Asma infantil: las 5 señales de alarma que las familias deben conocer

Archivo - Niño usando un inhalador de aerosol
Archivo - Niño usando un inhalador de aerosol - STEFAN TOMIC/ ISTOCK - Archivo
Infosalus
Publicado: martes, 18 agosto 2026 8:32

   MADRID, 18 Ago. (EDIZIONES) -

    El verano suele asociarse con una mejoría del asma infantil, pero los especialistas advierten de que se trata de una verdad a medias. Aunque disminuyen las infecciones respiratorias, otros factores como el polen, el ozono, las tormentas de verano, las piscinas cloradas, o el abandono del tratamiento pueden favorecer las crisis asmáticas. Saber identificar las señales de que el asma no está bien controlada y reconocer los síntomas de alarma puede ser clave para evitar complicaciones y disfrutar de unas vacaciones seguras.

   Entrevistamos en Europa Press Salud Infosalus al jefe de sección de Neumología y Alergia Pediátrica del Hospital Universitari i Politècnic La Fe, Valencia Miguel Tortajada Girbés, quien fue ponente de la sesión del 72 Congreso AEP titulada 'El asma grave en pediatría...¡Existe!', quien recuerda que la inmensa mayoría de los niños con asma tiene una enfermedad leve o moderada que se controla bien con dosis bajas o medias de corticoides inhalados.

   Además, el también profesor de pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia distingue en este contexto dos situaciones que dice que suelen confundirse:

   ·El asma difícil de tratar: en la que el niño no está controlado por una causa identificable y corregible -mala técnica con el inhalador, poca adherencia, exposición continuada a un desencadenante (exposición continuada al humo de tabaco o a alérgenos), que en torno a la mitad de los casos explican, al menos en parte, el mal control. o incluso un diagnóstico equivocado-, relativamente frecuente y que suele controlarse bien una vez corregida la causa.

   ·El asma grave verdadera, en la que el niño sigue mal controlado a pesar de tener buena técnica, buena adherencia y el tratamiento ya en los escalones más altos recomendados; es la minoría real y se estima que afecta a entre un 2% y un 5% de los niños asmáticos, sobre todo a partir de la edad escolar.

   "Los niños con asma grave suelen tener síntomas casi a diario, no sólo en las crisis, y sufren agudizaciones más frecuentes que, a veces, requieren tandas de corticoides orales, visitas a urgencias, o incluso ingresos hospitalarios. Su función pulmonar también suele estar alterada con más frecuencia entre una crisis y otra, y el impacto en su día a día -deporte, colegio, sueño- es mayor. A nivel biológico, mientras que el asma habitual responde bien a los corticoides inhalados, el asma grave a menudo implica una inflamación que no responde igual de bien, o incluso otros tipos de inflamación distintos", agrega.

   Además, señala que el asma grave verdadera requiere derivación a una unidad especializada en neumología o en alergia pediátrica, donde se estudia el mecanismo inflamatorio de cada niño y se valoran tratamientos biológicos reservados para estos casos. "El pronóstico también difiere: el asma habitual suele mejorar mucho en la adolescencia, mientras que el asma grave conlleva más morbilidad, más gasto sanitario y mayor riesgo a largo plazo de desarrollar enfermedad pulmonar obstructiva crónica en la vida adulta, con un curso menos predecible que exige un seguimiento médico mucho más estrecho", apunta el doctor Tortajada.

¿ESTÁ AUMENTANDO LA FRECUENCIA DEL ASMA GRAVE INFANTIL?

   Preguntamos a este experto si la prevalencia del asma grave pediátrica está aumentando, y señala que oscila entre un 2-5% del total de niños asmáticos, una cifra que aparece como relativamente estable en la literatura, y no como una tendencia claramente creciente.

