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MADRID 4 Feb. (EUROPA PRESS) -
El oftalmólogo y director del Instituto Universitario Fernández-Vega, Jesús Merayo, ha advertido que algunos tratamientos oncológicos tienen efectos sobre los ojos, con síntomas como sequedad o irritación, que necesitan un cuidado especializado y un seguimiento antes, durante y después del tratamiento.
"El paciente oncológico puede experimentar síntomas oculares que a menudo se normalizan o se atribuyen al cansancio general. Sin embargo, evaluarlos a tiempo permite pautar medidas que alivian los síntomas y reducen el riesgo de que el problema se cronifique o derive en complicaciones de la superficie ocular", ha explicado.
Según ha señalado Merayo, el proceso oncológico puede generar cambios en la producción y calidad de la lagrima, inflamación de la superficie ocular, alteraciones en párpados y glándulas o efectos secundarios propios de determinados fármacos.
Por ello, el paciente puede presentar sensación de arenilla, escozor, enrojecimiento, visión fluctuante, molestias al leer o usar pantallas, mayor sensibilidad ambiental, al aire acondicionado, a la calefacción y peor tolerancia a lentes de contacto.
Entre los síntomas más frecuentes, destaca el síndrome de ojo seco, el que más pacientes sufren. Merayo ha señalado que este debe abordarse desde el inicio para evitar que evolucione hacia una queratoconjuntivitis o úlceras corneales y prestar especial atención en aquellos pacientes que ya padecían previamente esta afección.
El cristalino es otra de las estructuras que puede resentirse, incluso algunos tratamientos oncológicos pueden favorecer la aparición de cataratas. "El cristalino es muy sensible a agresiones químicas e inflamatorias; por eso, en algunos pacientes vemos que se degrada antes de lo esperado provocando cataratas. La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, la catarata tiene solución con una intervención segura", ha explicado.
Algunos tratamientos también pueden afectar la retina, la mácula e incluso el nervio óptico. "La retina es un tejido muy sensible, cualquier toxicidad, inflamación o cambio vascular puede traducirse en síntomas visuales", ha apuntado.
Por todo ello, Merayo ha hecho hincapié en la importancia de integrar la salud ocular en el abordaje global del paciente oncológico, especialmente en pacientes con antecedentes de ojo seco, blefaritis, cirugías oculares previas, uso de lentes de contacto o enfermedades como diabetes o patologías autoinmunes.
Además del tratamiento, ha señalado que se debe hacer un seguimiento del paciente y la afección para diferenciar efectos transitorios de problemas que requieren tratamiento específico, prevenir complicaciones en córnea y superficie ocular, ajustar pautas de cuidados en función de la fase del tratamiento y controlar la evolución tras finalizar la terapia, cuando algunos síntomas pueden persistir o aparecer de forma diferida.
"Con medidas relativamente sencillas como mantener una lubricación adecuada, controlar posibles inflamaciones o realizar ajustes terapéuticos coordinados con Oncología podemos mejorar mucho estos efectos sobre la salud visual", ha concluido.