Publicado 21/04/2021 11:16CET

3 de cada 4 adolescentes con dolor crónico seguirán padeciéndolo de adultos si no se tratan

Archivo - Cefalea, migraña, dolor de cabeza.
Archivo - Cefalea, migraña, dolor de cabeza. - GETTY IMAGES/ISTOCKPHOTO / ANTONIOGUILLEM

MADRID, 21 Abr. (EUROPA PRESS) -

Entre la mitad y tres cuartos de los adolescentes con dolor crónico se convertirán en adultos con dolor crónico si no se tratan, según ha advertido el director del Centro interdisciplinar de dolor complejo pediátrico 'Familia Edwards' del Montreal Children's Hospital de Canadá, el doctor Pablo Ingelmo, durante la 5ª Jornada Nacional sobre Dolor Infantil, organizada por la Fundación Grünenthal.

Así, según el experto, el dolor infantil se divide en agudo (postoperatorio, o postraumático, asociado a un evento agudo) y en dolor crónico o recurrente, que es aquel que dura más de tres meses. Sobre este último ha aclarado que, según su etiología, el dolor crónico puede ser primario o secundario.

"Los dolores primarios en general no tienen una causa bien definida y son más difíciles de tratar; algunos de ellos son el dolor abdominal funcional, las cefaleas, la fibromialgia o los dolores musculares de origen idiopático", ha detallado. "El dolor crónico secundario se asocia a una enfermedad (cáncer, artritis, neuropatía toxica, entre otras) y su tratamiento incluye la prevención y el tratamiento de la enfermedad y de sus consecuencias", ha añadido.

Es por ello que el experto ha incidido en la importancia de formar pediatras y médicos de familia para que reconozcan, prevengan y traten los casos más simples de dolor infantil, reservando la derivación para casos más complejos.

"En general, los equipos dedicados al dolor crónico infantil incluyen pediatras, anestesistas, neurólogos, oncólogos, especialistas en cuidados paliativos y médicos de familia como líderes de equipo. Los equipos multidisciplinares también incluyen farmacólogos, enfermeras, fisioterapeutas, psicólogos, trabajadores sociales, maestros y profesionales de las terapias ocupacionales complementarias", explica el doctor Ingelmo, quien precisa que todo el equipo de salud está en contacto diario con el dolor crónico infantil de una u otra manera, "aunque no lo sepa".

El especialista, que ha centrado su ponencia en los avances en el tratamiento del dolor crónico postquirúrgico infantil, ha asegurado que esta es "la complicación más frecuente en muchas especialidades quirúrgicas de niños y adolescentes". En concreto, ha señalado que la prevalencia del dolor entre seis y doce meses después de la cirugía es "entre 10 y 20 por ciento entre los pacientes pediátricos", y en aproximadamente la mitad de los casos este dolor afecta negativamente a la salud de los pacientes.

A la hora de combatir este problema en los menores, el especialista ha destacado que el paso más importante ha sido el reciente reconocimiento del dolor crónico postquirúrgico como una entidad clínica. "Fue incluido recientemente en 2019 como parte de la Clasificación Internacional de Enfermedades, como resultado de una colaboración entre la Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) y la Organización Mundial de la Salud (OMS)", ha explicado.

De este reconocimiento se ha derivado, según ha proseguido, una mejora en la prevención, al poderse detectar los pacientes de riesgo y establecer programas de diagnóstico temprano para prevenir la invalidez asociada al dolor. "Asimismo, gracias a ello, se han generado nuevos modelos de investigación básica, traslacional y clínica para dar soluciones a los pacientes", ha concluido.

ENTRE EL 20 Y EL 35% DE LA POBLACIÓN INFANTIL O ADOLESCENTE PADECE DOLOR CRÓNICO

En el caso concreto del dolor infantil postquirúrgico, el doctor Ingelmo habla de que el primer paso debe ser reconocer que es un problema muy frecuente y serio. "La incidencia de dolor crónico pediátrico en España y en el mundo desarrollado varía entre el 20 y el 35 por ciento en niños y adolescentes", ha señalado.

"Las consecuencias a largo plazo de sufrir dolor crónico en la infancia y la adolescencia incluyen discapacidad funcional, calidad de vida, aislamiento social, deterioro académico definido por ausencias frecuentes a la escuela y disminución del éxito académico, deterioro del rendimiento deportivo, y resultados psicológicos adversos, como depresión significativa, ansiedad y alteraciones del sueño", ha detallado el especialista, quien ha incidido en la idea del alto coste que tienen para la sociedad las futuras discapacidades que se generen de estas situaciones.