   No obstante, sí advierte entre otros puntos de que hasta un 50% de los niños etiquetados con 'asma grave no controlada' tienen en realidad factores evitables o comorbilidades (mala adherencia, técnica inhalatoria incorrecta, exposición a alérgenos/tabaco, problemas psicosociales) que explican su mal control, no una gravedad biológica intrínseca, al tiempo que señala que hasta un 12-30% de los niños diagnosticados de asma grave tienen en realidad otra enfermedad que simula sus síntomas (fibrosis quística, discinesia ciliar, malformaciones de la vía aérea, disfunción de cuerdas vocales, etc.).

   Además, este experto resalta que las guías señalan que el cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos sí parecen estar incrementando la frecuencia de crisis graves, que cada vez, tal y como resalta, se diagnostican y derivan mejor: "Revisiones sistemáticas muestran que las olas de calor incrementan las hospitalizaciones por asma en torno a un 39% y las visitas a urgencias en un 34%, en parte por mayor contaminación (incendios), mayor supervivencia de virus respiratorios, y mayor concentración de alérgenos. Esto podría explicar un aumento en la frecuencia de crisis graves, aunque no necesariamente en la prevalencia de niños con fenotipo de asma grave subyacente".

   Ante este escenario, dice el doctor Miguel Tortajada Girbés que los tratamientos biológicos han cambiado el pronóstico de estos niños en la última década: "Todos han demostrado reducir las agudizaciones, mejorar la función pulmonar y, sobre todo, permitir eliminar las tandas de corticoides orales, cuyos efectos secundarios a largo plazo sobre el crecimiento, los huesos, o el metabolismo son una de las mayores preocupaciones en pediatría".

SEÑALES DE ALERTA

   Muchas familias se acostumbran a que su hijo tenga tos, pitos, o algo de fatiga de vez en cuando y no lo interpretan como un problema, tal y como advierte el jefe de sección de Neumología y Alergia Pediátrica del Hospital Universitari i Politècnic La Fe. Sin embargo), sí sostiene que estos síntomas -aunque parezcan leves o esporádicos- pueden ser la señal de que el asma del niño no está bien controlada y de que su tratamiento de fondo necesita ajustarse. Por eso, apunta que las cinco señales que no hay que pasar por alto son:

Síntomas durante el día con frecuencia: tos, pitos en el pecho, o sensación de ahogo más de dos días por semana.

Despertares nocturnos por culpa del asma: Un niño con la enfermedad bien controlada no debería despertarse por la noche a causa de la tos o la falta de aire.

Limitación de la actividad física: evita correr, jugar, o hacer deporte porque se cansa o se ahoga antes que el resto de niños de su edad.

Uso frecuente del inhalador de rescate (broncodilatador de acción rápida) más de dos veces por semana: Necesitar tres o más inhaladores de este tipo al año ya es, por sí solo, un indicador de mal control.

Crisis o ataques de asma repetidos, especialmente si alguno ha requerido una visita a urgencias.

   "Si la familia detecta tres o más de estas señales en la última semana, la recomendación es acudir al pediatra: es probable que sea necesario subir un escalón en el tratamiento preventivo", asegura el doctor Tortajada. Pero además, advierte de los casos en los que, aparte del mal control mantenido, existen signos de alarma que indican que una crisis puede ser grave y requiere atención médica urgente:

   Dificultad importante para respirar, hablar, o caminar con normalidad. Labios o dedos de color azulado o pálido. El pecho se hunde visiblemente al respirar. El inhalador de rescate no hace efecto o su efecto dura muy poco. Somnolencia excesiva, confusión o agitación intensa en el niño.

   "Ante cualquiera de estos síntomas, no se debe esperar y sí se debe buscar atención médica de inmediato. El objetivo es que el niño haga vida completamente normal. El buen control del asma no consiste en que el niño tenga 'algunos síntomas controlados', sino en que pueda jugar, hacer deporte, y dormir toda la noche sin toser ni despertarse. Esa es la referencia que deben tener en mente las familias: la ausencia casi total de síntomas, no su simple disminución", concluye.

Contador

Contenido patrocinado