El Hospital Beata pone en marcha dos proyectos para tratar las secuelas del ictus

Publicado 10/01/2019 13:42:58CET
El Hospital Beata pone en marcha dos proyectos para tratar secuelas del ictus
HOSPITAL BEATA MARÍA ANA

MADRID, 10 Ene. (EUROPA PRESS) -

La Unidad de Daño Cerebral del Hospital Beata María Ana, en colaboración con investigadores de la Universidad Oberta de Cataluña, ha puesto en marcha dos proyectos de neuromodulación no invasiva para el tratamiento de las secuelas motoras y de percepción del ictus isquémicos.

Los proyectos utilizan la energía eléctrica directa transcraneal y la energía magnética. Por su parte, las técnicas de neuromodulación son las que inducen cambios bioquímicos y estructurales en las conexiones cerebrales al estimular las células cerebrales, ya sea de forma externa o interna.

"El efecto que buscan es reforzar la conectividad de las neuronas aledañas a la lesión e impedir la interferencia de otrsa zonas cerebrales que se ha demostrado que interfieren en esta recuperación", ha explicado el neurólogo de la Unidad de Daño Cerebral del Hospital Beata María Ana, el doctor Juan Pablo Romero.

"Desde hace varios años sabemos que el cerebro tiene una capacidad plástica, lo que significa que es flexible, que tiene capacidad de cambiar sus coneciones, ya sea por la práctica, como cuando puede recordarse con mayor facilidad algo que se repite varias veces, o por una adaptación a una lesión, como una persona que sufre la mutilación de una extremidad y la zona cerebral encargada de la misma asume nuevas funciones", ha explicado el doctor Romero.

En el caso de un ictus, que afecta la movilidad de una parte del cuerpo, esta plasticidad puede ser inducida, ya sea por la práctica con ejercicios de rehabilitación o mediante nuevas técnicas que potencian esa plasticidad.

"La estimulación magnética transcraneal y la estimulación directa con corriente continua o alterna figuran entre las técnicas no invasivas más novedosas con que contamos. Son técnicas no dolorosas y sin efectos secundarios importantes que potencian o modifican la manera de reconectar las neuronas después de una lesión", ha indicado el neurólogo.

El doctor Romero subraya que se trata de técnica que cuenta con un gran número de estudios que avalan su efectividad, "aunque la escasa duración de su efecto no permite usarlas sin combinarlas con técnicas habituales de rehabilitación, fisioterapia y terapia ocupacional".

Además del doctor Romero, participan como investigadores principales en las investigaciones, los doctores de la unidad de Daño Cerebral del centro, Marcos Ríos Lago, David de Noreña y Begoña González, y la directora del laboratorio Cognitive Neurolab de la Universidad Oberta de Catalunya, la doctora Elena Muñoz Marrón.

CONSECUENCIAS DEL DAÑO CEREBRAL

Entre las consecuencias del daño cerebral figuran las secuelas físicas, que afectan al movimiento y sensibilidad y que causan principalmente discapacidad por una disminución de la autonomía para realizar las actividades basales de la vida diaria. Dichas manifestaciones son consecuencia de lesiones de las vías nerviosas que permiten el control motor, por vía piramidal y extrapiramidal.

Asimismo, se derivan secuelas conductuales y emocionales que pueden ser consecuencia de lesiones que tienen lugar sobre todo en la parte anterior del cerebro , en el lóbulo frontal. También son incapacitantes, pero a otro nivel, porque afectan a la convivencia del paciente con su entorno por falta de regulación emocional y de conducta.

Un último grupo de secuelas son las alteraciones cognitivas con falta de memoria y pérdida de otras funciones, como la capacidad para hacer cálculos, abstraer, comprender conceptos complejos o interpretar de manera adecuada el entorno.

Estas secuelas se dan por lesiones difusas que afectan estructuras fundamentales para la memoria, como el hipocampo y áreas corticales de asociación, y la incapacidad que puede producir es similar al de las demencias, aunque los pacientes con daño cerebral suelen ser varias décadas mas jóvenes.

En el caso del ictus, la alteración de la función se debe a una disrupción brusca en la estructura del sistema nervioso por falta de riego sanguíneo por una arteria que se ha taponado o roto. Esta alteración interrumpe las vías y conexiones que se normalmente controlan el movimiento, percepción del medio, el comportamiento o las emociones.

El cerebro, en estas circunstancias, intenta compensar la pérdida de funciones usando las zonas sanas que le quedan, pero se ha demostrado que a veces este intento de compensación puede interferir en la correcta recuperación sobre todo de las secuelas motoras.