Archivo - Imagen de recurso de una mujer con EPOC. - ESTEVE TEIJIN - Archivo
MADRID 2 Mar. (EUROPA PRESS) -
La neumóloga y directora médica de Linde Médica, Sandra Vañes, ha señalado que la incidencia de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) ha aumentado entre las mujeres, lo que, a su juicio, obliga a replantear el diagnóstico y el abordaje clínico con perspectiva de género.
La experta ha recordado que, durante décadas, la EPOC fue considerada una patología casi exclusivamente masculina. Sin embargo, en la actualidad, la brecha entre sexos se ha reducido drásticamente. De hecho, en algunos países occidentales la mortalidad por EPOC ya es igual o incluso superior en mujeres que en hombres.
Así, ha subrayado que los datos ponen de relieve una realidad epidemiológica distinta a la de hace treinta años: más mujeres viven con EPOC, muchas debutan a edades más tempranas y un porcentaje significativo continúa sin diagnosticar.
"La EPOC en mujeres tiene particularidades epidemiológicas, biológicas y psicosociales que debemos integrar en el diagnóstico y el manejo. Es una EPOC con matices propios. Reconocerlos no divide, sino que mejora la atención", sostiene la experta.
La evidencia científica ha confirmado la existencia de estas particularidades. A nivel biológico, existen factores anatómicos (vías aéreas proporcionalmente más estrechas) y diferencias en la respuesta inflamatoria y el metabolismo del humo.
"Las mujeres no solo tienen un calibre bronquial menor, sino que existen diferencias hormonales y en la expresión de determinados mediadores inflamatorios que pueden influir en cómo el pulmón responde a la agresión crónica del humo. También se han descrito variaciones en la forma en que metabolizan ciertos componentes tóxicos del tabaco, lo que podría favorecer un daño más precoz o más intenso con la misma exposición", ha explicado Vañes.
En lo que respecta a la manifestación de la enfermedad, también hay evidencia científica que avala que la EPOC no se manifiesta igual en mujeres que en hombres. "En los hombres predomina más la destrucción del tejido pulmonar profundo, especialmente de los pequeños sacos donde el pulmón capta el oxígeno. Ellas debutan a edades más tempranas, suelen presentar mayor intensidad de disnea para el mismo grado de obstrucción, menos expectoración y un componente bronquial más marcado, además de mayor frecuencia de exacerbaciones y de solapamiento con asma. Asimismo, a igualdad de exposición al tabaco, las mujeres parecen desarrollar mayor obstrucción pulmonar", asegura Vañes.
Las diferencias también son reseñables a nivel sistémico. "En mujeres con EPOC son significativamente más frecuentes patologías como la ansiedad y depresión, la osteoporosis y riesgo de fractura, y la desnutrición y sarcopenia, mientras que en los hombres predominan las comorbilidades cardiovasculares y metabólicas", comenta la experta.
En cuanto al tratamiento, las guías clínicas actuales no establecen diferencias terapéuticas por sexo y los broncodilatadores y la rehabilitación pulmonar muestran beneficios similares en hombres y mujeres. No obstante, algunos análisis sugieren que ellas podrían presentar mejor respuesta a corticoides inhalados y mayor adherencia y beneficio en oxigenoterapia domiciliaria, aunque la evidencia todavía es limitada.
"No se trata de tratar diferente por sistema, sino de comprender mejor las diferencias para poder personalizar mejor la atención. Necesitamos ensayos clínicos que analicen los resultados estratificados por sexo", insiste Vañes.
INFRADIAGNÓSTICO Y PEOR CALIDAD DE VIDA
Según la especialista, esta distribución influye directamente en la calidad de vida. Diversos estudios muestran peor percepción de salud y mayor limitación funcional en mujeres, incluso con similar función pulmonar. Sin embargo, la supervivencia tras hospitalización por exacerbación es mejor en mujeres. En un estudio de cohortes publicado en 'Thorax', el riesgo ajustado de mortalidad tras ingreso por EPOC fue aproximadamente 1,45 veces mayor en hombres.
En este impacto en la calidad de vida influye el diagnóstico tardío. Diversos trabajos han señalado que las mujeres con EPOC son infradiagnosticadas con mayor frecuencia y, en ocasiones, etiquetadas inicialmente como asmáticas o incluso como pacientes con trastornos de ansiedad. "Ese retraso diagnóstico implica iniciar el tratamiento más tarde y llegar a consulta con mayor carga sintomática y peor calidad de vida. La EPOC en mujeres no solo es diferente; también ha sido menos reconocida", advierte Vañes.
Ante este escenario, los especialistas coinciden en que es imprescindible reforzar la sospecha clínica de EPOC en mujeres con disnea persistente, incluso con menor carga tabáquica; incorporar de forma sistemática la evaluación de ansiedad, depresión y salud ósea en su seguimiento; evitar la minimización de síntomas atribuyéndolos a causas emocionales; y promover campañas específicas de prevención tanto del tabaquismo como de mejora de la calidad del aire interior.
"Ignorar estas diferencias no nos hace más equitativos, nos hace menos precisos. Integrar la perspectiva de sexo y género en la investigación y en la práctica clínica es el primer paso para ofrecer una atención más justa, más personalizada y, en definitiva, más eficaz", ha finalizado Vañes.