Archivo - Mujer multitarea limpiando la casa. - PEOPLEIMAGES/ISTOCK - Archivo
MADRID, 7 Nov. (EDIZIONES) -
Recordar las citas médicas, anticipar qué falta en casa, organizar los horarios y comprobar que todo salga adelante también es trabajo, aunque no se vea. Es la carga mental que, según una encuesta de Procter & Gamble, afecta a tres de cada cuatro mujeres en España, mientras un 40% desconoce el concepto y un 45% nunca ha hablado de ello con nadie.
Isabel Morales Gil, investigadora y directora del Máster en Psicología General Sanitaria de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), nos explica en este reportaje en exclusiva con Europa Press Salud Infosalus cómo esta responsabilidad continua puede interferir en el descanso y en el bienestar, qué señales conviene atender, y por qué aliviarla exige compartir algo más que las tareas.
"La carga mental es el trabajo invisible que hay detrás de las tareas visibles del día a día. No son tareas excepcionales. Es poner una lavadora, darse cuenta de que no queda detergente, recordar que el uniforme del colegio tiene que estar limpio el jueves, hacer el bizum de turno por un cumpleaños, eso es carga mental. No consiste en hacer, sino en pensar, anticipar, decidir, y vigilar que las cosas se hagan", destaca.
Indica que este concepto no es nuevo, ya que la socióloga Susan Walzer le puso nombre en 1996, aunque es en los últimos años cuando se ha empezado a hablar de ello con naturalidad. "Se diferencia fundamentalmente del estrés puntual en que no tiene un final claro. Un pico de trabajo termina. La carga mental, en cambio, es una lista que nunca acaba y se cierra y que, además, que se renueva cada día. Por eso desgasta incluso en el sofá: el cuerpo aparentemente descansa, pero la cabeza sigue funcionando en segundo plano, repasando y anticipando. Es como tener muchas pestañas abiertas en el ordenador. Aunque no las mires, siguen consumiendo batería", detalla esta experta.
LA CONCILIACIÓN FAMILIAR Y EL PROTAGONISMO DE LA MUJER
Dice Morales Gil que, actualmente, la conciliación multiplica la carga mental porque obliga a gestionar varios frentes a la vez, y con frecuencia esa gestión recae sobre una sola persona dentro de la familia, siendo en la mayor parte de los casos una mujer: "Si mencionamos algunos datos, se ve de forma clara esta realidad. Por ejemplo, en una encuesta europea de 2024, con 9.600 madres de 11 países de la UE, entre ellos España, y del Reino Unido, más del 67% afirmó sentirse mentalmente sobrecargada".
Aquí resalta también que, en el caso de España, el barómetro de FEDEPE indica que el 87,4% de las mujeres reconoce que la sobrecarga laboral y familiar daña su salud física, y el 88,7% su salud mental, con cifras todavía mayores entre quienes crían solas.
"Por tanto, lo que queda claro es que repartir tareas no basta. Si yo tengo que pedirte que bajes la basura, recordarte que hay que comprar el regalo del cumpleaños, y comprobar después que lo has hecho, la tarea se ha delegado a medias, porque la responsabilidad sigue siendo mía. El verdadero cambio no está en ayudar, sino en hacerse cargo: que cada persona asuma ámbitos completos de principio a fin, incluyendo pensar en ellos", subraya esta psicóloga.
Es más, pone en valor en este punto que la carga mental no es un mero problema de organización individual, ni tampoco una falta de capacidad de quien la sufre: "Es una cuestión de reparto, y por tanto dependerá de una solución compartida. El objetivo no debería ser que las mujeres aguanten mejor, sino que haya corresponsabilidad real en casa, y medidas de conciliación eficaces en las empresas".
POSIBLES SEÑALES DE CARGA MENTAL Y CUÁNDO PEDIR AYUDA
En este contexto, remarca que son muchas las personas que la padecen sin saber que lo que les ocurre tiene nombre, y el hecho de identificar este problema cree que "ya es un primer paso", y "fundamental", ya que permite entender que ese agotamiento "no es una debilidad personal, sino la consecuencia de sostener demasiado durante demasiado tiempo".
