Archivo - Doctora en una consulta médica. - DEMAERRE/ISTOCK - Archivo
MADRID, 10 Abr. (EUROPA PRESS) -
La medicina ha experimentado un avance acelerado en los últimos años, especialmente en el desarrollo de nuevos tratamientos y terapias dirigidas. Sin embargo, este progreso no siempre se está viendo acompañado por mejoras equivalentes en otras áreas igual de decisivas para la atención sanitaria.
Un nuevo análisis internacional pone el foco en un aspecto que, según los expertos, está quedando rezagado dentro del sistema sanitario global. Se trata de una parte esencial del proceso médico que condiciona decisiones clínicas, acceso a tratamientos y resultados en los pacientes.
EL DESEQUILIBRIO ENTRE TRATAMIENTOS Y DIAGNÓSTICOS
Un nuevo análisis de la Universidad de California en San Francisco (Estados Unidos) sostiene que los diagnósticos se están descuidando tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo. Según se recoge en 'Science', esta realidad está frenando el progreso en la lucha contra enfermedades importantes, a pesar de los rápidos avances en terapias dirigidas y medicina de precisión.
Los autores señalan que casi la mitad de la población mundial carece de acceso adecuado a pruebas diagnósticas. Estas pruebas reciben menos inversión en investigación y desarrollo, así como un menor reembolso por parte de las aseguradoras que los medicamentos; lo que crea obstáculos para la innovación.
"La mayoría de la gente puede comprender fácilmente cómo un nuevo medicamento o una cirugía podrían ayudar a un paciente", reflexiona Kathryn Phillips, doctora en Economía de la Salud, profesora de la Facultad de Farmacia de la UC San Francisco y autora principal del estudio. "Pero las pruebas que guían las decisiones médicas son igual de importantes".
EJEMPLOS EN ENFERMEDADES COMO OBESIDAD Y ALZHEIMER
Los avances en las terapias superan el desarrollo de las pruebas necesarias para guiar su uso. Por ejemplo, muchas personas no responden a los fármacos GLP-1 para la obesidad y la diabetes, pero aún existen pocas pruebas para predecir qué pacientes se beneficiarán.
El Alzheimer es otro ejemplo. Existen nuevos fármacos para ralentizar la progresión de la enfermedad, pero los análisis de sangre que podrían determinar qué fármacos son los más beneficiosos para cada paciente cuestan alrededor de 1.000 dólares y, a diferencia de los fármacos, que cuestan 30.000 dólares (25.700 euros) al año, rara vez están cubiertos por el seguro médico. Esto puede llevar a los médicos a tomar decisiones médicas sin la información necesaria. Algunos pacientes podrían no recibir el tratamiento adecuado, y otros podrían no recibir ningún tratamiento.
UN SISTEMA QUE NO EVALÚA IGUAL PRUEBAS Y MEDICAMENTOS
Aunque son esenciales para la atención médica, estas pruebas diagnósticas suelen gestionarse por separado de los tratamientos que las respaldan. La FDA evalúa las pruebas de forma diferente a los medicamentos, y las aseguradoras las financian de manera distinta. Además, es mucho más probable que los medicamentos reciban una revisión acelerada de la FDA que las pruebas.
"Las políticas regulatorias y de pago deben evolucionar a la par de los avances científicos y tecnológicos", sostiene Robert M. Califf, excomisionado de la Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU y coautor del artículo.
"La actual falta de coherencia entre cómo evaluamos los diagnósticos para considerar su comercialización y el sistema de decisiones de reembolso para diagnósticos frente a medicamentos deja herramientas valiosas sin utilizar y proporciona datos insuficientes para tomar buenas decisiones sobre qué herramientas de diagnóstico deben descartarse por falta de beneficio en la práctica".
Los autores afirman que existen medidas claras que los responsables políticos pueden adoptar para subsanar estas deficiencias, como revisar conjuntamente las pruebas y los tratamientos, agilizar la aprobación de las pruebas y mejorar la forma en que se evalúan y financian los diagnósticos.