Archivo - Imagen de recurso de una persona con síntomas de trastornos de la conducta alimentaria (TCA). - MARHARYTA MARKO/ ISTOCK - Archivo
MADRID 9 Oct. (EUROPA PRESS) -
Un nuevo estudio multicéntrico español ha revelado que una de cada once personas atendidas en urgencias psiquiátricas tras un intento de suicidio presenta un trastorno de la conducta alimentaria (TCA).
El trabajo, publicado en 'Spanish Journal of Psychiatry and Mental Health', ha contado con la participación de investigadores de ocho hospitales públicos universitarios españoles.
Los investigadores analizaron una muestra de 1.441 adultos atendidos en los servicios de urgencias psiquiátricas de ocho hospitales españoles después de haber realizado un intento de suicidio. De ellos, 131, el 9,1 por ciento, tenían un diagnóstico de trastorno de la conducta alimentaria.
Dentro del grupo con TCA, los trastornos caracterizados por atracones y/o conductas de purga representaban el 66,4 por ciento de los casos. Los pacientes con TCA presentaron una mayor gravedad psicopatológica, más síntomas depresivos, una mayor presencia de autolesiones no suicidas, así como más antecedentes de abuso emocional y sexual durante la infancia y un mayor número de intentos de suicidio previos.
Según los autores, uno de los resultados más relevantes del estudio es que las personas con TCA presentaron un número significativamente mayor de conductas suicidas que quienes no tenían un TCA. Sin embargo, la diferencia en la intensidad de la ideación suicida fue pequeña.
Este hallazgo resulta especialmente relevante desde el punto de vista clínico: la frecuencia de las conductas suicidas no siempre se corresponde con la intensidad de los pensamientos suicidas.
El análisis estadístico mostró, además, que la presencia de un TCA con atracones y conductas de purga se asociaba con un mayor número de conductas suicidas. También se relacionaron con este resultado la comorbilidad psiquiátrica, la gravedad psicopatológica, las autolesiones no suicidas y los antecedentes de intentos previos.
EL RIESGO NO PUEDE EVALUARSE SOLO PREGUNTANDO POR LA IDEACIÓN SUICIDA
Para los investigadores, los resultados tienen una importante implicación clínica: la evaluación del riesgo suicida en personas con TCA debe ser multidimensional. Consideran que, además de explorar la presencia y gravedad de la ideación suicida, resulta necesario valorar los intentos previos, las autolesiones no suicidas, la impulsividad, la comorbilidad psiquiátrica y los antecedentes de trauma.
"En los pacientes con TCA no debemos limitar la evaluación del riesgo suicida a preguntar cuánto desean morir. Es fundamental conocer su historia de intentos previos, las autolesiones, la comorbilidad y las experiencias traumáticas. Una evaluación más completa nos permite identificar mejor a las personas con mayor vulnerabilidad y orientar el tratamiento", ha explicado Marina Díaz, psiquiatra y jefa de Servicio de la Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria del Hospital Clínico San Carlos de Madrid y presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental (SEPSM).
Los trastornos de la conducta alimentaria constituyen un grupo de patologías complejas en las que confluyen factores psicológicos, biológicos, sociales y psiquiátricos. El nuevo trabajo refuerza la necesidad de abordar la conducta suicida desde una perspectiva integral y de desarrollar intervenciones específicas para las personas con TCA que presentan factores de riesgo.
Los autores señalan, no obstante, que se trata de un estudio de diseño transversal, por lo que no permite establecer relaciones causales entre el TCA y la conducta suicida. También consideran necesarios estudios longitudinales que permitan comprender mejor cómo interactúan los distintos factores de riesgo.