Archivo - Mujer haciendo deporte. - KALI9/ISTOCK - Archivo
MADRID 17 Mar. (EUROPA PRESS) -
El 40 por ciento de las mujeres que realizan más de tres horas de ejercicio a la semana pueden sufrir la tríada de la mujer deportista, un conjunto de tres trastornos relacionados con el deterioro de la salud ósea, alteraciones menstruales y deficiencia energética, según una investigación liderada por la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).
La investigadora del FoodLab -Grupo interdisciplinario en alimentación, nutrición, sociedad y salud- y profesora de los estudios de Ciencias de la Salud de la UOC, Laura Esquius de la Zarza, ha asegurado que "todas las mujeres físicamente activas son susceptibles de la tríada de la mujer deportista, independientemente del deporte practicado".
En este estudio, publicado en la revista científica 'Journal of the International Society of Sports Nutrition', participaron 1.154 mujeres, desde practicantes recreativas hasta deportistas de élite del Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat del Vallès (Barcelona), con edades entre los 15 y los 45 años.
Según la primera firmante de la tesis doctoral sobre estos trastornos, Ana Torres Dos Ramos, y dirigida por Esquius de la Zarza, ha detallado que existen factores que incrementan el riesgo de sufrir la tríada de la mujer deportista, como "la participación en deportes estéticos, disciplinas centradas en la delgadez o deportes de categoría de peso".
Las presiones sobre el peso, la apariencia en el entorno deportivo y la exposición del cuerpo de las deportistas aumentan el riesgoo de "insatisfacción corporal" y ello deriva en conductas alimentarias desordenadas. De hecho, según los datos de este estudio, el 24,3 por ciento de las deportistass presentó riesgo de sufrir un trastorno alimentario subclínico y el 7,3 por ciento, de registrar un trastorno alimentario clínico.
"La deficiencia energética puede desarrollarse a través de diversas vías, como la pérdida de peso intencionada, sin que exista patología alimentaria, o la ingesta insuficiente involuntaria", ha señalado Esquius de la Zarza.
Estos resultados pueden considerarse representativos del conjunto de España, ya que el estudio confirmó "una distribución homogénea en todo el territorio nacional, con representación de todas las provincias españolas".
Además, el riesgo de sufrir este síndrome médico puede traducirse en alteraciones menstruales clínicas y subclínicas -como amenorrea hipotalámica funcional-, baja densidad mineral ósea, infertilidad y un mayor riesgo de lesiones óseas por estrés, entre otras consecuencias para la salud. En los casos más graves, el daño ósea puede ser irreversible.
PREVENCIÓN DE TRASTORNOS
Para prevenir este síndrome, las autoras recomiendan prestar atención al ciclo menstrual e incorporar programas de educación menstrual "desde edades tempranas y dirigidos a ambos sexos". A su vez, es importante que exista información accesible y actualizada sobre la necesidad de una "ingesta alimentaria adecuada" ue cubra todos los requerimientos energéticos resulta esencial.
"El entorno deportivo y personal de las deportistas debe ser consciente del daño que pueden causar determinadas presiones relacionadas con el peso y el tamaño corporal. Es necesario erradicar estereotipos de género y creencias alejadas de la evidencia, como la idea errónea de que el rendimiento deportivo o el éxito competitivo dependen del peso corporal, así como prácticas de control de peso que resultan desaconsejadas y contraproducentes", ha sostenido Torres Dos Ramos.
En este proceso, es relevante que los profesionales de la salud y del ejercicio físico conozcan la tríada de la mujer deportista y sus complicaciones, "dada su alta prevalencia y las graves consecuencias que puede tener para la salud".
Por ello, las investigadoras han denunciado la infrarrepresentación de las mujeres en la investigación en ciencias de la actividad física y el deporte. "Se ha reportado un 6 por ciento de las publicaciones centradas exclusivamente en mujeres y gran parte de las directrices actuales se basan en estudios realizados con participantes masculinos, cuyos resultados se generalizan sin considerar las diferencias anatómicas, fisiológicas y endocrinológicas entre sexos", ha recalcado Torres Dos Ramos.
Las autoras han incidido, por último, en que la evidencia científica respalda un enfoque basado en la "equidad en el deporte y el ejercicio, comprometido con la erradicación de estereotipos de género, prejuicios y prácticas discriminatorias", que permitiría cuestionar los "discursos hegemónicos sobre los cuerpos de las mujeres y avanzar hacia una visión que acepte y celebre la diversidad corporal".