Publicado 25/09/2020 11:59CET

Investigadores alemanes trabajan en el desarrollo de una vacuna pasiva contra el COVID-19

Vacuna del COVID-19, coronavirus
Vacuna del COVID-19, coronavirus - HERRAEZ/GETTY - Archivo

MADRID, 25 Sep. (EUROPA PRESS) -

Investigadores del Centro Alemán de Enfermedades Neurodegenerativas y de la Charité - Universitätsmedizin de Berlín han identificado anticuerpos muy eficaces contra el coronavirus SARS-CoV-2 y ahora están tratando de desarrollar una vacuna pasiva. En este proceso, también han descubierto que algunos anticuerpos del SARS-CoV-2 se unen a muestras de tejido de diversos órganos, lo que podría desencadenar efectos secundarios no deseados.

Inicialmente, en su trabajo, publicado en la revista 'Cell', los científicos aislaron casi 600 anticuerpos diferentes de la sangre de individuos que habían superado el COVID-19. Por medio de pruebas de laboratorio, pudieron reducir este número a unos pocos anticuerpos que eran particularmente eficaces para unirse al virus. Luego, produjeron estos anticuerpos artificialmente usando cultivos de células. Los llamados anticuerpos neutralizantes identificados se unen al virus, como revela el análisis cristalográfico, y así evitan que el patógeno entre en las células y se reproduzca. Además, el reconocimiento del virus por los anticuerpos ayuda a las células inmunes a eliminar el patógeno.

Los estudios realizados en hámsteres (que, como los humanos, son susceptibles a la infección por el SARS-CoV-2) confirmaron la alta eficacia de los anticuerpos seleccionados: "Si los anticuerpos se administraron después de una infección, los hámsteres desarrollaron como mucho síntomas leves de la enfermedad. Si los anticuerpos se aplicaban de forma preventiva, antes de la infección, los animales no se enfermaban", explica Jakob Kreye, coordinador del actual proyecto de investigación.

ANTICUERPOS PARA LA VACUNACIÓN PASIVA

El tratamiento de enfermedades infecciosas con anticuerpos tiene una larga historia. En el caso de COVID-19, este enfoque también se está investigando a través de la administración de plasma derivado de la sangre de pacientes recuperados. Con el plasma, se transfieren los anticuerpos de los donantes. "Idealmente, el anticuerpo más efectivo se produce de forma controlada a escala industrial y con una calidad constante. Este es el objetivo que perseguimos", detalla otro de los autores, Momsen Reincke.

"Tres de nuestros anticuerpos son especialmente prometedores para el desarrollo clínico. Usando estos anticuerpos, hemos empezado a desarrollar una vacuna pasiva contra el SARS-CoV-2", explica uno de los líderes del estudio, Harald Prüss. Este proyecto requiere la cooperación con socios industriales. Por eso, los científicos están colaborando con Miltenyi Biotec.

Además del tratamiento de los pacientes, la protección preventiva de los individuos sanos que han tenido contacto con personas infectadas es también una aplicación potencial. La duración de la protección deberá ser investigada en estudios clínicos. "Esto se debe a que, a diferencia de la vacunación activa, la vacunación pasiva implica la administración de anticuerpos ya preparados, que se degradan después de algún tiempo", argumenta Prüss.

En general, la protección proporcionada por una vacuna pasiva es menos persistente que la proporcionada por una vacuna activa. Sin embargo, el efecto de una vacuna pasiva es casi inmediato, mientras que con una activa tiene que acumularse primero. "Lo mejor sería que ambas opciones estuvieran disponibles para que se pudiera dar una respuesta flexible según la situación", apunta.

Durante sus investigaciones, los investigadores hicieron otro descubrimiento: algunos de los anticuerpos particularmente eficaces contra el coronavirus se unieron específicamente a proteínas del cerebro, el músculo cardíaco y los vasos sanguíneos. En pruebas con muestras de tejido de ratones, varios de los anticuerpos neutralizantes mostraron tal reactividad cruzada. Por lo tanto, fueron excluidos del desarrollo de una vacuna pasiva.

"Estos anticuerpos se unen no solo al virus, sino también a las proteínas del cuerpo que no tienen nada que ver con el virus. Se necesitan investigaciones futuras para analizar si los tejidos asociados podrían convertirse potencialmente en objetivos de ataques del propio sistema inmunológico. En la actualidad no se puede predecir si estos hallazgos de laboratorio son relevantes para los humanos. Por un lado, debemos estar atentos para detectar cualquier reacción autoinmune que pueda ocurrir en el contexto de COVID-19 y las vacunaciones en una etapa temprana. Por otro lado, estos hallazgos pueden contribuir a garantizar el desarrollo de una vacuna aún más segura", concluye el científico.

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