Archivo - Joven morena, anorexia nerviosa o bulimia. Dieta, trastorno de conducta alimentario - MARHARYTA MARKO/ ISTOCK - Archivo
MADRID, 8 Sep. (EUROPA PRESS) -
Los trastornos alimentarios pueden afectar a adolescentes de cualquier entorno social. Durante años se ha asociado este tipo de problemas con determinados perfiles sociales, pero una revisión de 51 estudios apunta a una realidad mucho más amplia y pone el foco en un grupo que puede estar pasando desapercibido.
Determinados estereotipos sobre quién tiene más riesgo de desarrollar estos problemas podrían estar dificultando que algunos jóvenes sean identificados a tiempo.
LOS TRASTORNOS ALIMENTARIOS NO SOLO AFECTAN A FAMILIAS ADINERADAS
El estudio, publicado en el 'International Journal of Eating Disorders' y realizado en colaboración con investigadores del Hospital Universitario de Copenhague (Dinamarca), revisó datos de 51 estudios que involucraron a 26.174 adolescentes de países occidentales de América del Norte, Europa y Australia.
El estudio reveló que, contrariamente a los estereotipos comunes, los trastornos alimentarios no solo afectan a familias adineradas y con un alto nivel educativo, y que esta suposición puede llevar a que los adolescentes de entornos de bajos ingresos sean ignorados, no se les realicen suficientes pruebas de detección o no se les reconozca como personas en riesgo.
La autora principal, la doctora Nora Trompeter (Instituto de Salud Infantil Great Ormond Street de la UCL), expone: "Los trastornos alimentarios suelen estereotiparse como un problema de la riqueza, pero esta revisión demuestra que esta no es la imagen completa. Nuestro estudio ha revelado que los adolescentes de hogares con bajos ingresos y menor nivel educativo tienen, de hecho, más probabilidades de mostrar signos de trastornos alimentarios, no menos. Esto nos indica que los trastornos alimentarios son una preocupación en todo el espectro socioeconómico, y que los esfuerzos de prevención y tratamiento deben llegar a las familias que enfrentan desventajas económicas y sociales, que actualmente pueden estar siendo ignoradas."
Además de la anorexia, la bulimia y los trastornos por atracones diagnosticados, la revisión también incluyó síntomas de alerta temprana de trastornos alimentarios, como la restricción de alimentos, el ayuno, una mala imagen corporal y la sensación de presión por adelgazar.
LOS INGRESOS FAMILIARES, EL FACTOR MÁS CONSISTENTE
Los ingresos familiares mostraron la correlación más fuerte y consistente. Aproximadamente dos tercios de los estudios hallaron que los adolescentes de familias con bajos ingresos tenían más probabilidades de presentar síntomas de trastornos alimentarios, y ningún estudio halló lo contrario.
El análisis también reveló que los adolescentes cuyos padres tenían un mayor nivel educativo eran menos propensos a presentar síntomas de un trastorno alimentario. Por ejemplo, los adolescentes cuyos padres no asistieron a la universidad tenían aproximadamente un 25% más de probabilidades de reportar síntomas de trastornos alimentarios que los adolescentes cuyos padres sí fueron a la universidad.
Sin embargo, otros indicadores de origen socioeconómico, como el grado de privación de un barrio, el trabajo de los padres, las dificultades económicas o la recepción de ayudas gubernamentales, arrojaron resultados mucho más dispares e inconsistentes.
EL ESTEREOTIPO PUEDE DIFICULTAR LA DETECCIÓN
La doctora Nora Trompeter recalca: "Los trastornos alimentarios no discriminan por nivel de ingresos ni de educación. De hecho, la evidencia apunta en sentido contrario, y tratarlos como una condición propia de personas privilegiadas conlleva el riesgo de que los adolescentes que más necesitan apoyo queden sin diagnosticar y sin tratamiento".
Como resultado de sus hallazgos, los investigadores ahora hacen un llamamiento a los médicos, profesionales de la salud y orientadores escolares para que amplíen sus suposiciones sobre quién está en riesgo de sufrir un trastorno alimentario, con el fin de mejorar la detección temprana.
A esta idea, Trompeter añade: "Cuestionar los estereotipos obsoletos podría ayudar a reducir los diagnósticos erróneos y garantizar que los jóvenes que más lo necesitan reciban un tratamiento oportuno".