Archivo - Imagen de recurso de un cerebro. - ISTOCK. - Archivo
MADRID 25 Sep. (EUROPA PRESS) -
La neurofisióloga del Hospital del Mar de Barcelona Alba León ha destacado los resultados de una técnica de neuromodulación que ha mostrado mejoras significativas en distintas medidas cognitivas y síntomas afectivos, además de restaurar redes cerebrales alteradas en pacientes con Alzheimer.
"La evidencia científica sobre TPS en Alzheimer está creciendo y los resultados son prometedores, pero todavía deben considerarse como evidencia en desarrollo", ha apuntado León durante su participación en en la celebración de las IV Jornadas de Actualizaciones en Neuromodulación, organizadas por la Sociedad Española de Psiquiatría Clínica (SEPC).
La estimulación transcraneal por impulsos (TPS) es una técnica de neuromodulación cerebral no invasiva que utiliza pulsos acústicos de baja intensidad, aplicados de forma repetida y focalizada para estimular determinadas regiones del cerebro.
Su principal aplicación clínica en la actualidad es como tratamiento complementario en pacientes con enfermedad de Alzheimer, ya que, aunque todavía no se conoce completamente su mecanismo de acción, se ha demostrado que los pulsos acústicos producen un estímulo mecánico sobre el tejido cerebral que puede modificar la actividad de las neuronas y producir cambios en la vascularización y en las redes cerebrales, favoreciendo procesos relacionados con la plasticidad cerebral y la conectividad funcional.
Durante la jornada, la neuropsicóloga Paloma Álvarez ha presentado los resultados obtenidos desde el Instituto Andaluz de Salud Cerebral con una veintena de pacientes con Alzheimer tratados en condiciones de práctica clínica real. Los pacientes recibieron un protocolo inicial de seis sesiones de TPS, aplicando un total de 6.000 pulsos en cada sesión, durante dos semanas, y los autores comparamos su rendimiento neuropsicológico antes y después del tratamiento.
"El resultado que más nos llamó la atención fue que encontramos una mejoría significativa del rendimiento cognitivo global, con un tamaño del efecto moderado-alto, y que aproximadamente el 83 por ciento de los pacientes mostró un cambio cognitivo positivo en relación a la valoración previa", ha explicado Álvarez, que ha destacado que las funciones que más parecían beneficiarse de la técnica, con un cambio especialmente consistente, fueron las visuoespaciales y visuoconstructivas y algunas medidas relacionadas con la memoria, mientras que, en otras áreas como el lenguaje, el funcionamiento se mantuvo más estable.
"Son resultados esperanzadores, pero nuestra muestra todavía es pequeña y se trata de un estudio naturalístico, sin grupo control. Por eso hablamos de una asociación entre el tratamiento y la mejoría, pero con este diseño todavía no podemos establecer una relación causal", ha reflexionado la neuropsicóloga, que ha querido resaltar, no obstante, que sus resultados "van en la misma dirección" que lo que se viene observando en la literatura científica.
No en vano, un ensayo aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo, realizado en 60 pacientes y publicado recientemente, ha mostrado una mejoría significativa en las funciones cognitivas, memoria y síntomas depresivos en los pacientes, así como cambios en la conectividad funcional en áreas relacionadas con la memoria.
MANTENER MÁS CAPACIDADES DURANTE MÁS TIEMPO
Como han destacado las dos expertas durante sus intervenciones en las IV Jornadas de Actualizaciones en Neuromodulación, la TPS se plantea como un tratamiento complementario. Es decir, no sustituye al tratamiento farmacológico ni a las intervenciones no farmacológicas habituales. Tampoco se trata de una terapia curativa, ni que haya demostrado frenar o modificar de forma definitiva la evolución de la enfermedad.
"Su posible aportación es diferente. Lo que se pretende es modular el funcionamiento de los circuitos cerebrales afectados por la enfermedad, con el objetivo de mejorar o mantener durante más tiempo determinadas funciones cognitivas y aspectos relacionados con el estado emocional y la calidad de vida", ha apuntado León.
Su opinión la ha secundado Álvarez : "El quid de la cuestión para nosotros es que, en una enfermedad como el Alzheimer, mantener función ya tiene mucho valor. No se trata necesariamente de recuperar capacidades que ya se han perdido o de pretender que se mantengan estables permanentemente, sino de intentar conservar durante más tiempo las que todavía están presentes y favorecer que el paciente mantenga su autonomía y calidad de vida el máximo tiempo posible".
FACILITAR LA INCORPORACIÓN DE LA TÉCNICA A LA PRÁCTICA CLÍNICA
Según Álvarez, el perfil de paciente en el que, actualmente, tiene "más sentido" plantear el uso de la TPS es el de una persona con enfermedad de Alzheimer en fase leve o moderada, "siempre como tratamiento complementario y no como sustituto del tratamiento médico habitual".
El hecho de que, como ha señalado León, se trate de una técnica no invasiva, ambulatoria, que no requiere anestesia ni cirugía, que presenta un excelente perfil de tolerabilidad y seguridad y que tiene la capacidad de ofrecer una estimulación personalizada y adaptada a las necesidades de cada paciente, la convierten en una herramienta muy interesante.
El dispositivo 'Neurolith' cuenta con marcado CE desde 2018 para el tratamiento de pacientes con enfermedad de Alzheimer, como tratamiento complementario al manejo habitual. Sin embargo, la TPS todavía no está implantada de forma generalizada como tratamiento asistencial del Alzheimer en los hospitales públicos españoles, y su disponibilidad sigue siendo bastante limitada.
Ambas expertas han señalado la importancia de seguir generando evidencia para definir el papel de la TPS dentro de la práctica asistencial y facilitar su incorporación a la sanidad pública.