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MADRID, 21 May. (EUROPA PRESS) -
La demencia, incluida la enfermedad de Alzheimer, afecta a las mujeres con mayor frecuencia que a los hombres, una disparidad que ha suscitado una creciente atención científica. De hecho, de los siete millones de adultos que viven con la enfermedad de Alzheimer, casi dos tercios son mujeres. Si bien las mujeres tienden a vivir más tiempo, la longevidad por sí sola no explica completamente la diferencia en la evolución de la enfermedad de Alzheimer.
Los investigadores de todo el mundo están analizando cómo la combinación de factores biológicos, sociales y de estilo de vida contribuye a este desequilibrio, en particular aquellos que pueden modificarse con el tiempo.
POR QUÉ LAS MUJERES TIENEN MÁS RIESGO DE DEMENCIA
Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de California en San Diego (Estados Unidos) han descubierto que las mujeres no solo presentan una mayor carga de ciertos factores de riesgo modificables de demencia, sino que también parecen ser más vulnerables a sus efectos sobre la función cognitiva.
El estudio, que analizó datos de más de 17.000 adultos de mediana edad y mayores, se publica en la revista 'Biology of Sex Differences'.
"Más allá de los factores de riesgo más comunes, descubrimos que algunos tienen un impacto desproporcionadamente mayor en la cognición de las mujeres", aporta Megan Fitzhugh, doctora en neurociencias, profesora adjunta de la Facultad de Medicina de la UC San Diego y primera autora del estudio.
"Esto sugiere que las medidas de prevención podrían ser más efectivas si se adaptan no solo a la prevalencia de los factores de riesgo, sino también a la intensidad con la que cada factor afecta la cognición en mujeres en comparación con los hombres", señala.
En el nuevo estudio, Fitzhugh y Judy Pa, doctora en neurociencias, profesora de la Facultad de Medicina de la UC San Diego y autora principal del estudio, evaluaron 13 factores de riesgo de demencia establecidos y modificables utilizando datos del Estudio de Salud y Jubilación, una cohorte representativa a nivel nacional de adultos estadounidenses de mediana y avanzada edad. Estos factores incluyeron el nivel educativo, la pérdida auditiva, el tabaquismo, el consumo de alcohol, la obesidad, la depresión, la inactividad física y afecciones cardiometabólicas como la hipertensión y la diabetes.
DEPRESIÓN, SEDENTARISMO Y SUEÑO: FACTORES EN MUJERES
El análisis reveló claras diferencias basadas en el sexo en la prevalencia de estos factores de riesgo. Las mujeres tenían más probabilidades que los hombres de reportar depresión (casi el doble de frecuente en mujeres que en hombres: 17% frente a 9%); inactividad física (48% frente a 42%) y problemas de sueño (45% frente a 40%). Además, las mujeres también presentaban un nivel educativo medio ligeramente inferior, un factor de riesgo conocido para el deterioro cognitivo en la edad adulta.
Los hombres, por otro lado, tenían mayores índices de pérdida auditiva (64% frente a 50%); diabetes (24% frente a 21%); consumo excesivo de alcohol (22% frente a 12%).
La hipertensión era común en ambos grupos, afectando a aproximadamente seis de cada diez participantes, mientras que el índice de masa corporal promedio en ambos sexos se situaba en el rango de sobrepeso a obesidad.
Más allá de la prevalencia, el estudio halló que varios factores de riesgo se asociaban con mayor fuerza a un peor rendimiento cognitivo en las mujeres. Por ejemplo, las afecciones cardiovasculares y metabólicas, como la hipertensión y un IMC elevado, mostraron una asociación negativa más marcada con la cognición en las mujeres en comparación con los hombres. Sin embargo, la pérdida auditiva y la diabetes (ambas más comunes entre los hombres) se vincularon con puntuaciones cognitivas más bajas en las mujeres.
Estos hallazgos sugieren que un mismo factor de riesgo puede no tener la misma relevancia en ambos sexos. Una afección que se asocia moderadamente con el deterioro cognitivo en los hombres puede tener un efecto sustancialmente mayor en las mujeres, lo que amplifica su contribución general al riesgo de demencia.
"Estas diferencias resaltan la importancia de considerar el sexo como una variable clave en la investigación sobre la demencia. Las diferencias de sexo se pasan por alto profundamente en muchas de las principales causas de muerte, como el Alzheimer, las enfermedades cardíacas y el cáncer", comenta Pa.
Los resultados del estudio coinciden con una tendencia más amplia hacia la medicina de precisión: el desarrollo de estrategias de prevención y tratamiento adaptadas a las características individuales, incluido el sexo. En lugar de centrarse únicamente en los factores de riesgo más comunes en la población, los hallazgos sugieren que podría ser más eficaz priorizar aquellos con mayor impacto cognitivo dentro de cada grupo.
Los investigadores destacan que estos factores de riesgo son modificables, lo que ofrece oportunidades concretas para la intervención. Por ejemplo, esto podría implicar prestar mayor atención al manejo de la depresión, aumentar la actividad física y mejorar la salud cardiovascular (como la hipertensión no tratada) en las mujeres, dado que estos factores están estrechamente relacionados con la salud cognitiva.
De cara al futuro, Fitzhugh y Pa abogan por una mayor investigación para comprender mejor los mecanismos biológicos y sociales que impulsan las diferencias de género en los factores de riesgo del Alzheimer. Las influencias hormonales, la susceptibilidad genética y las desigualdades en el acceso a la atención médica pueden influir, pero se necesita más trabajo para esclarecer cómo interactúan a lo largo del tiempo.
"En definitiva, una comprensión más profunda de estas diferencias podría ayudarnos a diseñar intervenciones más inteligentes y específicas", asegura Fitzhugh. "Ese es un paso fundamental para reducir la carga de la demencia para todos, pero especialmente para las mujeres, que se ven afectadas de manera desproporcionada".