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MADRID, 6 Oct. (EUROPA PRESS) -
Un nuevo modelo desarrollado por científicos interdisciplinarios de la Universidad de Columbia Británica (UBC) en Canadá podría ayudar a los expertos de salud pública a considerar mejor los impactos a largo plazo de las enfermedades infecciosas al determinar las tasas óptimas de cobertura de vacunación.
"Nuestros modelos indican que incluso pequeños costes posteriores a la infección pueden inclinar la balanza y justificar la eliminación de la enfermedad mediante la vacunación", asegura el doctor Chadi Saad-Roy, profesor asistente del departamento de Matemáticas y del Departamento de Microbiología e Inmunología de la UBC y autor principal del nuevo estudio.
La pandemia de Covid-19 puso de manifiesto cómo los efectos de una infección pueden persistir, con más de 400 millones de personas en todo el mundo experimentando síntomas persistentes ("Covid persistente o Long Covid"). Si bien la evidencia de los impactos posteriores a la infección es cada vez mayor, los modelos que evalúan las estrategias de manejo de enfermedades infecciosas generalmente se centran solo en la fase aguda.
Para abordar esta brecha en el presente estudio, los investigadores desarrollaron un sistema de ecuaciones matemáticas para examinar las interacciones entre las intervenciones y los efectos posteriores a la infección. El trabajo se publica en 'Proceedings of the National Academy of Sciences'.
"Desde la perspectiva de la sociedad, producir vacunas tiene un coste, pero reducir las infecciones y los efectos posteriores a la infección ofrece un gran beneficio", plantea Saad-Roy, preguntándose cuál es el punto justo de equilibrio. Para un virus benigno, tal vez no valga la pena vacunar en absoluto. Para otras infecciones, lo mejor podría ser vacunar a suficientes personas para eliminar la enfermedad. O el punto ideal podría estar en algún punto intermedio. "Nuestro modelo puede ayudar a responder esas preguntas".
UN MODELO QUE CALCULA EL COSTE DE LA ENFERMEDAD A LARGO PLAZO
El equipo utilizó primero un modelo epidemiológico que calcula la fracción de individuos susceptibles, infecciosos y recuperados para evaluar intervenciones no farmacológicas que reducen la transmisión (como el uso de mascarillas, el distanciamiento social y la filtración de aire) como complemento de las vacunas.
Descubrieron que, a largo plazo, las intervenciones no farmacológicas redujeron sustancialmente la proporción de personas que se infectaron y luego se recuperaron (y, por lo tanto, eran vulnerables a los efectos posteriores a la infección), lo que sugiere que estas medidas pueden reducir eficazmente la carga de enfermedad a largo plazo.
A continuación, los investigadores combinaron modelos epidemiológicos y económicos para evaluar cómo el costo asociado con los síndromes posteriores a la recuperación afecta el nivel óptimo de cobertura de vacunación.
Para proporcionar una herramienta que pueda identificar este punto óptimo, los investigadores escribieron ecuaciones que tienen en cuenta el costo social de la infección aguda y a largo plazo (por ejemplo, el costo de la hospitalización y la pérdida de fuerza laboral) y el costo de la vacunación en términos de desarrollo, producción, distribución y reclutamiento.
Analizaron tres escenarios diferentes de costes de vacunas a medida que aumenta el número de vacunas administradas: uno en el que el coste se acelera (suponiendo que hay una primera oleada de personas que adoptan la vacuna fácilmente y que se vuelve más difícil vacunar a más personas debido a la reticencia a la vacunación o a barreras logísticas), uno en el que el coste se desacelera (suponiendo que, si bien hay resistencia inicial a la vacunación, la influencia de los pares facilita la vacunación de más personas) y uno en el que el costo se acelera y se desacelera alternativamente.
El equipo descubrió que, en todos los escenarios, la cantidad ideal de cobertura de vacunación era muy sensible a los efectos postagudos y que incluso pequeños costes posteriores a la infección podrían desplazar la cobertura óptima a tasas más altas e incluso a niveles de eliminación.
"Necesitamos abordar esto rigurosamente y no descartar las experiencias individuales como anecdóticas", insiste Saad-Roy. Para monitorizar y documentar de manera más sistemática los efectos posteriores a la infección, los investigadores pueden realizar estudios de cohortes grandes y a largo plazo que encuesten a los participantes sobre una amplia constelación de síntomas.
"Estas estrategias pueden reducir eficazmente la infección aguda, lo que a su vez mitiga la carga posterior a la enfermedad y, en última instancia, conduce a un mundo más saludable", añade.
LA RETICENCIA A VACUNARSE TAMBIÉN CAMBIA EL NIVEL ÓPTIMO
Es fundamental comprender qué escenario de coste de la vacuna, bien aceleración o desaceleración, se presenta en un contexto específico para determinar el nivel óptimo de cobertura. Esto requerirá estudios socioeconómicos que exploren la dinámica de la toma de decisiones sobre la vacunación en un momento y lugar determinados, la cual puede verse influenciada por las campañas de divulgación.
"Si podemos educar a la población sobre los beneficios de la vacunación y reducir la reticencia, esto puede disminuir el costo de la vacunación e inclinar la balanza a favor de la vacunación para eliminar la enfermedad", concluyen los autores.