Archivo - Atleta tomando un baño de hielo para la recuperación muscular tras el entrenamiento. - IVAN RODRIGUEZ ALBA/ISTOCK - Archivo
MADRID, 24 Oct. (EUROPA PRESS) -
La inmersión en agua fría es una estrategia popular de recuperación después del entrenamiento, pero nuevas investigaciones sugieren que puede que no ofrezca mayores beneficios para la recuperación de la fuerza muscular que los métodos basados en el calor.
Un nuevo estudio internacional, publicado en el 'Journal of Thermal Biology', investigó cómo las diferentes estrategias de recuperación térmica afectan la recuperación muscular tras el daño muscular inducido por el ejercicio.
Investigadores de Reino Unido, Francia, Países Bajos y Emiratos Árabes Unidos, dirigidos por la Universidad del Este de Londres descubrieron que, si bien las intervenciones basadas en el calor alteraron varios marcadores fisiológicos asociados con el estrés celular y la reparación muscular, ni el calor ni el frío dieron como resultado una recuperación superior de la fuerza muscular durante un período de 72 horas.
En la investigación participaron 40 adultos sanos y físicamente activos que completaron un protocolo de ejercicio intensivo diseñado para inducir daño muscular temporal y dolor muscular de aparición tardía.
Los participantes fueron asignados aleatoriamente a una de cuatro estrategias de recuperación: 30 minutos de inmersión en agua caliente a 42 °C; 15 minutos de inmersión en agua fría a 9 °C; 30 minutos de exposición al aire caliente a 30 °C o recuperación pasiva a temperatura ambiente.
Posteriormente, los investigadores monitorizaron los cambios en la fuerza muscular, el dolor muscular y una serie de marcadores moleculares asociados con el daño muscular y la inflamación durante las siguientes 72 horas.
Inmediatamente después del ejercicio, la fuerza muscular disminuyó aproximadamente un 36 % en todos los grupos. Si bien la fuerza se recuperó gradualmente durante el período de seguimiento, no se observaron diferencias estadísticamente significativas entre las cuatro estrategias de recuperación.
Sin embargo, los distintos métodos de recuperación produjeron respuestas fisiológicas diferentes. Los participantes que recibieron tratamientos térmicos mostraron una mayor expresión de la proteína de choque térmico 72 (HSP72), una proteína de estrés celular asociada con procesos protectores y de reparación muscular.
Además, las concentraciones de creatina quinasa-MM (CK-MM), un marcador comúnmente asociado con el daño muscular, volvieron a los niveles basales más rápidamente en los grupos de recuperación con calor que en el grupo de inmersión en agua fría.
Estos hallazgos sugieren que las estrategias de recuperación basadas en el calor pueden influir en algunos de los procesos biológicos implicados en la recuperación tras un ejercicio que provoca daño muscular. Sin embargo, estos cambios fisiológicos no se tradujeron en mejoras significativamente mayores en la fuerza muscular ni en una reducción del dolor durante el período de recuperación de 72 horas.
La doctora Freya Bayne, profesora de Ciencias del Deporte y el Ejercicio en la Universidad del Este de Londres y autora principal del estudio, señala que "la inmersión en agua fría sigue siendo una de las estrategias de recuperación más populares entre atletas y personas que practican ejercicio de forma recreativa. Nuestros hallazgos sugieren que los métodos de recuperación basados en el calor producen diferentes respuestas fisiológicas tras un ejercicio intenso, especialmente en relación con los marcadores asociados a la protección celular y la reparación muscular", resalta.
"Observamos un aumento en la expresión de proteínas de choque térmico y un retorno más rápido a los niveles basales de algunos marcadores asociados con el daño muscular en condiciones de calor --prosigue--. Sin embargo, es importante reconocer que estas respuestas no resultaron en una recuperación significativamente mayor de la fuerza muscular ni en niveles más bajos de dolor durante las siguientes 72 horas".
Estos resultados ponen de manifiesto la complejidad de la recuperación y sugieren que los cambios a nivel fisiológico no se traducen necesariamente en mejoras inmediatas en la recuperación funcional. Por ello, los investigadores consideran que se necesita más investigación para comprender si la exposición repetida a estrategias de recuperación basadas en el calor podría producir beneficios a largo plazo.