MADRID 9 Abr. (EUROPA PRESS) -
El análisis del ADN mitocondrial (mtDNA) ha demostrado eficacia para medir la adaptación del cuerpo al ejercicio físico, por lo que puede servir como herramienta complementaria a la prueba de esfuerzo que mide la capacidad aeróbica máxima (VO2max), según han revelado investigadores de la Universidad Europea, la Universidad Complutense y la Politécnica de Madrid.
La investigación, publicada en 'Springer Nature Link', observó que los corredores con un alto nivel de entrenamiento tienen una cantidad de ADN mitocondrial en sus células sanguíneas mucho mayor que la de personas sedentarias, lo que significa que tienen mayor resistencia y capacidad para soportar esfuerzos prolongados.
"Esto nos da una 'foto' directa de la plasticidad celular, e información sobre los mecanismos moleculares en la adaptación al ejercicio", ha explicado la docente y coinvestigadora principal del ESBIDA (Ejercicio, Salud y Biomarcadores Aplicados) Research Group de la Universidad Europea, Tamara Iturriaga.
El equipo probó su hipótesis a través de un programa de entrenamiento de intervalos de alta intensidad (HIIT), en el que participaron 32 personas que no hacían ejercicio de forma regular durante seis semanas. En concreto, 17 personas siguieron el plan de entrenamiento y las otras 15 formaron un grupo de control sedentario.
Al finalizar, se midieron sus resultados a través de una prueba de VO2max y un análisis del ADN mitocondrial. Los participantes del grupo activo mostraron una mejora notable de su capacidad aeróbica y el ADN de las mitocondrias se vio incrementado, de media, en un 321,6 por ciento, frente al 12,8 por ciento que regitró el grupo de control.
"El ADN mitocondrial podría actuar como un chivato, un marcador que nos indica de forma indirecta que se están creando nuevas mitocondrias y que, por tanto, el cuerpo se está adaptando al ejercicio", ha resaltado la catedrática de Genética, coautora e investigadora principal del ESBIDA Research Group de la Universidad Europea, Catalina Santiago-Dorrego.
Sin embargo, el estudio apunta que la respuesta no fue igual para todos. Tras las seis semanas de entrenamiento, detectaron una alta variabilidad, con cerca de un 30 por ciento de participantes que apenas mostraron mejoras, un hallazgo que los autores han relacionado con el sobrepeso.
"Vimos una relación clara entre la falta de respuesta y una composición corporal menos favorable. Las personas con un mayor Índice de Masa Corporal (IMC) y un porcentaje de grasa más elevado tendían a no mejorar", ha detallado la catedrática de la Universidad Europea.
De este modo, la medición del ADN mitocondrial se confirma como una herramienta no invasiva y accesible que, lejos de reemplazar, potencia la clásica prueba de esfuerzo. Los resultados obtenidos contribuyen a que, en un futuro, se puedan personalizar los programas de ejercicio físico para que sean más efectivos.