Publicado 13/08/2015 07:59CET

Botox: un aliado frente al dolor tras el cáncer de mama

Cáncer de mama, pecho, quiste
GETTY/ZOONAR RF

   MADRID, 13 Ago. (INFOSALUS) -

   Las secuelas del cáncer de mama pueden reducir la calidad de vida de las mujeres que han pasado por esta enfermedad. Aún son muchas las que no consultan por sentir un dolor residual derivado de las operaciones y los sucesivos tratamientos porque en algún momento alguien les dijo que lo importante era seguir vivas.

   Además de las secuelas más conocidas de la operación del cáncer de mama como el linfedema (la inflamación del brazo asociado al pecho operado por la extirpación de los ganglios linfáticos), los tratamientos de radio y quimioterapia, la cirugía de expansores para la reconstrucción mamaria o los implantes mamarios, dejan los tejidos del tórax femenino en una fragilidad capaz de ocasionar un dolor remanente y diario que altera en gran medida la calidad de vida de estas mujeres.

   Según explica a Infosalus la doctora Concepción Cuenca, médico adjunto de la Unidad de Linfedema del Servicio de Rehabilitación del Hospital Universitario Clínico San Carlos de Madrid, la aplicación de toxina botulínica en mujeres que cumplen los requisitos permite que entre 10 y 15 días después noten sus efectos y podrían no requerir de más fisioterapia, o reducir el número de sesiones, ni medicaciones.

   Cuenca añade que es posible pasar de lo que en términos médicos es un escalón 3 en la medicación analgésica (opioides fuertes) a un primer escalón que requiere de una analgesia moderada e incluso quitar la medicación. Tras la intervención, las indicaciones pasan por realizar ejercicios pautados en casa.

   El Hospital Universitario Clínico San Carlos de la Comunidad de Madrid atiende a una población de aproximadamente 350.000 habitantes y de esta terapia, que comenzó en este hospital en 2014, se han beneficiado hasta ahora 20 mujeres que se suman a las ya atendidas en el también madrileño Hospital Universitario 12 de octubre desde hace ya cuatro años.

   El dolor derivado de la enfermedad se debe a la irritación de las terminaciones nerviosas del área tratada (dolor nociceptivo), por un mal funcionamiento del sistema nervioso derivado de los tratamientos (dolor neuropático) e incluso puede ser mixto. Además, las secuelas en los tejidos o el dolor también pueden dar lugar a limitaciones en la capacidad articular para levantar el brazo de forma lateral, "la toxina relaja el músculo que está hipertónico y la paciente puede levantar entonces el brazo".

   El trabajo de la doctora Cuenca no supone una novedad, como ella misma señala al referirse a cómo se formó en la técnica en el Hospital 12 de Octubre. Su último estudio sobre la aplicación con éxito de toxina botulínica en una paciente que dependía de los analgésicos opioides para huir del dolor diario recibió una mención honorífica en el X Forum Interdisciplinar Internacional del Dolor.

¿CÓMO ACTÚA EL BOTOX?

   La toxina botulínica actúa a nivel nociceptivo sobre los receptores del dolor. Relaja la musculatura y aumenta la movilidad. También funciona en los puntos gatillo, unas localizaciones musculares que tienden a acumular tensión y a ocasionar dolor.

   Según explica a Infosalus la doctora Cuenca, el tratamiento es bastante rentable en términos económicos ya que la suma del coste de los fármacos opioides, la fisioterapia o el tratamiento en la unidad del dolor supera con creces el precio de un vial de toxina botulínica que se inyecta en una única sesión.

   La doctora señala que la mejora para las pacientes en su calidad de vida es destacable como se desprende de la reducción en las escalas de depresión y ansiedad de los cuestionarios autocompletados.

   "Lo que menos les gusta a las pacientes es el pinchazo en la zona de la axila, se tarda más tiempo en los preparativos que en el pinchazo en sí que puede llevar 30 segundos y las pacientes que dicen haber sentido temor luego comentan con alivio que no ha sido nada", apunta Cuenca, que añade que quienes sufren más dolor en el día a día no dudan en ningún momento en someterse al tratamiento.

   Este dolor crónico es más común entre las mujeres que pasaron por las antiguas cirugías que suponían mastectomías amplias. "Estas secuelas de dolor se pueden solucionar, tienen una mejoría dentro de lo que supone un proceso crónico. Si el botox no va bien tiene un efecto reversible, el inconveniente es que hay que repetir la infiltración ya que de 3 a 6 meses después pasan sus efectos", apunta Cuenca.

   Preparar la mama para una reestructuración mediante expansores, un aparato que se infla con líquido para que la piel vaya expandiéndose, o el proceso de implante también ocasionan dolor. Se plantea además la posibilidad de que la toxina botulínica sea eficaz en mamas amputadas ya que se ha empleado para remediar el dolor de miembro fantasma, aunque esta aplicación aún no se ha evaluado.

   "Cuando se sufre el síndrome del dolor postmastectomía de forma diaria durante más de tres meses, también se padece un agotamiento psicológico, el fármaco no sólo funciona a nivel local sino que también mejora el ánimo", concluye la doctora Cuenca.