Archivo - Los psicólogos clínicos reivindican su papel en la prevención del suicidio más allá de su intervención en las crisis - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / SEMIH YOLACAN - Archivo
MADRID, 4 Sep. (EUROPA PRESS) -
La Sociedad Española de Psicología Clínica (SEPC-ANPIR) ha reivindicado el papel de estos profesionales sanitarios en la prevención del suicidio y más allá de su intervención en las crisis, ya que considera que ayudan a "construir vidas habitables".
"Prevenir el suicidio no puede reducirse a detectar personas en riesgo cuando ya se encuentran en una situación crítica", han indicado en este sentido desde su Grupo de Trabajo de Prevención, Intervención y Posvención de la Conducta Suicida, al tiempo que han señalado que, por ello, se mantiene un "compromiso científico, sanitario y humano" en esta materia.
Con motivo de la celebración, el 10 de septiembre, del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, han incidido en que la prevención requiere anticiparse al sufrimiento, fortalecer los factores que hacen posible una vida sostenible, mejorar la accesibilidad a los cuidados, reducir las desigualdades, intervenir sobre los contextos de vulnerabilidad y ofrecer tratamientos psicológicos especializados cuando aparecen las primeras manifestaciones de la conducta suicida.
Los expertos, que han transmitido este mensaje en el contexto de que, según los últimos datos definitivos del Instituto Nacional de Estadística (INE), 3.953 personas murieron por suicidio en España durante 2024, han recordado que, pese a un descenso del 4 por ciento respecto a 2023, esta causa continúa siendo la segunda externa de fallecimiento en el país. Además, es más acusada en hombres, con 2.902 decesos entre ellos, por 1.051 fallecidas.
CONTINUO DE EXPERIENCIAS Y SITUACIONES
De cualquier forma, han insistido en que las cifras de mortalidad ofrecen una imagen incompleta de este fenómeno, ya que la conducta suicida comprende un continuo de experiencias y situaciones que incluye la ideación, la planificación, los intentos, los reintentos, las autolesiones, las crisis y también el impacto sobre las personas supervivientes y sobre los propios profesionales.
Por ello, han reclamado "avanzar hacia una nueva cultura de prevención, capaz de integrar el conocimiento científico con una comprensión profundamente humana de la conducta suicida". Para lograrlo, abogan por "fortalecer modelos asistenciales especializados, accesibles, flexibles y humanizados", así como por reforzar el Sistema Nacional de Salud (SNS) con más psicólogos clínicos "para garantizar una prevención e intervención especializada, accesible y de calidad ante la conducta suicida".
"El suicidio no puede ser entendido exclusivamente como la consecuencia de un trastorno mental ni como el resultado de la acumulación de determinados factores de riesgo", han explicado, tras lo que han declarado que es "un fenómeno humano complejo y multidimensional, en el que interactúan variables psicológicas, biográficas, relacionales, sociales, políticas, tecnológicas y contextuales".
Así, la intervención clínica es imprescindible, pero no puede constituir por sí sola toda la prevención, ya que también es pertinente atender las condiciones que favorecen el sufrimiento, los vínculos que se pierden, los apoyos que no están disponibles y las barreras que dificultan que una persona pueda pedir ayuda. Por tanto, "existen determinantes que pueden incrementar la vulnerabilidad suicida", han afirmado.
PROMOCIÓN DE LA SALUD MENTAL
Con todo, han subrayado que "la Psicología Clínica debe estar presente en la promoción de la salud mental, en las estrategias dirigidas a la población general, en la prevención de colectivos en situación de especial vulnerabilidad y, por supuesto, en la atención especializada de las personas que presentan ideación, planificación, intentos o crisis suicidas".
En este punto, han expuesto una serie de aspectos necesarios, como la promoción de la salud física y mental, el fortalecimiento de la conexión social y comunitaria, las campañas de sensibilización, la lucha contra el estigma y la promoción de la búsqueda de ayuda. "La prevención comienza cuando somos capaces de transformar la información sobre el riesgo en decisiones de cuidado, acompañamiento y tratamiento", han asegurado.
Todo ello "no es una responsabilidad exclusiva del sistema sanitario, sino una tarea compartida que requiere la implicación de las políticas públicas, los servicios sociales, la educación, la comunidad, los medios de comunicación y otros agentes sociales", han concluido desde este Grupo de Trabajo de la SEPC-ANPIR.