Publicado 06/03/2020 13:54:13CET

Sialoendoscopia, una técnica recomendada para tratar la inflamación de las glándulas salivares

Sialoendoscopia.
Sialoendoscopia. - HOSPITAL NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO

MADRID, 6 Mar. (EUROPA PRESS) -

Para las patologías obstructivas del conducto salivar, que hasta hace poco tiempo se trataban con cirugía, es aconsejable optar por técnicas menos invasivas como la sialoendoscopia, según la jefa del Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Nuestra Señora del Rosario, Nieves Mata.

Tal y como aclara, las glándulas salivares, encargadas de producir la saliva, se localizan a ambos lados de la cara (parótidas) y en el cuello, debajo de la mandíbula (submaxilares), y pueden inflamarse por una infección de un virus (parotiditis), la obstrucción del drenaje de la saliva (estrechamiento del conducto salivar, cálculos o tapones mucosos) o la presencia de un tumor benigno o maligno.

No obstante, los riesgos de la intervención quirúrgica sin que exista una enfermedad tumoral son muy altos, según la experta, que aboga por la mencionada sialoendoscopia. "La extirpación de una parótida malfuncionante (parotidectomía) expone al paciente al riesgo de lesionar el nervio facial durante la disección, ya que este nervio recorre el espacio entre los lóbulos superficial y profundo de la parótida, y queda expuesto en la cirugía", ha explicado la experta.

"La sialoendoscopia es, en el momento actual, una alternativa para el tratamiento de cálculos y de tapones mucosos del conducto salivar, que evita la realización de incisiones en el cuello para extirpar la glándula enferma", aclara la especialista.

Así, la sialoendoscopia es una técnica que permite el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades del conducto salivar sin necesidad de cirugía abierta y, sobre todo, sin extirpar la glándula enferma.

En concreto, este procedimiento, indicado en pacientes con inflamaciones de repetición de la glándula parótida o de la submaxilar causadas por cálculos, estenosis o tapones mucosos, explora la vía salivar mediante endoscopios milimétricos.

Se utiliza un endoscopio semirrígido, de 1,3 milímetros de diámetro, que se introduce a través del orificio de salida en la boca del conducto salivar. La fibra óptica recorre en sentido inverso el camino que utiliza la saliva desde la glándula hasta la boca, unos 5 centímetros, explorando los conductos en busca de estrecheces (estenosis), tapones mucosos o cálculos (litiasis) que obstruyen el flujo normal de la saliva. La extracción de los cálculos se lleva a cabo con cestas que se introducen por el canal de trabajo del endoscopio.

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