Así, indica Isabel Morales Gil, investigadora y directora del Máster en Psicología General Sanitaria de la Universidad Internacional de La Rioja, que algunas señales frecuentes que se observan de carga mental son:
·La sensación de no llegar nunca a todo.
·Una notable dificultad para concentrarse.
·Tener olvidos de forma frecuente.
·Aumento de la irritabilidad.
·Tener la sensación de ser imprescindible ('si no lo hago yo, no lo hace nadie').
·Dificultad para disfrutar del ocio porque la mente sigue en lo pendiente.
·El insomnio destaca con esa lista mental activa: acostarse y empezar a repasar mentalmente lo que queda aún por hacer.
Aquí destaca esta especialista que lo que entendemos por cansancio cotidiano mejora con un buen fin de semana o unos días de vacaciones, a diferencia de la carga mental. Por eso, considera que conviene pedir ayuda cuando el descanso ya no repara, cuando el malestar se mantiene durante semanas, cuando aparecen una tristeza persistente, o una notable ansiedad, así como los problemas de sueño que se mantienen en el tiempo, o bien una serie de síntomas físicos sin causa aparente, o cuando la persona siente que ha perdido el control de su vida o que ya no se reconoce. "Pedir ayuda no es un fracaso. Es una forma de cuidarse antes de que el problema se agrave", asevera esta psicóloga.
ESTRATEGIAS REALISTAS PARA REDUCIR LA CARGA MENTAL
A la hora de aportar consejos o estrategias para afrontar la carga mental, Morales Gil considera que lo primero que hay que hacer es sacar la lista de la cabeza: "Escribir lo pendiente, en papel o en una aplicación compartida, libera mucho espacio mental, porque el cerebro deja de tener que recordarlo".
Lo segundo, hacer visible lo invisible: sentarse en pareja o en familia y enumerar todo lo que implica sostener una casa suele ser revelador, porque muchas tareas ni siquiera se perciben hasta que se les pone nombre. "Para compartir realmente la responsabilidad funciona mejor repartir ámbitos o áreas completas más que tareas sueltas. Por ejemplo, que una persona se encargue de todo lo relacionado con el pediatra, desde pedir cita hasta recordar las vacunas. Y aquí hay algo importante: quien suelta un ámbito también tiene que soltar el control y aceptar que el otro lo haga a su manera. Aquí la confianza es fundamental", reconoce la directora del Máster en Psicología General Sanitaria de la UNIR.
En cuanto a las prioridades, opina que ayuda el preguntarse qué es realmente urgente, qué puede esperar, y qué puede dejar de hacerse en un momento determinado. "No todo tiene que hacerse ya, ni hacerse perfecto. Poner límites también significa aceptar un suficientemente bien", asegura.
A la hora de desconectar de lo que tenemos pendiente, esta psicóloga reconoce que una técnica sencilla que podemos destacar es hacer un pequeño cierre del día: dedicar unos minutos, siempre a la misma hora, a anotar lo que queda pendiente para el día siguiente día. "Es una manera de decirle a la mente 'esto ya está registrado, puedes soltarlo'", apunta.
También ayudan las rutinas de transición entre el trabajo y la casa, reducir pantallas antes de dormir, y buscar actividades que ocupen la atención por completo, como el ejercicio, la música, o activar el área social, porque es difícil repasar la lista mientras se está realmente presente en otra cosa.
Aquí tenemos el siempre protagonista sentimiento de culpa, tal y como subraya, por lo que considera Morales Gil que conviene recordar que el descanso no es un premio que se gana cuando todo está todo perfectamente hecho, porque nunca va a estar todo hecho. "Descansar es una necesidad, igual que comer o dormir. Cuidarse no es egoísmo: nadie puede sostener a los demás si está agotado. A algunas personas también les ayuda planificar ese tiempo propio como una cita más en la agenda, bien subrayada, para que deje de depender de que 'sobre' tiempo", concluye.