MUERTES, PERO LOS COMBUSTIBLES FÓSILES SIGUEN DOMINANDO

   La inversión mundial en energía limpia creció un 7,2% en 2025, alcanzando la cifra récord de 2,1 billones de dólares, un 82% más que los 1,16 billones de dólares (1.040.752.000 euros) invertidos en combustibles fósiles. Esta inversión ha contribuido a que la electricidad renovable pasara del 5,5% de la generación total en 2016 al 13,5% en 2023. Los beneficios para la salud ya son evidentes: un aire más limpio evita aproximadamente 323.000 muertes al año en al menos 77 países donde la contaminación atmosférica procedente de combustibles fósiles ha disminuido desde 2016.

Sin embargo, el aumento de la demanda energética general y la lentitud del cambio sistémico implican que los combustibles fósiles siguen suministrando más del 80% de la energía mundial, y las emisiones que contribuyen al calentamiento global alcanzaron un máximo histórico en 2024. A pesar de los avances en algunos países, la contaminación atmosférica por combustibles fósiles sigue causando la muerte de aproximadamente 2,73 millones de personas al año en todo el mundo.

   Los sistemas de salud están tomando medidas tempranas importantes: una cuarta parte (56 de 194) de los Estados miembros de la OMS cuentan ahora con un plan nacional para adaptar los servicios de salud al cambio climático, frente a solo 14 en 2015, y 47 han completado por separado una evaluación de vulnerabilidad para fundamentar sus planes. Además de la planificación, casi la mitad de los Estados miembros de la OMS declararon contar ya con un sistema de vigilancia sanitaria que incorpora información climática, y más de la mitad (75 de 145 encuestados) declararon tener al menos un sistema de alerta temprana sanitaria con información climática. Es importante destacar que el informe concluye que los sistemas de alerta temprana sanitaria están frenando el aumento de muertes por fenómenos meteorológicos extremos en los lugares donde existen.

   El impulso legal también está creciendo. Las leyes nacionales que hacen referencia tanto al cambio climático como a la salud se han multiplicado por casi 50 desde el año 2000, la mayor parte desde 2016. La financiación para la investigación sobre salud relacionada con el clima también ha aumentado, un 655% entre 2016 y 2024, pasando de 42 millones de dólares a 316 millones de dólares, aunque casi la totalidad (el 84%) sigue destinándose a investigadores de los países más ricos del mundo, lo que deja lagunas en la evidencia donde los riesgos suelen ser mayores.

   El informe concluye que el progreso en la transición hacia fuentes de energía distintas a los combustibles fósiles sigue siendo insuficiente. Los planes de producción de combustibles fósiles están cada vez más desalineados con el objetivo de 1,5°C del Acuerdo de París, y las 100 mayores compañías de petróleo y gas del mundo planean producir un 150% más de combustibles fósiles para 2040 de lo que es compatible con mantener el calentamiento global en 1,5°C, frente al 138% previsto para 2025.

   Los planes de producción persisten a pesar del aumento de los precios de los combustibles fósiles, que ejerce presión sobre las finanzas públicas. En respuesta a las alzas de los precios de la energía, los subsidios netos mundiales a los combustibles fósiles alcanzaron niveles récord entre 2022 y 2024, y diez países gastaron más en ellos en 2024 que en sus sistemas de salud. Los subsidios netos se han duplicado desde 2016, y los países han destinado un total acumulado de 6,2 billones de dólares estadounidenses a estos subsidios desde la entrada en vigor del Acuerdo de París.

   A pesar de la imperiosa necesidad de abandonar los combustibles fósiles para proteger la salud y la vida, los intereses creados siguen obstaculizando el progreso. El informe detalla cómo el cabildeo y la desinformación por parte de los intereses de los combustibles fósiles y sus aliados políticos siguen debilitando el apoyo a la acción climática, a pesar de la creciente evidencia científica que vincula el cambio climático con la salud. El informe también constata que los gobiernos nacionales, las organizaciones internacionales y el sector privado participan ahora menos en temas de salud y cambio climático, revirtiendo los avances logrados anteriormente.

LANCET COUNTDOWN PIDE DECLARAR EL CAMBIO CLIMÁTICO UNA EMERGENCIA SANITARIA MUNDIAL

   Una década después del Acuerdo de París, los autores del informe piden que el cambio climático se declare formalmente una emergencia sanitaria mundial, que se cree un nuevo instrumento de la OMS que permita una respuesta global coordinada y que los gobiernos sitúen la salud en el centro de todas las decisiones climáticas, desde los objetivos de emisiones hasta la financiación climática. Entre las prioridades se incluyen reducciones urgentes y equitativas de las emisiones de gases de efecto invernadero, una inversión sostenida en ciencia y financiación climática para la salud mediante subvenciones en lugar de préstamos, para que los países puedan adaptarse sin contraer más deuda.

   "Este informe es una clara advertencia de que el cambio climático es una emergencia sanitaria. Lo que falta no son pruebas, sino la voluntad política para actuar", declara Helen Clark, ex primera ministra de Nueva Zelanda y presidenta del consejo de administración de Lancet Countdown.

"Los gobiernos deben redoblar sus esfuerzos en materia de acción climática y reactivar la cooperación internacional. Esto debe ir de la mano de una rápida reducción de las emisiones y un apoyo significativamente mayor a la adaptación, especialmente para las comunidades menos responsables del cambio cli7ático y más vulnerables a sus impactos".

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