Publicado 08/07/2022 08:16

Trastorno disfórico menstrual, ¿qué es y cómo reconocerlo?

Archivo - Mujer tumada con dolor abdominal.
Archivo - Mujer tumada con dolor abdominal. - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / VERTIGO3D - Archivo

   MADRID, 8 Jul. (EDIZIONES) -

   Hay mujeres que acusan una irritabilidad mayor, depresión o incluso ansiedad una o dos semanas antes de tener la menstruación y acaba al terminar en los primeros días de la menstruación o al acabar la misma. Durante el síndrome premenstrual a veces es normal tener esas sensaciones, pero de forma más leve. Esta situación, llamada trastorno disfórico premenstrual (TDPM) puede llegar a incapacitar la vida diaria de la mujer.

   Entre sus posibles causas, "todavía no muy explícitas", se encontrarían entre otros los factores genéticos o hereditarios, o bien los factores hormonales, según subraya la psicóloga Marián del Álamo, que ha escrito junto a la dietista-nutricionista Miriam Vitoria Losantos 'Mi ciclo menstrual. Una perspectiva integral: psicología y nutrición' (Oberon), al tiempo que apunta que el TDPM es más frecuente entre las mujeres de 20 a 35 años, o en aquellas con ciclos más irregulares.

   "Tener ciertos síntomas premenstruales es normal. De hecho, conocerte y saberlos identificar es maravilloso para ir relacionándote con tu ciclo e ir conociendo más sobre cómo se relaciona contigo. Ya sea como predicción de este, o como autoconocimiento, para poner acción en el autocuidado durante el mismo", explica.

   Ahora bien, sí advierte de que si los síntomas son "extremadamente incómodos y severos" se podría hablar del trastorno disfórico premenstrual, que padecen entre el 5-8% de mujeres: "Provoca alteraciones emocionales más severas que el simple cambio antes de la menstruación, además de somáticas, lo que lleva a la mujer menstruante a una dificultad por sobrellevar actividades cotidianas. Por ello es tan importante detectarlo y ponernos manos a la obra en su trabajo porque así podremos mejorar, sobre todo, la calidad de vida".

DIFERENCIAS CON EL SÍNDROME PREMENSTRUAL

   Según precisa, lo que diferencia el TDPM del síndrome premenstrual es que "es muy exacerbada la sintomatología", de forma que incapacita a la mujer en su vida diaria. "Te viene la regla y te incapacita porque tienes una tristeza muy intensa, irritabilidad, ira, estás tensa en exceso, el cansancio es extremo, todo te afecta a la concentración, eres incapaz de concentrarte, presentas ataques de pánico, incluso comes de forma compulsiva, lloras o tienes un mal humor muy exacerbado", agrega.

   El síndrome premenstrual, según prosigue Del Álamo, son síntomas que generan malestar y que nos avisan de que va a venir la regla pero en el trastorno de disforia premenstrual hay ciertas variables que avisan de que hay algo más: "Mucha sintomatología que incapacita más y es más molesta y con mucho hincapié en esa parte emocional y somática de la persona".

   De hecho, precisa que el trastorno está recogido en el DSM-V o 'Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales' de la Asociación Americana de Psiquiatría, la guía que clasifica todas las patologías de salud mental, y los criterios diagnósticos del TDPM comprenden la presencia de al menos 5 síntomas, siendo, al menos uno de ellos, estos: tristeza, desesperanza o autodesaprobación; tensión, ansiedad o impaciencia; estado de ánimo marcadamente lábil, al que se añade llanto frecuente; irritabilidad o enfado persistentes y aumento de los conflictos interpersonales.

   En concreto, señala que han de estar presentes en la última semana antes del inicio de la menstruación, empezar a mejorar unos días después del inicio de la misma, o desaparecer en la semana después de la menstruación.

    A su vez, indica que uno o más de los siguientes síntomas también ha de estar presente, junto con el seleccionado anterioremente, hasta hacer 5: pérdida de interés por las actividades habituales, a lo que puede asociarse un cierto distanciamiento en las relaciones sociales; dificultad para concentrarse; sensación de fatiga, letargia o falta de energía; cambios acusados del apetito, que a veces pueden acompañarse de atracones o de antojos por una determinada comida; hipersomnia o insomnio; sensación subjetiva de estar rebasada o fuera de control; síntomas físicos como hipersensibilidad o crecimiento mamario, dolores de cabeza o sensación de hinchazón o ganancia de peso, con dificultad para ajustarse la ropa, el calzado o los anillos.

   Por eso, Del Álamo insiste en que siempre hay que consultar con un especialista cuando notemos que nuestra vida se ve incapacitada en el día a día por síntomas así, cuando notamos un malestar significativo, que nos impide llevar una vida normal.

   No hay unas pruebas clínicas para realizar el diagnóstico, según prosigue, si bien indica que este se logra gracias a una "buena historia clínica de la paciente", donde se analiza su ciclo menstrual, si ha tomado anticonceptivos, cuáles son los hábitos de vida de la persona, a la vez que se realiza una evaluación psicológica de la paciente.

CÓMO SE MANEJA EL TDPM

    En primer lugar la psicóloga ve necesario un abordaje integrativo a la hora de hacer frente a este trastorno, con cambios en el estilo de vida, a nivel nutricional, con psicoeducación, con una fase de aceptación del problema; aprender a identificar emociones y a gestionarlas; gestión del estrés (mindfulness, atención plena, aceptación, autocuidado, técnicas de relajación); recursos específicos como aportar ciertas técnicas que puedan ayudar en estos casos a cada mujer. "Cada persona es un mundo y cada una puede precisar de unas herramientas diferentes", subraya.

    Finalmente, Del Álamo reconoce que como su diagnóstico no se logra bajo pruebas de laboratorio, sino que requiere de una buena historia clínica, dice que las pacientes pueden sentirse frustradas y no entendidas, pensando que solo a ellas les sucede. "Aunque sí que es cierto que en nuestra sociedad se ha normalizado gran parte de la sintomatología, esto puede hacer sentir aún más frustración y resignación frente a la sintomatología, haciendo sentir a la mujer que no tiene, ni tendrá el control de sus síntomas nunca, potenciando así el malestar emocional y la frustración frente al problema. Por lo que es tan necesario empoderar a las mujeres", sentencia.