Archivo - Imagen de recurso de una persona mareada. - BYMURATDENIZ/ ISTOCK - Archivo
MADRID 11 Ago. (EUROPA PRESS) -
El calor, la deshidratación y las bajadas de tensión pueden agravar los episodios de mareo, aunque en algunos casos pueden ser la señal de una alteración neurológica o vestibular que requiere valoración médica.
Así lo indican desde el Hospital Universitario Los Madroños, donde recuerdan la importancia de identificar las señales de alarma y consultar con un especialista cuando los síntomas persisten, se repiten o se acompañan de otros signos neurológicos.
Según explican, el verano es una de las épocas del año en las que aumentan las consultas relacionadas con mareos, sensación de inestabilidad, vértigo y problemas de equilibrio. Las altas temperaturas, la pérdida de líquidos a través del sudor, las bajadas de tensión arterial y los cambios bruscos de temperatura favorecen la aparición de estos síntomas, especialmente en personas mayores, pacientes con enfermedades cardiovasculares o quienes presentan trastornos previos del oído interno.
Sin embargo, no todos tienen el mismo origen. Aunque la mayoría de los episodios suelen estar relacionados con causas benignas y transitorias, algunos pueden ser la manifestación de alteraciones neurológicas o vestibulares que requieren una evaluación especializada.
En este contexto, los profesionales del Hospital Universitario Los Madroños han detallado cinco claves para entender por qué aumentan los mareos en verano. La primera de ellas es que el calor favorece la deshidratación y las bajadas de tensión. Esto puede traducirse en sensación de mareo, debilidad, visión borrosa, cansancio o desmayos, especialmente al levantarse de forma brusca o tras una exposición prolongada al calor.
Asimismo, los expertos han señalado que, aunque suelen utilizarse como sinónimos, existen diferencias importantes entre mareo y vértigo. El mareo suele describirse como una sensación de aturdimiento, inestabilidad o desvanecimiento inminente. El vértigo, en cambio, provoca la sensación de que el entorno gira o se mueve cuando en realidad está quieto. Se trata de un síntoma que suele estar relacionado con alteraciones del sistema vestibular, localizado en el oído interno, encargado de controlar el equilibrio.
Por otra parte, el oído interno también puede verse afectado en verano. El sistema vestibular desempeña un papel esencial en el mantenimiento del equilibrio. Algunas patologías frecuentes, como el vértigo posicional paroxístico benigno (VPPB), la neuritis vestibular o la enfermedad de Ménière, pueden provocar episodios intensos de vértigo, náuseas, inestabilidad y dificultad para caminar.
Aunque estas alteraciones pueden aparecer en cualquier momento del año, durante los meses estivales algunos pacientes refieren un empeoramiento de los síntomas favorecido por la deshidratación, el cansancio, los cambios en las rutinas de sueño o las variaciones de presión.
Además, en ocasiones, los trastornos del equilibrio tienen su origen en el sistema nervioso central y no solo en el oído interno. El mareo o el vértigo acompañados de dificultad para hablar, pérdida de fuerza en una extremidad, alteraciones visuales, problemas para coordinar movimientos, pérdida de sensibilidad o cefalea intensa y repentina requieren una valoración médica urgente.
Estos síntomas pueden relacionarse con enfermedades neurológicas como ictus, determinadas lesiones cerebrales o trastornos neurodegenerativos que afectan al control del equilibrio. "El mareo aislado rara vez indica una enfermedad neurológica grave, pero cuando se acompaña de otros síntomas neurológicos o aparece de forma repentina e intensa es importante acudir a un servicio médico con urgencia", señala el doctor Luis Carlos López Viejo, Médico de Familia del centro.
LA PREVENCIÓN ES LA MEJOR HERRAMIENTA
Los especialistas subrayan que mantener una correcta hidratación, evitar la exposición prolongada al calor, limitar el consumo de alcohol, levantarse de forma gradual tras permanecer sentado o tumbado y controlar adecuadamente la tensión arterial son algunas de las medidas que ayudan a reducir el riesgo de sufrir mareos durante el verano.
Además, las personas que padecen vértigos recurrentes, alteraciones vestibulares o trastornos neurológicos previos deberían extremar las precauciones durante los meses de más calor y seguir las recomendaciones de sus especialistas.
Por último, recalcan que, ante episodios persistentes o repetidos de mareo, vértigo o pérdida de equilibrio, una valoración médica permite identificar la causa y establecer el tratamiento más adecuado para evitar complicaciones y mejorar la calidad de vida del paciente.