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MADRID, 30 Sep. (EUROPA PRESS) -
Investigadores de la Universidad de California en San Diego (Estados Unidos), junto a miembros del Centro Oncológico Moores, han observado que una intervención de ejercicio de 12 meses se asocia con mejoras en la atención y la memoria entre sobrevivientes de cáncer de mama; además, un estudio complementario, sugiere que el ejercicio también podría ralentizar el envejecimiento epigenético.
Una de cada tres supervivientes de cáncer de mama experimentará problemas cognitivos, que pueden incluir dificultades de atención, memoria, velocidad de procesamiento y otros aspectos del pensamiento. Estos problemas pueden deberse a una combinación de efectos del tratamiento, inflamación, cambios hormonales, fatiga y estrés; y pueden persistir después del tratamiento y afectar las actividades cotidianas y la calidad de vida.
Un nuevo ensayo clínico aleatorizado se diseñó para evaluar si el aumento de la actividad física podía mejorar la salud cognitiva en supervivientes de cáncer de mama. Participaron 253 supervivientes que habían completado el tratamiento activo y presentaban bajos niveles de actividad física y dificultades cognitivas. Las participantes fueron asignadas aleatoriamente a un programa de ejercicio a distancia o a un programa de salud y bienestar que incluía contacto regular con un asesor de salud, pero sin entrenamiento físico.
El grupo de ejercicio utilizó dispositivos de seguimiento de la actividad física y recibió entrenamiento individualizado para ayudar a las participantes a alcanzar 150 minutos de actividad física moderada a vigorosa por semana.
EL EJERCICIO MEJORA LA ATENCIÓN Y LA MEMORIA
El grupo de ejercicio aumentó su actividad física de moderada a vigorosa más que el grupo de salud y bienestar. Si bien ambos grupos mostraron mejoras significativas en todas las medidas cognitivas, los investigadores no encontraron diferencias significativas en los dos resultados principales del estudio: velocidad de procesamiento y cognición autoinformada. Sin embargo, los participantes del grupo de ejercicio mostraron mayores mejoras en la atención a los seis y doce meses.
También mostraron una mayor mejora en la memoria a los seis meses, aunque este beneficio no se mantuvo a los doce meses, lo que significa que el beneficio después de doce meses fue el mismo que el del grupo de salud y bienestar. No hubo diferencias significativas entre los grupos en la función ejecutiva.
"La atención es fundamental para nuestras actividades cotidianas. Nos ayuda a seguir conversaciones, asimilar información y completar tareas sin cometer errores, por lo que las mejoras sostenidas que observamos en este ensayo son particularmente alentadoras", expone Sheri Hartman, doctora, autora principal del estudio, profesora de la Escuela de Salud Pública y Ciencias de la Longevidad Humana Herbert Wertheim de la UC San Diego y miembro del Centro Oncológico Moores.
EL EJERCICIO TAMBIÉN PODRÍA RALENTIZAR EL ENVEJECIMIENTO EPIGENÉTICO
Por otro lado, el estudio complementario analizó una muestra aleatoria de 124 participantes que proporcionaron muestras de sangre al inicio del estudio y en los seguimientos de seis y doce meses. Los investigadores utilizaron relojes epigenéticos para medir su edad epigenética, una estimación de la edad biológica de una persona basada en los patrones de metilación del ADN. Dado que estos relojes miden marcadores biológicos del envejecimiento, la edad epigenética de una persona puede diferir significativamente de su edad cronológica (años vividos).
Utilizando dos relojes epigenéticos, los investigadores descubrieron que los participantes del grupo de ejercicio presentaban tasas de envejecimiento epigenético más lentas durante el estudio de 12 meses que los del grupo de salud y bienestar. Al inicio del estudio, los participantes de ambos grupos tenían edades epigenéticas que, en promedio, eran unos 8,7 años mayores que sus edades cronológicas.
A los 12 meses, los marcadores de envejecimiento epigenético habían cambiado mucho más lentamente en el grupo de ejercicio que en el grupo de salud y bienestar. Este último grupo mostró marcadores de envejecimiento epigenético de casi 10 meses durante el estudio de 12 meses, en comparación con aproximadamente un mes en el grupo de ejercicio.
Los investigadores también descubrieron que, tanto en el grupo de ejercicio como en el de salud y bienestar, un envejecimiento epigenético más rápido se asociaba con una menor mejoría en la atención y un peor rendimiento cognitivo según los propios informes de los participantes. Los resultados sugieren que el ejercicio podría ayudar a mitigar algunos de los efectos cognitivos asociados con el envejecimiento epigenético acelerado.
"Lo más llamativo de estos hallazgos es que los efectos del ejercicio fueron medibles tanto a nivel molecular como en el rendimiento cognitivo", apunta Paula Desplats, profesora de neurología en la Universidad Estatal de Ohio, profesora adjunta de neurociencia en la Facultad de Medicina de la UC San Diego y coautora principal del estudio complementario.
MÁS ACTIVIDAD FÍSICA PARA PROTEGER LA SALUD CEREBRAL
Los cambios que observados en los marcadores del envejecimiento epigenético sugieren que incluso un aumento relativamente moderado de la actividad física puede influir en los procesos biológicos que contribuyen a mantener la salud cerebral. Esto proporciona una pista importante sobre cómo el ejercicio puede ayudar a proteger la función cerebral tras el tratamiento del cáncer.
Los investigadores, que publican ambos estudios en la revista 'Journal of the National Cancer Institute', destacan que se necesitan estudios más amplios para confirmar estos hallazgos, determinar si los cambios en el envejecimiento epigenético contribuyen directamente a los beneficios cognitivos y comprender mejor cómo el ejercicio puede ayudar a mantener las mejoras en la atención y la memoria a lo largo del tiempo.
"En definitiva, queremos comprender no solo si el ejercicio ayuda, sino también quiénes son los que más se benefician, cuánta actividad física se necesita y qué cambios en el cuerpo podrían explicar esos beneficios. Ese conocimiento podría ayudarnos a desarrollar estrategias más específicas para apoyar la salud cognitiva después del tratamiento contra el cáncer", resumen los autores.