Archivo - Hombre en la consulta del médico, urólogo, disfunción eréctil - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / PORNPAK KHUNATORN
MADRID, 16 Jul. (EUROPA PRESS) -
El servicio de Urgencias es uno de los entornos más estresantes de cualquier hospital europeo: nunca se sabe qué tipo de casos, ni cuántos, llegarán en cada turno. A esta presión se suman el desgaste de los sistemas sanitarios tras años de crisis económicas, listas de espera, recortes, la presión asistencial ligada al envejecimiento de la población, los flujos migratorios y el aumento de los problemas de salud mental y adicciones.
El resultado es que muchos pacientes acuden más irritables y frustrados y, con demasiada frecuencia, terminan descargando ese malestar sobre el personal sanitario.
Un estudio reciente dirigido por la Universidad de Massachusetts Amherst (Estados Unidos) y publicado en 'BMJ: Quality & Safety' es el primero en diseñar un método experimental interactivo y controlado para evaluar cómo los pacientes irritables afectan las emociones de quienes los atienden y, por lo tanto, potencialmente, la eficacia de la atención que reciben.
SE ESPERA QUE LOS MÉDICOS DEJEN SUS EMOCIONES A UN LADO
"Las emociones son una parte inherente de nuestras vidas; son lo que nos hace humanos. Pero durante demasiado tiempo, la cultura médica ha esperado que los médicos dejen sus emociones a un lado. Esto es simplemente irreal", desgrana Linda Isbell, catedrática de Psicología Social de la UMass Amherst y autora principal del artículo.
Parece razonable concluir que cuando los médicos experimentan estrés ante la irritación de los pacientes, la calidad de la atención se resiente, y existen pruebas anecdóticas sólidas que lo respaldan. Sin embargo, hasta que Isbell y sus coautores, entre los que se incluyen médicos de urgencias de la Facultad de Medicina UMass Chan y del Centro Médico Harbor-UCLA, también de Estados Unidos, iniciaron su estudio, no existían experimentos controlados fiables que hubieran estudiado rigurosamente cómo el comportamiento del paciente afecta a las emociones de los médicos y a la atención que brindan.
El equipo diseñó un enfoque innovador que comenzó con "pacientes estandarizados" profesionales: personas especialmente capacitadas para interpretar a pacientes con afecciones médicas realistas y específicas. Cuatro pacientes estandarizados fueron entrenados para participar en un caso clínico que correspondía a uno de cuatro diagnósticos diferentes.
Cada "paciente" fue entrenado para desempeñar dos roles distintos: alguien que busca atención médica con calma y alguien que muestra irritabilidad con su médico.
"Lo más importante aquí es que cada paciente estandarizado, independientemente de si interpretaba un papel tranquilo o irritable, proporcionó exactamente los mismos detalles médicos. Lo único que cambiaron fue su estado emocional", dice Isbell.
RECLUTARON A 134 MÉDICOS DE URGENCIAS DE 46 ESTADOS DE EEUU
Isbell y sus colaboradores grabaron en vídeo estos encuentros con pacientes y luego reclutaron a 134 médicos de urgencias de 46 estados de EEUU. A cada médico se le asignó aleatoriamente un conjunto de cuatro grabaciones de encuentros con pacientes, dos de los cuales correspondían a pacientes tranquilos y dos al grupo mucho más irritable.
Posteriormente, se pidió a los médicos que solicitaran pruebas clínicas, cuyos resultados recibían, y que evaluaran continuamente a sus pacientes, tal como lo harían en una situación real.
Finalmente, Isbell y su equipo pidieron a los médicos que informaran sobre su estado emocional y su interacción con cada paciente. Con esta información, los investigadores analizaron si las respuestas emocionales, las evaluaciones clínicas o las conductas clínicas de los médicos variaban al evaluar a pacientes irritables en comparación con pacientes más tranquilos.
QUÉ DESCUBRIERON
Lo que descubrieron es que los pacientes irritables hacen que los médicos se sientan peor. Estos médicos reportaron mayores niveles de ira, ansiedad y fatiga. Además, los médicos se involucraban menos en el cuidado de sus pacientes irritables y eran mucho más propensos a considerarlos poco fiables a la hora de informar sobre sus propios síntomas.
Los médicos con pacientes irritables eran más propensos a interpretar el dolor de sus pacientes como exagerado, a encontrarlos menos cooperativos, menos comprometidos con su propio cuidado o menos dispuestos a seguir un plan de tratamiento, y menos propensos a reincorporarse al trabajo.
Además, aquellos médicos que eran más propensos a experimentar estrés debido a la incertidumbre médica sufrían un mayor desgaste emocional cuando sus pacientes eran difíciles.
Se necesita más investigación para comprender mejor cómo todo esto afecta la atención al paciente, pero, como señala Isbell, "la interacción entre el comportamiento del paciente y la capacidad del médico para tolerar el estrés asociado a la incertidumbre médica es fundamental".
Es probable que los médicos especialmente vulnerables al estrés perciban a sus pacientes difíciles como más desafiantes y emocionalmente agotadores, lo que alimenta un círculo vicioso que podría conducir a peores resultados para el paciente.