Archivo - La adicción al visionado de vídeos cortos en redes sociales actúa de manera similar a otras dependencias, según experta - FILADENDRON/ISTOCK - Archivo
MADRID, 24 Jun. (EUROPA PRESS) -
La psicóloga del área infanto-juvenil y de adultos del Hospital Hospiten Roca de Maspalomas (Las Palmas), Silvia Morales, ha alertado de que la dependencia del visionado de vídeos cortos en redes sociales "funciona de manera similar a otras adicciones".
De esta manera es como actúa esta obsesión, "aunque no esté formalmente catalogada en todos los manuales de diagnóstico", ha indicado esta representante del grupo sanitario Hospiten, el cual ha señalado que la adicción a las redes sociales "es un fenómeno muy presente". De hecho, ha asegurado que "su uso resulta prácticamente inevitable, especialmente entre los jóvenes".
Según ha afirmado esta entidad, "esta conexión constante y prolongada con las redes sociales está estrechamente relacionada con la procrastinación de tareas o asuntos importantes que se evitan por la incomodidad o malestar que provocan". "En su lugar, se recurre a recompensas inmediatas como mecanismo de alivio, siendo el consumo de contenido en redes sociales uno de los principales ejemplos", ha explicado.
"El visionado de redes sociales, vídeos breves, 'reels' o 'TikToks' activa el sistema de recompensa inmediata, haciendo que el cerebro evite exponerse a temas que son más incómodos", ha insistido, para añadir que "esto tiene un fundamento científico, y es que la amígdala que se encarga del control del miedo y de la ansiedad se sobreactiva cuando se percibe algo como una amenaza". "Paralelamente, la corteza prefrontal, responsable de controlar los impulsos, comienza a desactivarse", ha señalado.
En este contexto, ha divulgado que, entonces, "el cerebro ordena activar la acción más fácil y/o placentera". "Al buscar lo cómodo o lo gratificante de manera instantánea -como la inmersión en redes sociales-, se está, en cierto modo, escapando de la incomodidad que implica enfrentar la realidad o la toma de decisiones difíciles", ha abundado, para añadir que "el cerebro infantil es especialmente vulnerable a este visionado de vídeos cortos debido a que se encuentra en una etapa crítica para la neuroplasticidad, donde las conexiones neuronales se moldean según los estímulos que reciben".
"El consumo excesivo de este formato se asocia con un menor volumen cerebral en áreas clave, como el lóbulo temporal, parietal y, fundamentalmente, el frontal, afectando principalmente a la corteza prefrontal, siendo esta región la responsable del control de impulsos, la toma de decisiones y la autorregulación emocional", han proseguido desde Hospiten, al tiempo que han declarado que "la hiperestimulación con vídeos cortos puede provocar una maduración más lenta de estas conexiones, teniendo como resultado comportamientos impulsivos o disruptivos".
LIBERAN DOPAMINA
Al hilo, han subrayado que "los cambios constantes en este tipo de vídeos acostumbran al cerebro a la gratificación inmediata, dificultando la concentración en tareas más lentas como leer o estudiar". "Cada vídeo actúa como una recompensa que libera dopamina, reforzando la búsqueda de estímulos rápidos e intensos", han apuntado, para incidir en que, "como consecuencia, otras actividades más pausadas pueden resultar menos atractivas o incluso aburridas".
"La sobrecarga de información rápida puede desbordar la memoria de trabajo, impidiendo que la información se procese correctamente y se almacene a largo plazo, produciéndose un retraso en el lenguaje, un peor desarrollo de las áreas de este y menores habilidades de comunicación", ha manifestado en este sentido Morales, quien ha agregado que "cuando hay sobreexposición a vídeos cortos ocurre una dificultad en la autorregulación, ya que el uso de los mismos para calmar berrinches (el 'chupete digital') impide que el niño desarrolle sus propias estrategias para gestionar el aburrimiento o la frustración".
Además, Hospiten ha señalado que "otras de las consecuencias de esta sobreexposición es la alteración del sueño, la baja autoestima, la ansiedad y la depresión", lo que "se debe, en parte, a que el tiempo dedicado a las redes sociales suele desplazar las horas de descanso necesarias para mantener una buena Salud Mental". Junto a ello, "puede derivar en la ansiedad social, especialmente en adolescentes, pudiendo presentar riesgo de obesidad por sedentarismo y problemas de visión", ha indicado.
"Afortunadamente, gracias a la plasticidad cerebral, estos efectos pueden revertirse o mitigarse si se reduce el tiempo de exposición y se fomenta la interacción con estímulos del mundo real", ha declarado al respecto Morales, mientras que este grupo sanitario ha advertido de que "para detectar un uso problemático o adictivo, los padres pueden observar si el menor presenta irritabilidad y ansiedad, con reacciones desproporcionadas, enfado o tristeza cuando se les retira el dispositivo o se limita el tiempo de conexión".
También, ha citado "manifestación de aislamiento social, pues prefieren estar conectados en lugar de participar en reuniones familiares o con amigos; abandono de responsabilidad, descuidando tareas escolares, higiene personal o pérdida de interés en hobbies que antes disfrutaban; uso como escape, cuando recurren a la red para evadir problemas reales, sentimientos de culpa o tristeza y la pérdida de control, cuando presentan incapacidad para limitar el tiempo de uso, incluso si reconocen que les está perjudicando".
Ante ello, ha mostrado su apuesta por "establecer unos límites en cuanto a horarios, ofrecer alternativas saludables fomentando activades al aire libre, deporte o lectura, así como servir de modelo con un uso moderado y responsable, y hablar e informar sobre los riesgos de la tecnología".