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MADRID, 12 Feb. (EUROPA PRESS) -
Las pacientes embarazadas que dejaron de tomar sus medicamentos antidepresivos durante el embarazo tuvieron casi el doble de probabilidades de experimentar una emergencia de salud mental en comparación con las pacientes embarazadas que continuaron tomando su receta, según una nueva investigación de la Universidad de Pensilvania en Filadelfia (Estados Unidos).
Los resultados se presentan en la Reunión de Embarazo 2026 de la Sociedad de Medicina Materno-Fetal (SMFM) que se celebra en Las Vegas.
Los trastornos de salud mental son la principal causa de mortalidad materna en Estados Unidos. El embarazo puede agravar la depresión, la ansiedad y otros trastornos psiquiátricos preexistentes. La depresión no tratada o tratada de forma insuficiente durante el embarazo conlleva riesgos para la salud, como suicidio, parto prematuro, preeclampsia y bajo peso al nacer. Los datos disponibles muestran que el uso de antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) durante el embarazo no se asocia con anomalías congénitas, problemas de crecimiento fetal ni problemas de desarrollo a largo plazo.
Los investigadores examinaron registros anónimos de Independence Blue Cross, una base de datos de seguros privados del estado, de 3.983 pacientes que dieron a luz entre el 1 de enero de 2023 y el 31 de diciembre de 2024. A todas las pacientes se les había diagnosticado depresión/ansiedad antes del embarazo y tenían una receta activa para un antidepresivo ISRS o un IRSN (inhibidor de la recaptación de serotonina y norepinefrina) tres meses antes del embarazo.
Los investigadores del estudio no encontraron diferencias en las visitas ambulatorias o a urgencias por problemas de salud mental antes del embarazo entre las pacientes que continuaron tomando antidepresivos y las que no. Sin embargo, las pacientes que suspendieron su tratamiento antidepresivo durante el embarazo presentaron un riesgo casi dos veces mayor de sufrir una emergencia de salud mental (como riesgo de suicidio, sobredosis de sustancias y psicosis), con picos en el primer y noveno mes de embarazo.
"Estos hallazgos, si bien no son del todo sorprendentes para quienes trabajan con pacientes embarazadas que padecen afecciones de salud mental, son muy importantes para considerar en las políticas de salud materna", comenta la investigadora principal Kelly B. Zafman, becaria de medicina materno-fetal en el Hospital de la Universidad de Pensilvania.
"Este trabajo subraya la necesidad de tomar en serio la salud mental de las pacientes embarazadas y ofrecer la gama completa de opciones de tratamiento, incluidos los medicamentos cuando sea clínicamente apropiado. Enfrentar la crisis de salud mental materna es esencial para reducir la morbilidad y la mortalidad materna en los Estados Unidos", afirma.