Archivo - Imagen de recurso de cuidados paliativos. - PEXELS - Archivo
MADRID 7 Ene. (EUROPA PRESS) -
El presidente del Consejo Asesor de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (SEDISA), Mariano Guerrero, ha defendido la implementación de procedimientos claros integrados en los programas de calidad de las organizaciones sanitarias para garantizar un final de vida digno en el ámbito hospitalario.
"Resulta imprescindible garantizar el acompañamiento emocional del paciente, de su familia y del propio equipo sanitario, incluso en habitaciones compartidas. Mi preocupación, como médico y como gestor, es que estas situaciones sigan dependiendo en exceso de la sensibilidad individual del profesional y no de procedimientos claros integrados en los programas de calidad de las organizaciones sanitarias", ha señalado Guerrero.
En este contexto, ha realizado una llamada a los directivos de la salud: "No basta con estar de acuerdo en lo que debería hacerse, es necesario que las instituciones lo regulen, lo ordenen y lo hagan posible."
Así se ha mostrado durante un encuentro 'on-line' celebrado por el Consejo Asesor de la Sociedad Española de Directivos de la Salud (SEDISA), dedicado en esta ocasión a cómo procurar una buena muerte al paciente hospitalizado, un proceso que, tal como coinciden los expertos, debe abordarse con profundo respeto, planificación, humanidad y con procedimientos claros para reducir el sufrimiento y garantizar la dignidad de los pacientes.
"Hablar de cómo procurar una buena muerte al paciente hospitalizado no es solo un debate clínico o ético, sino un reto ineludible para las organizaciones sanitarias y para quienes las dirigen. Los directivos de la salud debemos reflexionar sobre qué se hace, qué no se hace y qué debería hacerse para garantizar que el final de la vida en el hospital se produzca con dignidad, respeto a los valores del paciente y el mayor bienestar posible", ha expresado Guerrero.
Los ponentes del encuentro han defendido que los hospitales deben contar con protocolos "claros, realistas y humanizadores" para los momentos de final de vida. "Si somos capaces de protocolizar procesos complejísimos, ¿cómo no vamos a protocolizar un procedimiento básico para acompañar dignamente a un paciente que está muriendo?", ha añadido Guerrero.
Por ello, los expertos han reclamado estándares de comunicación de malas noticias, protocolos de acompañamiento y final de vida, habitaciones o espacios que garanticen privacidad, coordinación entre servicios para evitar decisiones contradictorias, formación y sensibilización emocional para el personal.
LA DIFICULTAD DE MORIR EN UN ENTORNO COMPARTIDO
En este marco, el profesor de Medicina Legal y especialista en Ética Rafael Pacheco ha ofrecido una reflexión introductoria sobre la dimensión humana, cultural y simbólica del final de la vida, recordando que la muerte no solo es un hecho biológico, sino también un elemento estructural de nuestra condición humana: "El hecho de la muerte nos humanizó a todos. Somos humanos a partir del momento en que nuestro cerebro fue capaz de crear la capacidad de abstracción suficiente para saber que nos vamos a morir".
Sobre el contexto hospitalario, ha subrayado la dificultad emocional y organizativa de morir en un entorno compartido: "Cuando un enfermo fallece, incluso el ruido propio de la planta cesa. Y se produce casi un 'secuestro' del cadáver, como si hubiera que ocultarlo. Esto refleja hasta qué punto el tabú de la muerte nos atraviesa".
"NO EXISTE EL BIEN MORIR: EXISTE HACER LAS COSAS BIEN, MAL O REGULAR"
Por su parte, Juan José Rodríguez, miembro de la Comisión de Ética y Deontología de la Organización Médica Colegial, ha ofrecido una intervención sobre el papel de los profesionales en los momentos finales del paciente: "No creo que exista la 'buena muerte' ni el 'bien morir'. Morir nunca será bueno. Lo que sí podemos es hacer las cosas bien, mal o regular".
Rodríguez ha insistido en que el sufrimiento se divide en físico y moral, y que este último es el que más necesita cambios organizativos. Y ha reforzado el papel central de la autonomía en estas cuestiones: "La única forma de defender nuestra propia dignidad profesional es respetar hasta el final la dignidad del paciente. No podemos permitir que las convicciones del médico sean dominantes sobre las decisiones del enfermo"
Asimismo, ha defendido una aplicación más generosa y coherente de la sedación paliativa, recalcando casos reales en los que esta se retira por criterios subjetivos de distintos profesionales, lo que ha calificado como "mala práctica médica"