Archivo - Enuresis. - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / USERC0373230_9
MADRID 26 May. (EUROPA PRESS) -
La enuresis, la emisión involuntaria de orina durante el sueño en niños de 5 años o más, tiene un impacto emocional importante que puede manifestarse con baja autoestima, ansiedad, vergüenza y que puede afectar al entorno escolar y familiar, según la pediatra de Atención Primaria del centro de salud Amparo Poch (Zaragoza), Isabel Lostal.
Pese a su prevalencia, según la encuesta publicada en la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN), el 47,9 por ciento de los encuestados conocían la existencia de la enuresis, aunque únicamente el 23,8 por ciento sabían cuál era el término médico. Además, solo el 16,6 por ciento y el 9,6 por ciento recordaban que el/la pediatra o el/la enfermero/a, respectivamente, se hubieran referido en algún momento a la misma.
De hecho, Lostal ha asegurado que el 60 por ciento de los pediatras identificaba este problema físico con problemas a la hora de relacionarse con el resto o de autoestima.
Con motivo del Día Mundial de la Enuresis, que se celebra este 26 de mayo, pediatras han advertido de la necesidad de visibilizar una condición que sigue infradiagnosticada y rodeada de estigmas.
La enuresis nocturna es un problema físico que puede suceder por varios factores, como una mayor producción nocturna de orina, menor capacidad de la vejiga o dificultad para despertar ante la necesidad de orinar. Además, puede ser más común si hay antecedentes familiares y pueden coexistir factores del desarrollo y otras comorbilidades a valorar.
LIMITACIONES SOCIALES
La evidencia confirma que mojar la cama puede interferir en la autoestima, generar ansiedad y limitar la participación en actividades sociales clave para el desarrollo, especialmente a medida que el menor crece y se acerca a la adolescencia. Actividades como dormir fuera de casa o ir a campamentos son identificadas por los padres como "situaciones limitantes".
Generalmente se considera que el pis en la cama pasa con la edad. Los datos epidemiológicos indican que la prevalencia disminuye progresivamente, aunque no desaparece en todos los casos. Según datos clínicos, afecta aproximadamente al 16 por ciento de los niños de 5 años, al 10 por ciento a los 6 años y al 7,5 por ciento a los 10 años. La resolución espontánea se estima en torno al 15 por ciento anual, pero entre un 1 por ciento y un 3 por ciento de los adolescentes mayores de 15 años sigue mojando la cama.
En este sentido, uno de los principales retos es el infradiagnóstico y la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) señala que se trata de un problema "posiblemente infradiagnosticado".
Según la pediatra, tras este retraso se podrían encontrar una banalización excesiva del problema y expectativas de resolución espontánea, la importante presión asistencial de los pediatras por lo que se centran en lo biomédico y en lo urgente cuando la enuresis no se asocia a una gravedad orgánica inmediata, el silencio compartido, cuando el niño no dice nada y los padres no preguntan y, en cuarto lugar, que no se hace un cribado sistemático de detección.
Isabel Lostal, por ello, ha subrayado que su atención debe ser "integral", fundamentada en la historia clínica e identificación de posibles factores asociados. Asimismo, ha destacado el "papel esencial" del entorno familiar.
CASTIGOS O REPRIMENDAS INEFICACES
Los escapes son involuntarios y suelen ir ligados a factores fisiológicos y madurativos, por lo que los castigos o reprimendas son "ineficaces pudiendo ser perjudiciales para el desarrollo" y es necesario un acompañamiento empático evitando la culpabilización y reforzando la autoestima.
Al mismo tiempo, la experta ha indicado que se debe mejorar la formación del profesional sanitario, tanto médico como enfermera, para detectar precozmente los casos porque, a partir de los 5 o 6 años ya se puede realizar el abordaje y "no hay que esperar a que el niño sea mayor y evitar que se normalice el problema".
"No podemos infraestimar el impacto emocional del niño, sobre todo si el niño no lo verbaliza y aprende a convivir con el problema. Hay que proteger al niño de ese impacto emocional y pediatra y enfermera le deben poner palabras a lo que el niño muchas veces no sabe expresar", ha concluido.