La desigualdad de la población gitana, una realidad para su salud

Actualizado 09/02/2017 18:37:18 CET
Niñas gitanas
PIXABAY

MADRID, 9 Feb. (EUROPA PRESS) -

Un equipo de investigación de la Universidad de Alicante ha realizado un estudio nacional sobre el estado de salud, estilos de vida y el acceso a los servicios sanitarios de la comunidad gitana que constata como se mantienen "importantes" desigualdades en este colectivo, que presenta una peor salud que la población general pese a acudir más a menudo al médico.

Así se desprende de la segunda Encuesta Nacional de Salud a Población Gitana (2014), financiada y publicada recientemente por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, realizada a partir de 1.167 adultos pertenecientes a este colectivo.

Los datos recopilados se compararon con los de la población general, a través de la Encuesta Nacional de Salud de 2011-2012, y con la Encuesta Nacional de Salud a Población Gitana realizada en 2006.

De este modo, han visto que cuanto peor es la situación socioeconómica de un grupo social peor es su estado de salud y, de hecho, en España existen importantes desigualdades siendo la población gitana la que ocupa la posición de mayor desventaja.

Así, en los ocho años transcurridos desde la situación observada en 2006, el estudio confirma que el estado de salud de esta comunidad es comparativamente peor que el de los grupos con peor situación socioeconómica en el conjunto de España sobre todo en el estado de salud, la limitación de la actividad habitual, problemas crónicos, salud bucodental y visual.

En concreto, un 65,3 por ciento de los hombres gitanos y un 55,5 por ciento de las mujeres señalan que su estado de salud es bueno o muy bueno, frente a un 77,7 y 70,4 por ciento respectivamente del conjunto de la población de España.

HÁBITOS DE VIDA

Asimismo, la investigación desvela diferencias en los estilos de vida. Como ejemplo, el consumo diario de tabaco declarado en el caso de las mujeres gitanas es inferior que en el conjunto de la población femenina de España (16,7% frente a 21,7%) y superior en los hombres gitanos (54,2% frente a 28,3%).

En el caso de consumo de alcohol declarado en las últimas dos semanas, es inferior en los hombres y mujeres de la población gitana con respecto al conjunto de la población de España, del 50,6 por ciento frente al 64,6 por ciento en hombres y del 19,1 por ciento al 38,9 por ciento en mujeres.

Sin embargo, dentro de los hábitos alimenticios, el consumo diario de fruta fresca es menos frecuente en la población gitana que en la población general: en hombres gitanos del 39,1 por ciento frente al 56,1 por ciento, y en mujeres gitanas del 40,5 por ciento frente al 63,1 por ciento.

MENOS REVISIONES OPTOMÉTRICAS, MÁS USO DE GAFAS

Por otro lado, las desigualdades son mayores en el acceso a aquellos servicios de salud que no están cubiertos por el sistema público, como por ejemplo, el dentista o revisión optométrica, lo que explica que la población gitana presente un menor uso de gafas y lentillas que la población general (33% frente a 53,4% en hombres y 31,3% frente a 63,6% en mujeres).

Respecto al uso de servicios de salud como las visitas de medicina general, independientemente de su sexo o edad, la población gitana asiste a consulta con más frecuencia que el resto de españoles.

En cambio, algunos servicios concretos, y a pesar de la baja respuesta de las encuestadas a esta cuestión, la frecuencia de visitas a ginecología y la realización de mamografías y citologías es menor entre las mujeres gitanas que entre las mujeres de la población general.

Además, esta tendencia se ha visto fortalecida se compara este parámetro con la encuesta de 2006, ya que el número de mujeres gitanas que nunca ha asistido a una consulta ginecológica ha disminuido del 24,4 al 17,3 por ciento.

"Es el momento de poner en marcha políticas nuevas, más efectivas, más equitativas en todos los niveles de la gobernabilidad --local, autonómico, nacional y europeo-- que mejoren el estado de salud de toda la población y reduzcan la brecha de inequidad", según Daniel La Parra, director del Instituto Interuniversitario de Desarrollo Social y Paz que ha coordinado el estudio.