Archivo - Un estudio de la Asociación Endavant demuestra que la atención sontinuada tiene efecto a largo plazo en la salud de las mujeres. - DJEDZURA/ISTOCK - Archivo
PALMA 27 Mar. (EUROPA PRESS) -
Un estudio de la asociación Endavant sobre mujeres que participaron en programas de acompañamiento del Instituto Mallorquín de Asuntos Sociales (IMAS) ha demostrado que la atención continuada a mujeres víctimas de violencia de género reduce la depresión y la ansiedad un año después.
Según ha explicado la investigadora Marielva Rísquez, este estudio piloto, presentado en la sede de la Federación de la Pequeña y Mediana Empresa de Mallorca (Pimem), ha medido los resultados en la salud emocional de una quincena de personas en el periodo entre 2024 y 2025, mostrando que los efectos de los programas de salud emocional con enfoque de género tienen efectos positivos a largo plazo.
En concreto, en las 14 personas que continuaron en el programa, se detectó una estabilización de sus niveles de ansiedad y una reducción del índice de depresión del 4,37 al 3,64 en la Escala Hospitalaria de Ansiedad y Depresión (HADS).
El estudio también muestra que las intervenciones consolidan las herramientas de las participantes para regular sus emociones y suponen un incremento significativo de la autoestima, la autonomía y la capacidad de toma de decisiones de las víctimas de violencia de género.
Además, quienes participaron en el programa del IMAS mostraron, un año después, una mayor capacidad para identificar y comprender situaciones de violencia de género, incluidas las simbólicas e institucionales.
Este estudio se realizó con un grupo de trabajo del IMAS, compuesto por 15 personas -12 mujeres y tres hombres- de las cuales 14 se mantuvieron al año siguiente para medir los resultados. Aunque los resultados se centran en las mujeres, la investigadora ha afirmado que las herramientas que proporciona el programa son válidas independientemente del género, por lo que no afectan a los resultados obtenidos.
Según ha explicado Rísquez, las mujeres que participaron en el estudio procedían de nueve países diferentes, la mayoría de Latinoamérica, y todas, excepto una, se encontraban en situación irregular.
En este sentido, la investigación apunta que la continuidad de las beneficiarias de este tipo de programa no responde a la dependencia individual, sino a las desigualdades que afectan a las mujeres migrantes en contextos de precariedad.
En conclusión, los resultados respaldan la necesidad de consolidar políticas públicas que integren la salud emocional, la perspectiva de género y la inclusión social como eje estratégico en los programas de salud emocional.