Actualizado 08/02/2017 12:13 CET

Reemplazar la microbiota habitual a través de un trasplante fecal puede ser eficaz en el tratamiento de niños autistas

Autismo, niño
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MADRID, 8 Feb. (EUROPA PRESS) -

Reemplazar la microbiota habitual a través de un trasplante fecal puede ser eficaz en el tratamiento de niños autistas, tal y como ha mostrado un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Ohio (Estados Unidos) y que ha sido publicado en la revista 'Microbiome'.

Para alcanzar esta conclusión, los expertos sometieron a niños de entre 6 y 17 años con autismo a un trasplante fecal, comprobando que se mejoraba sustancialmente, tras ocho semanas de seguimiento, los síntomas relacionados con la alteración gastrointestinal y los del comportamiento relacionado con el lenguaje, interacción social y conducta repetitiva. Además, se volvían menos hiperactivos, irritables y letárgicos.

"La explicación se esconde en las sustancias generadas por la microbiota implantada, como ácidos grasos de cadena corta, vitaminas y neuromediadores como serotonina, triptófano y GABA así como de una serie de toxinas e interacciones fagos bacterias que son capaces de mejorar profundamente los síntomas de los niños con una microbiota fecal renovada. Sin embargo, se necesitan más estudios controlados doble ciego y de placebo, ya que todavía no está aclarada la pauta. Se trata de una iniciativa que permite cambiar la orientación en esta dolencia", ha señalado el presidente de la Asociación de Microbiología y Salud (AMYS), Ramón Cisterna.

PAPEL DE LA DIETA EN LA COMPOSICIÓN DE LA MICROBIOTA

De hecho, en los últimos años, la relación entre neurociencia y microbiología se ha hecho más estrecha tras el descubrimiento de la "enorme" influencia de determinados tipos de microbiota en nuestro comportamiento. "No debe pasarse por alto esta posibilidad de corregir, mediante lo que algunos llaman psicomicrobioticos, algunas de estas alteraciones, sin olvidarnos del papel influyente que aporta la dieta en la composición de esta microbiota y sus posibles beneficios", ha apostillado Cisterna.

Hasta el momento, casi todas las evidencias de esta conexión cerebro-intestino provienen de la experimentación animal, principalmente en ratones, pudiendo establecer relación entre la microbiota intestinal y la aparición de cuadros como enfermedad de Párkinson o de otra naturaleza como ansiedad y depresión.

"Existen varios estudios que encuentran, una relación positiva entre la administración de determinados componentes, como 'Bifidobacterium infantis', o 'Bifidobacterium longun', 'Lactobacillus helveticus' o distintas especies de 'Lactobacillus', y el control de la ansiedad o depresión. Por el contrario, también existe una relación negativa como la que se da con la administración de 'Campylobacter jejuni' que conduce experimentalmente a una situación de ansiedad permanente, o la de Bacteroides asociada a depresión", ha zanjado.