Archivo - Experta señala que aunque no haya una prueba específica para el síndrome del intestino irritable, sí tiene diagnóstico - SOLSTOCK/ ISTOCK - Archivo
MADRID 21 Oct. (EUROPA PRESS) -
La corresponsable del Comité de Nutrición de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD) y miembro del Hospital Universitario Vall d' Hebron de Barcelona, la doctora Carolina Malagelada, ha señalado que "una parte importante del abordaje del síndrome del intestino irritable es hacer ver a los pacientes que, aunque no exista una prueba específica ni una lesión estructural evidente, tiene un diagnóstico y un tratamiento como cualquier otro trastorno".
Es necesario "explicar adecuadamente el diagnóstico y los mecanismos que pueden estar detrás de los síntomas", ha indicado, tras lo que ha declarado que "el objetivo es que los pacientes comprendan que la ausencia de alteraciones en las pruebas convencionales no significa que sus síntomas carezcan de una base orgánica ni que no existan opciones terapéuticas".
Así, y con motivo de la celebración, este miércoles, 21 de octubre, del Día Nacional del Síndrome del Intestino Irritable, se ha pronunciado en relación con la reciente publicación de los 'Criterios Roma V', referencia internacional que emplean los especialistas para el diagnóstico y tratamiento de los trastornos, y que ilustra cómo está avanzando la comprensión de las patologías en general, y del síndrome del intestino irritable en particular, tanto desde un punto de vista clínico como en la comunicación con los pacientes.
El documento ha expuesto que los trastornos de la interacción intestino-cerebro, que es la comunicación bidireccional entre el sistema nervioso y el intestino, son muy frecuentes y afectan aproximadamente al 40 por ciento de la población mundial. El síndrome del intestino irritable es el más habitual, con una prevalencia del 8,5 por ciento, seguido de la dispepsia funcional (8,1%).
ÉNFASIS EN EL CONCEPTO DEL EJE INTESTINO-CEREBRO
"Uno de los principales cambios que presenta esta nueva edición es el mayor énfasis en el concepto del eje intestino-cerebro", que "influye en cómo se mueve y cómo percibe las sensaciones el intestino, así como en la base orgánica de estos trastornos, en los que existen alteraciones en la sensibilidad, la motilidad, la función inmunológica o la microbiota, entre otros factores", ha sostenido Malagelada.
De este modo, el enfoque aplicado contribuye a reforzar el reconocimiento del síndrome del intestino irritable y las alteraciones como enfermedades con mecanismos fisiopatológicos implicados, incluso cuando las pruebas digestivas habituales no muestran lesiones estructurales. En este sentido, los criterios buscan facilitar un diagnóstico basado en los síntomas que presenta el paciente, en lugar de considerar el síndrome únicamente cuando se han descartado otras patologías.
El contraste se explica en que es habitual que las personas con la patología se sometan a numerosas pruebas -análisis, endoscopias o estudios de imagen- sin obtener un resultado positivo que explique sus síntomas, lo que puede generar frustración e incluso dificultar la aceptación del diagnóstico, especialmente si el paciente interpreta que se trata de una conclusión a la que se llega tras no encontrarse ninguna otra enfermedad o que su malestar no tiene una explicación.
De cualquier forma, la especialista ha manifestado que el planteamiento "no elimina la necesidad de realizar pruebas cuando estén indicadas". "Si existen signos de alarma que puedan sugerir otra patología, pérdida de peso significativa o sangre en las heces, será necesario llevar a cabo las exploraciones pertinentes para evaluar y descartar otras causas", ha aclarado. Además, ha apuntado que la intensidad varía entre pacientes, con alrededor de una cuarta parte que experimenta una afectación importante de la calidad de vida.
Por último, y tras señalar que los 'Criterios Roma V' incorporan cambios en la definición clínica del trastorno y sitúan el malestar recurrente y las alteraciones en las deposiciones entre sus elementos centrales, así como que incluyen la eliminación del dolor como requisito diagnóstico indispensable, ha sostenido que el abordaje del síndrome del intestino irritable "es complejo y debe adaptarse a las características de cada paciente y a los síntomas predominantes de forma individualizada".