Buen y mal uso y efectos secundarios de los opiáceos y las benzodiacepinas

Pastillas, fármacos
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Publicado 30/11/2018 14:40:16CET

MADRID, 30 Nov. (EUROPA PRESS) -

El médico psiquiatra de la unidad de Salud Mental del Hospital Vithas Nisa Valecia al Mar y de la unidad de Desintoxicación del Aguas Vivas / Ivane Salud, el doctor Miguel Harto, ha apuntado que no hay que "demonizar" los opiáceos y las benzodiacepinas "porque sus beneficios son muchos" pero ha insistido en que se utilicen de manera correcta.

La manera adecuada de usar estos fármacos es, según ha puntualizado el doctor Harto, prescribir la mínima dosis efectiva y el mínimo tiempo posible, tras valorar el riesgo de adicción al paciente y realizar un seguimiento estricto del mismo.

Los opiáceos alivian rápidamente muchos tipos de dolor agudo. Son fármacos que actúan bloqueando la percepción del dolor y estimulan las sensaciones de bienestar y placer. Son beneficiosos para paliar el dolor del cáncer, el dolor postquirúrgico o para cuidados paliativos.

"El problema aparece cuando se recetan para patologías de son de carácter crónico o de una intensidad moderada, ahí conllevan un alto riesgo de dependencia o abuso, pudiendo desembocar en un trastorno adictivo", ha explicado el doctor Harto.

Las benzodiacepinas, por su parte, tienen buenos resultados en cuadros de ansiedad, insomnio o depresión puntuales. Disminuyen el nivel de activación del organismo, produciendo un alivio de la sintomatología ansiosa junto con otros efectos como la relajación muscular y la sedación.

Estos trastornos pueden alargarse en el tiempo y si no se acompaña la medicación de un tratamiento psicológico o psiquiátrico "se puede llegar a abusar de ellas y llegar a generar una adicción", ha avisado el experto.

En diez años el consumo de opiáceos y benzodiacepinas se ha incrementado un 84 por ciento, según un informe de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. Entre un 3 y un 4 por ciento de la población española consume benzodiacepinas de manera habitual.

EFECTOS SECUNDARIOS

En primer lugar, por la duración del tratamiento o por las dosis elevadas, ambos fármacos pueden generar dependencia. El paciente se acostumbra a tomar el fármaco y no puede dejarlo porque en el momento que lo hagan aparecen los síntomas de la abstinencia.

Otro efecto es la tolerancia. Con el paso del tiempo el fármaco deja de hacer efecto, el cuerpo se acostumbra a él, y el paciente necesita dosis mayores para producir el mismo efecto.

Por último, se puede producir un fenómeno llamado coprescripción. "Muchos pacientes que tienen un problema de dolor suelen asociar también problemas de ansiedad o de insomnio. Se prescribe un opiáceo y a la vez una benzodiacepina, una hipnótico o un antidepresivo. Todo eso es un auténtico 'cocktail' para poder manejar todo lo que le pasa", ha explicado el doctor Harto.

"Cuando se le intenta retirar la medicación, el paciente no quiere porque se encuentra estable y se siente bien y ahí puede aparecer el trastorno adictivo", ha agregado el experto.

También hay que valorar sus efectos a nivel cognitivo, como la pérdida de concentración, los problemas de memoria y el descenso del rendimiento; a nivel psicomotor, como falta de reflejos o de habilidad motora; u otros problemas como mareos, vértigos y alucinaciones.

El experto ha matizado que "además hay que conocer bien a quién se recetan, porque son fármacos peligrosos para los ancianos por el riesgo de caídas o para personas que consuman alcohol, porque los efectos de las sustancias se multiplican y son más perjudiciales".

Para salir de esta situación, el doctor Harto ha indicado que la única solución es que el paciente quiera curarse. "Si no pone de su parte es imposible curarse. Tiene que ser consciente de la situación, saber que el consumo de estos fármacos escapa a su control y reconocer que necesita ayuda", ha concluido.