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MADRID, 15 Ene. (EUROPA PRESS) -
Las embarazadas con enfermedad inflamatoria intestinal (EII) presentan niveles más altos de moléculas inmunitarias proinflamatorias, conocidas como citocinas, en la mucosa vaginal que las mujeres sanas, según un nuevo estudio de la Facultad de Medicina Chan de la Universidad de Massachusetts (Estados Unidos).
Publicado en 'PLOS One', el estudio también sugiere que las dietas de mayor calidad, con más verduras y menos azúcares añadidos, se asocian con niveles más bajos de citocinas proinflamatorias en mujeres embarazadas con y sin EII.
Se sabe que las embarazadas con EII presentan un mayor riesgo de resultados adversos en el embarazo, incluido el parto prematuro. Estas mujeres también son más propensas a padecer vaginosis bacteriana, una afección relacionada con resultados adversos en el embarazo. Sin embargo, se conocía poco sobre el entorno vaginal en las embarazadas con EII en comparación con sus contrapartes sanas.
En el nuevo estudio, los investigadores reclutaron a un total de 48 embarazadas en el tercer trimestre: 23 con diagnóstico de EII (18 con enfermedad de Crohn y 5 con colitis ulcerosa) y 25 sanas. Más de la mitad de las participantes con EII se encontraban en remisión al momento del reclutamiento. Las participantes se tomaron muestras vaginales y completaron tres evaluaciones nutricionales de su ingesta alimentaria, dirigidas por un entrevistador.
Los investigadores descubrieron que las embarazadas con EII, a pesar de tener bacterias similares en la mucosa vaginal que las personas sanas, presentaban una mayor expresión de citocinas proinflamatorias, específicamente IL-6, IL-8 e IL-17, y una menor expresión de una citocina inmunorreguladora: IFN-, y una citocina antiinflamatoria: IL-4.
En todas las mujeres, con y sin EII, una mayor ingesta de verduras o una menor ingesta de azúcares añadidos se asoció con mayores niveles del microbio beneficioso Lactobacillus crispatus, menores niveles del proinflamatorio IFN- y mayores niveles de IL-4 antiinflamatoria.
El estudio se vio limitado por el tamaño modesto de la muestra y el hecho de que las muestras se recolectaron únicamente en el tercer trimestre, lo que impidió evaluar los cambios a lo largo del embarazo o extraer conclusiones sobre la causalidad. Sin embargo, los autores afirman que las embarazadas con EII presentan un entorno vaginal proinflamatorio incluso en remisión, lo que podría explicar su mayor riesgo de parto prematuro.