Publicado 26/10/2021 12:53CET

El Consejo General de Enfermería elabora una guía para monitorizar las superficies con medicamentos peligrosos

Presentación de la 'Guía para la monitorización de superficies con medicamentos peligrosos'.
Presentación de la 'Guía para la monitorización de superficies con medicamentos peligrosos'. - CGE

MADRID, 26 Oct. (EUROPA PRESS) -

Los restos de medicamentos peligrosos en las superficies donde se preparan pueden provocar cáncer en enfermeras, pacientes, familiares y cuidadores, por lo que el Consejo General de Enfermería (CGE), en colaboración con el Instituto Español de Investigación Enfermera, ha elaborado la 'Guía para la monitorización de superficies con medicamentos peligrosos', para mejorar las condiciones de seguridad de los profesionales sanitarios.

Los medicamentos peligrosos son aquellos agentes que contienen algún principio activo cuya toxicidad inherente representa un riesgo para la salud del personal sanitario que va a manipularlo. Tal y como ha advertido el vicepresidente del CGE, José Luis Cobos, uno de los autores de la guía, en Europa hay más de 12,7 millones de profesionales de la salud potencialmente expuestos a estos medicamentos, de los que 7,3 millones son enfermeras y enfermeros.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en 2012 se produjeron más de 106.500 muertes por cáncer atribuidas por exposición a sustancias cancerígenas en el marco laboral, convirtiendo el cáncer ocupacional en la "primera causa de muerte entre los trabajadores europeos". No en vano, para la Agencia Europea de Seguridad y Salud en el Trabajo (EU-OSHA) la medicación peligrosa representa el factor de riesgo químico más importante en sanidad.

Si bien la mayoría de los riesgos laborales han sido cubiertos por la legislación europea y nacional, todavía quedan algunas lagunas como pueden ser las superficies donde se preparan estos medicamentos. "Deberíamos seguir avanzando en normativas específicas, tanto para proteger a los profesionales sanitarios como para profesionales de otras áreas, como el personal de limpieza", ha destacado Cobos, reivindicando el cometido de la guía, ya que intenta garantizar los cuidados adecuados a la vez que proteger el medio ambiente, "ya que se trata de sustancias peligrosas", abunda.

"En general, hablamos de áreas y superficies donde se reciben, transportan, preparan, administran y desechan los medicamentos peligrosos, que corren el riesgo de hallarse contaminados por dichos medicamentos sin ningún control rutinario de la exposición. En algunas ocasiones pueden dar lugar a contacto a través de la piel, no solo en la preparación y administración, sino también, con restos de medicamentos en superficies de trabajo o áreas contaminadas, manipulación de líquidos corporales o ropa de cama, acciones de descontaminación y limpieza de las zonas de preparación y gestión de los residuos", explica Cobos.

Para la elaboración de esta guía se definió un proyecto de investigación dividido en dos fases. "En la primera se creó un grupo de expertos en las áreas de hospitalización de oncología, tanto adulto como pediátrico, hospital de día, hospitalización de medicina interna, así como servicios especiales de cara a identificar los medicamentos peligrosos a monitorizar, además de describir las zonas y la frecuencia de la monitorización para poder desarrollar e implantar un procedimiento para la monitorización cuantitativa de los niveles de contaminación en una segunda fase", detalla una de las autoras de la guía, Guadalupe Fontán, miembro del Instituto Español de Investigación Enfermera.

Entre las conclusiones de la guía, realizada por 13 expertos, destaca que no es posible monitorizar todos los medicamentos peligrosos empleados en los centros, por lo que se deben establecer "fármacos diana". De esta forma, "cada centro sanitario debe evaluar los fármacos más utilizados y escoger aquellos que más utiliza para la monitorización de superficies", explica la coordinadora de la guía, Tamara Domingo, miembro del Instituto Español de Investigación Enfermera.

Por ello, en la guía incluyen una lista de fármacos que, en todo caso, deberían monitorizarse: doxorrubicina, 5-fluorouracilo, metotrexato; además de ganciclovir, tracolimus, micofenolato, Bacillus calmette Guerin(BCG), epirrubicina, doxorrubicina pegilada, paclitaxel, azacitidina, ciclosporina o fenitoína.

"Hablamos de fármacos que son de uso frecuente, que se emplean en quimioterapia, pero también son inmunosupresores, antivirales, antiepilépticos. Hay fármacos que se utilizan con pacientes trasplantados para evitar el rechazo, o incluso en artritis reumatoide o para el tratamiento de embarazos ectópicos", explica Domingo.

ÁMBITO DOMÉSTICO

En la mayoría de los casos, estos fármacos se emplean en ámbitos sanitarios, pero hay que tener en cuenta que también se pueden usar en el ámbito doméstico, en hospitalización domiciliaria, de los pacientes crónicos adultos y pediátricos, de pacientes trasplantados, oncológicos. Por otra parte, cada vez se extienden más los tratamientos intravenosos u orales en el ámbito residencial o sociosanitario y estos ámbitos no implementan habitualmente controles sobre el uso de estos fármacos", detalla la enfermera.

"No olvidemos que estos fármacos que pueden provocar cáncer, mutaciones o afectar a la capacidad reproductiva de quienes los manipulan. Además, se ha demostrado que el riesgo de exposición se produce tanto en la fase de preparación como en la de administración, por lo que se deben establecer procedimientos que aseguren la menor exposición posible en ambas fases", subraya Cobos.

Por ello, en la guía proponen vigilar determinadas zonas con un alto riesgo de contener este tipo de medicamentos peligrosos. "En concreto, hemos convenido que sería preciso vigilar especialmente las salas de enfermería, las de medicamentos, el lugar donde se almacenan, los mostradores y carros de medicación, los teclados y ratones de los ordenadores, los suelos de las áreas de cuidado del paciente y de los baños; pero también las sillas, el teléfono, los tiradores de las puertas o las mesitas y las camas de los pacientes que es donde hemos encontrado que el riesgo de residuos es más alto", detallan las autoras de la guía.

Además, recomiendan llevar a cabo la toma de muestras al finalizar la jornada laboral, antes de llevar a cabo los protocolos de limpieza y/o descontaminaciones habituales y después de los mismos.

Una vez editada la guía, y puesta a disposición de todos los enfermeros interesados de manera gratuita, ya están diseñando un nuevo estudio que demuestre la disminución del riesgo de exposición a estos medicamentos peligrosos con la implantación de las recomendaciones recogidas en el estudio en distintos centros hospitalarios de todo el Estado.

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