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MADRID, 7 Abr. (EUROPA PRESS) -
Durante años, el índice de masa corporal (IMC) ha sido la referencia para diagnosticar la obesidad en todo el mundo. Sin embargo, en los últimos tiempos han surgido nuevas propuestas que buscan ir más allá de este indicador y redefinir cómo se identifica esta condición.
Pero no todos los expertos están de acuerdo con este cambio. Mientras algunos lo ven como un avance hacia una medicina más precisa, otros advierten de posibles consecuencias que podrían afectar directamente a los pacientes, especialmente en el acceso a tratamientos y a una atención adecuada.
Redefinir la obesidad basándose no solo en el índice de masa corporal (IMC), sino también en si el exceso de grasa corporal está causando problemas de salud medibles, puede complicar el diagnóstico y retrasar el tratamiento, según una comunicación de la Sociedad de Endocrinología de Estados Unidos publicada en 'The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism'.
"La forma en que se define la obesidad tiene consecuencias reales para los pacientes. Las definiciones diagnósticas influyen en quién califica para el tratamiento, cómo los médicos manejan la atención y cómo las aseguradoras determinan la cobertura de medicamentos y cirugía", comenta el autor Ranganath Muniyappa, del Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales en Bethesda, Maryland (Estados Unidos).
"Cualquier nuevo marco debe basarse en evidencia sólida, ser práctico para el uso clínico diario y estar diseñado para mejorar, en lugar de restringir, el acceso equitativo al tratamiento eficaz de la obesidad".
Los autores destacan los principales desafíos conceptuales y prácticos del marco propuesto por la Comisión de The Lancet, que requiere que los médicos demuestren que la disfunción orgánica es causada por la grasa corporal para diagnosticar la obesidad clínica e introduce una categoría de 'obesidad preclínica' para personas sin evidencia de disfunción orgánica.
Los autores analizan cómo este enfoque puede retrasar y complicar el tratamiento y se centran en tres preocupaciones principales. La primera es que el marco teórico, al basarse en la demostración de que la disfunción orgánica es causada por un exceso de grasa corporal, es difícil de implementar en la atención clínica de rutina y puede retrasar el tratamiento o crear barreras de acceso.
No obstante, la definición de "obesidad preclínica" es conceptualmente inestable y depende de la intensidad de las pruebas diagnósticas, mientras que la exclusión de la diabetes tipo 2 de los criterios clínicos es inconsistente con la evidencia científica y clínica actual. Además, este marco de trabajo requiere mediciones y evaluaciones diagnósticas complejas que pueden no ser factibles en muchos entornos clínicos y que podrían exacerbar las desigualdades sanitarias existentes.
LO QUE PIDEN LOS ENDOCRINÓLOGOS EN SU LUGAR
Los autores proponen un enfoque más práctico para diagnosticar la obesidad que enfatiza el riesgo clínico y el impacto funcional, utiliza enfoques de estadificación establecidos y garantiza que las nuevas definiciones mejoren la atención sin crear barreras para el tratamiento.
"Necesitamos formas más sencillas de identificar la obesidad precozmente que no impliquen umbrales de diagnóstico rígidos y que se centren en asegurar que las personas con obesidad puedan acceder al tratamiento en función de cuánto es probable que mejore su vida diaria y cuán seguro sea, no en probar una única causa exacta", expone Amy Rothberg, de la Universidad de Michigan en Ann Arbor, también en Estados Unidos.
"Los futuros marcos de diagnóstico deberían priorizar el aumento del acceso a la atención de la obesidad y adoptar un enfoque más matizado", añade.