Así afecta el cambio de hora al ritmo cardiovascular

Un reloj marca las 03.00 horas, a 14 de octubre de 2026, en Madrid (España).
Un reloj marca las 03.00 horas, a 14 de octubre de 2026, en Madrid (España). - Ricardo Rubio - Europa Press
Infosalus
Publicado: viernes, 23 octubre 2026 18:32

MADRID 23 Oct. (EUROPA PRESS) -

El cambio de hora de otoño, por el que se retrasaran los relojes una hora este fin de semana puede alterar transitoriamente el sueño, las comidas o la actividad cotidiana, además de la exposición a la luz, lo que altera el ritmo circadiano, que interviene en la regulación cardiovascular.

No obstante, la evidencia disponible no muestra un aumento consistente del riesgo de infarto asociado específicamente a la transición de otoño; la señal de riesgo cardiovascular es más clara, aunque modesta, tras el cambio de primavera, cuando se pierde una hora de sueño, señala José Luis Zamorano, jefe de servicio de Cardiología del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela.

En ambos casos indica que puede producirse una desalineación temporal del ritmo circadiano, que participa en la regulación del sueño, la presión arterial, la frecuencia cardiaca y la liberación hormonal.

El corazón y los vasos sanguíneos siguen una pauta diaria. La frecuencia cardiaca y la presión arterial varían según el momento del día y responden, entre otros factores, al sueño, la actividad física y los cambios hormonales. Cuando esas referencias se modifican de forma repentina, el cuerpo necesita unos días para volver a acompasar sus funciones con el nuevo horario.

"En una persona sana, el cambio de hora se traduce en una adaptación transitoria y no debe interpretarse como un riesgo cardiovascular por sí mismo. Lo habitual es que el organismo vaya recuperando progresivamente la coordinación entre sus ritmos internos y las nuevas referencias externas, por lo que los efectos asociados a este proceso suelen ser temporales", señala el doctor Zamorano.

Las alteraciones del ritmo circadiano están relacionadas con cambios en la regulación de la presión arterial y el equilibrio hormonal. Por ello, más que considerar el cambio de hora como una agresión directa al sistema cardiovascular, resulta útil observar si el descanso y el funcionamiento habitual se normalizan durante los días siguientes.

"Cansancio diurno, dificultad para conciliar el sueño o despertarse antes de lo habitual son manifestaciones frecuentes durante estos primeros días. En cambio, si aparecen palpitaciones persistentes, dolor en el pecho, dificultad para respirar o mareo intenso, conviene solicitar una valoración médica y no atribuir esos síntomas únicamente al cambio de horario", añade Zamorano.

En las personas mayores, estas modificaciones también pueden resultar más perceptibles. Con el paso de los años, el sueño tiende a ser más fragmentado y las variaciones bruscas de las rutinas pueden tardar algo más en incorporarse al día a día.

"Una hora de diferencia puede parecer mínima, pero modificar de forma brusca referencias muy asentadas puede traducirse en varios días de somnolencia o de dificultad para seguir las rutinas habituales, especialmente en personas mayores o con trastornos del sueño. Cuando sea posible, puede facilitarse la adaptación adelantando o retrasando gradualmente, durante los días previos, la hora de acostarse, levantarse y comer en intervalos pequeños, y manteniendo después horarios regulares. Si los cambios persisten o afectan de forma relevante al funcionamiento diario, conviene realizar una valoración individual", señala Miriam Piqueras, directora Médica de Sanitas Mayores.

Ante esta situación, los especialistas de Sanitas recomiendan algunas pautas para facilitar la transición al nuevo horario:

· Exponerse a la luz natural durante la mañana y reducir la luz intensa y el uso de pantallas antes de acostarse ayuda a sincronizar el reloj biológico y favorece el sueño nocturno. La actividad al aire libre puede aportar beneficios adicionales para el bienestar, pero no es necesario vincular esta recomendación específicamente a zonas verdes para explicar la adaptación al cambio horario.

· Mantener horarios estables de sueño y comidas. Conservar unas referencias regulares durante los días posteriores evita añadir más cambios a los que ya supone el nuevo horario.

· No intentar compensar el cansancio alterando en exceso la rutina. Las siestas largas o el consumo de cafeína a última hora suelen interferir con el descanso nocturno y dificultar la recuperación del patrón habitual.

· Consultar si aparecen síntomas persistentes o poco habituales. El cambio de hora no debe utilizarse para explicar cualquier molestia nueva. Si los síntomas cardiovasculares se mantienen, resulta aconsejable solicitar una valoración profesional. En este sentido, la videoconsulta facilita una primera evaluación y permite determinar si es necesario completar la atención de forma presencial.

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