Archivo - Imagen de recurso de un oftalmólogo. - SEB_RA/ ISTOCK - Archivo
MADRID 11 Mar. (EUROPA PRESS) -
El director médico de Baviera, Gonzalo Muñoz, ha recordado la importancia de la detección temprana y las revisiones periódicas para frenar la progresión del glaucoma, una enfermedad ocular crónica.
"El glaucoma puede desarrollarse de manera silenciosa y progresiva, por eso las revisiones periódicas son esenciales. Detectarlo a tiempo permite aplicar tratamientos que protejan la visión antes de que se produzcan daños irreversibles en el nervio óptico", ha señalado el doctor en el marco del Día Mundial del Glaucoma, que se celebra el 12 de marzo.
Según ha explicado el experto, el glaucoma es una enfermedad ocular crónica que afecta al nervio óptico, encargado de transmitir la información visual al cerebro. Su principal característica es que provoca una pérdida progresiva de la visión. Está generalmente asociado a un aumento de la presión intraocular. Se le conoce como la 'ceguera silenciosa' porque en sus fases iniciales, no suele presentar síntomas perceptibles y la pérdida de visión comienza por el campo periférico antes de afectar a la visión central.
La Sociedad Española de Glaucoma (SEG) subraya que más del 3 por ciento de la población española padece esta enfermedad, principalmente en personas de más de 40 años y aquellas con antecedentes familiares o algún problema de salud y se estima que la mitad de los casos en España está sin diagnosticar.
FACTORES DE RIESGO: POBLACIÓN MÁS VULNERABLE ANTE EL GLAUCOMA
El glaucoma puede afectar a cualquier persona, pero existen perfiles con mayor probabilidad de desarrollarlo. Así, la edad es uno de los principales condicionantes. A partir de los 40 años el riesgo comienza a incrementarse y a partir de los 60 se eleva de forma mucho más significativa. Esto se debe al envejecimiento del nervio óptico y a las alteraciones en el drenaje del humor acuoso que favorecen la aparición de la enfermedad.
La presión intraocular elevada es otro factor de riesgo, pero puede ser modificable. Aunque no todas las personas con tensión ocular alta desarrollarán glaucoma, sí es el elemento que más se asocia al daño progresivo del nervio óptico. De ahí la importancia de revisarlo de forma periódica.
Los antecedentes familiares y la diabetes también son factores de riesgo, así como los pacientes hipertensos y los traumatismos oculares. En algunas ocasiones las propias características del ojo pueden elevar el factor de riesgo de glaucoma. Por ello, deben tener especial precaución aquellos con miopía alta (más de 6 dioptrías) o con un espesor corneal inferior a 500 micras.
PREVENCIÓN Y DIAGNÓSTICO PRECOZ: CLAVES PARA PRESERVAR LA VISIÓN
El director médico de Baviera ha matizado que el glaucoma es una enfermedad que, aunque no se puede prevenir en todos los casos, sí es posible detener o ralentizar su progresión si se detecta a tiempo. "El glaucoma no avisa. Cuando el paciente percibe que ha perdido visión, el daño ya es irreversible. Por eso insistimos tanto en las revisiones periódicas, incluso cuando no hay síntomas", afirma Muñoz.
"Recomendamos realizar controles completos a partir de los 40 años, incluso en ausencia de molestias, y adelantarlos en personas con factores de riesgo como antecedentes familiares, diabetes, miopía magna o hipertensión. Dado que la enfermedad suele avanzar de forma silenciosa, estas revisiones permiten identificar alteraciones incipientes que el paciente no percibe en su vida diaria", ha detallado.
Entre las pruebas de seguimiento fundamentales, se encuentra la medición de la presión intraocular, principal factor de riesgo modificable, junto con la exploración del nervio óptico, cuya evaluación permite detectar signos tempranos de daño. A ello se suman las pruebas de campo visual, esenciales para identificar pérdidas de visión periférica en fases iniciales. Estos controles, son eficaces para conservar la visión restante, pero no permiten recuperar la visión ya perdida.
En cuanto al tratamiento, habitualmente, la primera línea de tratamiento son colirios que reducen la presión, aplicados de forma constante bajo supervisión médica. Si no son suficientes, se recurren a procedimientos quirúrgicos o láser, que crean nuevas vías de drenaje para proteger el nervio óptico.