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MADRID, 12 Ene. (EUROPA PRESS) -
Más allá de sus rasgos estáticos, los gestos faciales dinámicos transmiten información crucial sobre estados internos, intenciones y jerarquías sociales. Si bien se sabe mucho sobre cómo el cerebro percibe los rostros, los mecanismos neuronales que generan los gestos faciales siguen siendo poco conocidos.
Cuando alguien sonríe de forma educada, frunce el ceño o muestra desaprobación con una mueca, el gesto es mínimo, pero el mensaje puede ser enorme. Los gestos faciales son una de las herramientas de comunicación más potentes en las sociedades de primates, capaces de transmitir emoción, intención y significado social en fracciones de segundo.
Durante décadas, la neurociencia sostuvo que existían dos sistemas separados en el cerebro: las áreas laterales del lóbulo frontal para los movimientos faciales voluntarios y las áreas mediales para las expresiones emocionales. Esta idea se apoyaba principalmente en estudios clínicos con personas que habían sufrido lesiones cerebrales específicas.
EL MITO DE LOS DOS CEREBROS PARA LAS EXPRESIONES
El cerebro prepara y produce los gestos faciales a través de una jerarquía temporalmente organizada de "códigos" neuronales, incluidas señales que aparecen mucho antes de que comience el movimiento, según señala un nuevo trabajo conjunto de la Universidad Rockefeller (Estados Unidos) y Universidad Hebrea de Jerusalén (Israel).
La investigación fue dirigida por el profesor Winrich A. Freiwald de la Universidad Rockefeller de Nueva York y el profesor Yifat Prut de ELSC en la Universidad Hebrea y se publica en 'Science'.
Cuando alguien sonríe cortésmente, muestra una mueca de reconocimiento o aprieta los labios en señal de desaprobación, el gesto es minúsculo, pero el mensaje puede ser enorme. Los gestos faciales se encuentran entre las formas de comunicación más poderosas en las sociedades de primates, transmitiendo emoción, intención y significado social en fracciones de segundo.
SEÑALES NEURONALES QUE APARECEN ANTES DEL MOVIMIENTO
Durante décadas, la neurociencia se ha basado en una división clara: las áreas corticales laterales del lóbulo frontal controlan los movimientos faciales deliberados y voluntarios, mientras que las áreas mediales rigen las expresiones emocionales. Esta perspectiva se forjó en parte a partir de la evidencia clínica obtenida en individuos con lesiones cerebrales focales.
Pero, al medir directamente la actividad de neuronas individuales en ambas regiones corticales, los investigadores descubrieron algo sorprendente: ambas regiones codifican gestos tanto voluntarios como emocionales y lo hacen de maneras que son distinguibles mucho antes de que ocurra cualquier movimiento facial visible.
En otras palabras, la comunicación facial parece estar orquestada no por dos sistemas separados, sino por una jerarquía neuronal continua, donde diferentes regiones contribuyen con información en diferentes escalas de tiempo, algunas rápidamente cambiantes y dinámicas, otras estables y sostenidas.
POR QUÉ LOS GESTOS FACIALES SON ACCIONES SOCIALES, NO REFLEJOS
El equipo descubrió de esta manera que el cerebro utiliza patrones de tiempo específicos de cada área que forman un continuo. Por una parte, la actividad neuronal dinámica refleja el rápido desarrollo del movimiento facial, como la coreografía muscular cambiante involucrada en una expresión.
Por otra, la actividad neuronal estable funciona más como una señal de "intención" o "contexto" sostenida, que persiste en el tiempo para respaldar un resultado socialmente apropiado. En conjunto, estos patrones de actividad permiten al cerebro generar gestos faciales coherentes que coinciden con el contexto: deliberados o espontáneos, socialmente calibrados y listos para la comunicación.
Los gestos faciales no son solo movimientos físicos. Son acciones sociales, y el cerebro las interpreta como tales. Es por ello que este descubrimiento ofrece un nuevo marco para la comprensión social y replantea la expresión facial como algo más sofisticado que un reflejo o una simple decisión: es el producto de una jerarquía neuronal coordinada que une emoción, intención y acción.
Además, al demostrar que múltiples regiones del cerebro trabajan en paralelo y cada una de ellas aporta diferentes códigos basados en el tiempo, el estudio abre nuevos caminos para explorar cómo el cerebro produce un comportamiento socialmente significativo.
"Los gestos faciales pueden parecer fáciles", señalan los investigadores, "pero la maquinaria neuronal detrás de ellos está notablemente estructurada y comienza a prepararse para la comunicación mucho antes de que comience el movimiento".