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MADRID, 7 Ene. (EUROPA PRESS) -
Tras un ictus, algunas personas experimentan un trastorno del lenguaje que dificulta su capacidad para procesar los sonidos del habla, y en un nuevo estudio, investigadores de la Universidad de Standford (Estados Unidos) podrían haber encontrado el mecanismo que lo provoca.
CUANDO EL CEREBRO OYE, PERO NO ENTIENDE
En concreto, investigadores dirigidos por Laura Gwilliams, profesora del Instituto de Neurociencia Wu Tsai y Stanford Data Science, y profesora adjunta de la Facultad de Humanidades y Ciencias de Stanford, y Maaike Vandermosten, profesora asociada del Departamento de Neurociencias de la Universidad Católica de Lovaina (KU Leuven) en Bélgica, compararon los cerebros de 39 pacientes tras un ictus con los de 24 controles sanos de la misma edad para desvelar los mecanismos cerebrales del procesamiento del lenguaje.
Como se informa en su artículo en 'JNeurosci', los investigadores registraron la actividad cerebral mientras los voluntarios escuchaban una historia. Las personas con problemas de procesamiento del habla debido a un accidente cerebrovascular no fueron más lentas para procesar los sonidos del habla, sino que su procesamiento fue mucho más deficiente que el de los participantes sanos.
UN PROCESAMIENTO MÁS CORTO Y MENOS EFICAZ
Según los investigadores, esto sugiere que las personas con este trastorno del lenguaje pueden oír sonidos de todo tipo tan bien como las personas sanas, pero tienen dificultades para integrar los sonidos del habla para comprender el lenguaje.
Además, cuando había incertidumbre sobre las palabras que se decían, las personas sanas procesaban las características de los sonidos del habla durante más tiempo que quienes habían sufrido un ictus. Esto podría significar que, tras un ictus, las personas no procesan los sonidos del habla el tiempo suficiente para comprender con éxito las palabras difíciles de detectar.
Este trabajo señala patrones de actividad cerebral que podrían ser cruciales para comprender el lenguaje verbal, según los autores. De esta forma, plantean la necesidad de seguir explorando cómo este sencillo enfoque -escuchar una historia- puede utilizarse para mejorar el diagnóstico de afecciones caracterizadas por dificultades en el procesamiento del lenguaje, que actualmente implican horas de tareas conductuales.